Él

Décima quinta parte (final)

Sussy se volteó y jaló la jeringa, sintiendo un dolor intenso. Que la dejó tirada en el suelo, quejándose.

Connor aprovechó para darle una patada en la espalda y lograr tirarla. Ella solo se quejó.

—No quería depurarte, solo era una orden que pensaba evadir escapándome contigo, pero por lo visto, es demasiado tarde. Eres un peligro. Al parecer por primera vez no has sido débil, debe ser por la misma razón.

El dolor se ponía peor, entumiéndole la pierna por completo.

—¡Mentiras! —se arrastró, intentando levantarse, a su vez, recibió otra patada muy fuerte.

—¿Por qué habría de mentirle a alguien que está a punto de morir? —se acercó, sonriéndole con malicia, como nunca lo había hecho. La demencia parecía estar presente en otra persona.

—Eres un maldito...

—¿Sabes? Nunca pensé encariñarme con una persona tan enferma. Pero, así son las cosas. Así que, me encargaré de que mueras rápidamente —la interrumpió, callándola con la mano, la que luego dirigió a su barbilla, acariciándola. —Alégrate, te verás con tus padres muy pronto.

—¡El enfermo aquí eres tú! —tomó la jeringa y se la clavó con toda la fuerza que tenía hecha coraje, en el costado del pie, notando que lo atravesó.

Connor se quejó tan fuerte que aturdió a Sussana.

—Perra. ¡Ahora me alegro de haberte mentido todo este tiempo! —dijo, tratándose de quitar la jeringa.

—Lo tengo claro —se levantó, apoyándose del barandal.

Ambos estaban heridos, pero dispuestos a todo por acabar con el otro. Por su bien, por su vida.

—Al principio, no tuve elección cuando mis superiores te escogieron para ser la siguiente por tu debilidad, y me mantuve temeroso y silencioso, pero ahora, hasta tengo la confianza de gritarlo. ¡Solo fuiste una miserable rata puesta a prueba! —logró quitársela, aventándola a lo lejos. —Lo de tus padres también fue planeado —sonrió acercándose a ella.

Sussana abrió los ojos, estupefacta, mirándolo con los ojos brillantes segundos antes de meterle un puñetazo en el rostro que le hizo tumbarlo de lado y a ella, caerse.

—Tu error fue confiar demasiado y no actuar con sutileza —murmuró.

—El error fuiste tú. No superaste todas las pruebas y terminarás muerta. Habrías sido un tesoro para el mundo químico, pero terminaste igual que los otros intentos. Degenerado y depurado —se acercó, aventándola contra el barandal, con tanta fuerza que al golpearse la cabeza la hizo sangrar. Cosa que aprovechó Sussana para quejarse fuertemente y hacerse la inconsciente, dejando caer todo el peso de su cuerpo. Una táctica maestra del mundo animal que si se aplicaba correctamente, funcionaba en el nuestro.

Connor sonrió. Su sonrisa macabra parecía más monstruosa que la de la misma criatura. La criatura era el conjunto de todas las víctimas juntas que habían sido destinadas a lo mismo que Sussana, con la excepción de que esta vez no sería igual y por lo cual la misma, había creado el plan perfecto para evitarlo. Saliendo todo a la perfección, sin incluir la actuación tan realista de Sussana, que había obligado a la criatura a aparecer. A defenderla.

Un fuerte rugido resonó en toda la habitación, dejando helado al mismo colaborador la creación. Su creación maestra que ahora le temía. Había acabado con tantas vidas humanas sin pena, que su sensibilidad parecía carecer, para su suerte, apareció al estar frente a frente con la criatura.

La criatura sonrió al verlo así.

—Las consecuencias eran más ajenas de lo que pensabas —habló con su voz pesada y turbia. —No pensé que todo acabaría así, aunque sí lo deseaba, amor —la voz cambió a la de su ex esposa, Rose, que es irreconocible, antes de ambientar la situación con una risa que lo dejó en shock.

—No caeré en tu juego. Fuiste y serás una de las víctimas más —agarró un cristal en acto rápido y se dispuso a atacar, alejándose hacia dentro. Una mala jugada lo hizo fallar antes de intentarlo, al ser cubierto de llamas, haciendo que se quejara a tal grado de tirarse, gritando.

—Eso es lo que deberías recordarte a ti mismo —la voz inquietante volvió, siguiendo con una risa más fuerte.

Sussana al ver eso, sonrió aliviada, entendiendo todo, comprendiéndolo frente a sus ojos. Todas las víctimas habían vuelto para hacer justicia. El temor de sus pesadillas. El manejante de sus recuerdos. El conjunto perfecto. El experimento fallido. "El monstruo" causante de todo lo que había pasado. Él.

La sangre siguió, acechándola. La tranquilidad la llenó cuando un sueño profundo la invadió, parpadeando, viendo como último el amanecer acercándose frente a una escena que juraría que no olvidaría.

F I N

Nos vemos en el laberinto de las dudas...




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