Espejismo está frente a un pequeño cubo de piedra; a su alrededor, el lugar está en las más profundas tinieblas, un páramo de piedra sin estrellas, ni luna, ni sol. A una corta distancia, un abismo profundo que se hunde en la piedra.
El puño se mueve en una trayectoria recta, golpeando la pared del cubo con fuerza aterradora. El muro se agrieta; los trozos vuelan por el aire con gran fuerza, cayendo con un pequeño chasquido.
—¡Ruleta! ¡Sal a pelear, maldito!
—No tienes que gritar. Ya se apagó la transmisión.
Con esas palabras, Espejismo se calma.
—¿Se lo han creído?
—¡Sí! ¡Ya estoy por los trescientos!
Se dan un abrazo entre carcajadas.
—Ja, ja, ja, ja. ¿Quién diría que nuestra familia es tan ingenua? Unas palabras enojadas bastaron, y se lo creyeron todo.
Mientras ellos ríen, se escuchan aplausos. Aplausos lentos, con ritmo constante, casi frío. Las risas se detienen.
—Bravo, bravo. Verdaderamente no lo vi venir.
Los pies de Ruleta se tensan al ver la figura de la mujer; sus labios se secan y traga saliva. La mujer en cuestión es una anciana de pelo largo canoso; viste pieles de bestia que cubren su cuerpo, sus ojos tienen la marca de la edad, se apoya en una lanza de madera rojiza y una punta de sílex.
—¡Tía Vida! ¿Qué haces por este sitio tan oscuro?
—¿Yo? Nada. Solo venía a ayudar a un sobrino que hizo algo estúpido. ¿Pero sabes qué? Tengo una idea mejor.
—Tía, fue idea de él.
Las palabras de Ruleta ni siquiera necesitan un segundo para entender que son mentiras.
—¿Ah, sí? ¿Y quién tomó la decisión?
De detrás de Vida surgen drones grabando.
—Tranquilo, Ruleta; con la paliza que te daré, tus televidentes subirán mucho.
Ruleta no tarda en voltearse y echar a correr; corre como si lo persiguiera una bestia aterradora, en lugar de una anciana. Pero de todos modos lo atraparían si no fuera porque, en el camino de Vida, se interpone Espejismo; en sus manos, el Mjolnir gira en preparación para el combate.
—No, tía; búscate a un oponente de tu tamaño.
La punta de sílex se encuentra con Mjolnir de frente. El choque es brutal, pero el sílex se impone al Mjolnir: una grieta en el martillo. La punta se dispone a probar la sangre, pero el hombre logra esquivar por un milímetro el filo de sílex.
—¿Se supone que tú estás a mi altura?
Los pies de Espejismo saltan hacia atrás, poniendo distancia entre ambos. La anciana lo permite con una sonrisa.
—Sabes que no escaparás.
Espejismo mira hacia atrás en busca de Ruleta, pero lo lamenta enseguida. Solo fue un instante, pero fue suficiente para dos cosas: uno, ver cómo del abismo oscuro empieza a salir una criatura de sombra pura. Una criatura que él reconoce: «¿Tío Paz?». Pero antes de tener otro pensamiento, siente la punta de sílex a punto de cortarle el cuello.
Justo antes del ataque aparece el escudo del Capitán América; el sílex y el metal se encuentran de frente. El metal es dividido casi sin esfuerzo, pero el sacrificio del escudo, que cae partido en dos, logra darle tiempo a Espejismo de desviar el daño al hombro.
—¡Ja! Eso fue por la espalda; es contra las reglas deportivas o algo.
Con una carcajada, la anciana retrocede, dándole tiempo para recuperar el aliento.
—Niño, cuando peleas contra mí, no hay reglas.
En la mano de Espejismo se empieza a formar una esfera.
—Siendo ese el caso, espero que no te moleste que pida ayuda.
La esfera se expande, pero la anciana no parece inquieta. El espacio exterior se despliega en el mundo ficticio de Espejismo.
—Cuando peleas contra mí, no peleas contra uno; peleas contra el peso de toda la imaginación colectiva. Ahora, ¡Vengadores, a mí! ¡Ha llegado el Ragnarok, guerreros del Valhalla! ¡Guerreros de Warhammer, por el Emperador!
Ante la anciana se despliegan cientos de fantasías humanas, cada una, mundos en sí mismos.
—No está mal. Pero la realidad siempre supera la ficción. Conoce el peso del ingenio humano. Porque cuando te enfrentas a mí, te enfrentas a todos los inventos de mis hijos.
Detrás de la anciana se alza un planeta tecnológico, un planeta completo de la más alta tecnología. La batalla galáctica da comienzo.
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Mientras la pelea de la fantasía y la ciencia se desarrolla, otra pelea tiene lugar: la criatura de sílex se condensa en un anciano moribundo que trata de mantenerse de pie sin apoyo. Ante esta figura moribunda, se detiene Ruleta.
—Hola, tío. Hoy sí te has dado prisa.
—Claro; después de todo, esa tonta de tu tía está transmitiendo esto en vivo. Si quiero pelear contigo, no puedo darme el lujo de esperar. ¿No vas a correr? ¿Acaso esta vez sí tienes algo interesante?
La sonrisa de Ruleta regresa; se pone en posición para pelear, mientras dos alas negras salen de su espalda. La oscuridad empieza a arremolinarse a su alrededor.
—No, tío. No pienso huir. Te prometí que te mataría; hoy es un excelente día para cumplirlo.
—Jajajajajaja. Esos dioses... todas las veces, y siempre te mato yo a ti.
La batalla da comienzo cuando un portal aparece. No hay más tiempo para charlar; ahora hablan las espadas.
La oscuridad se arremolina en las manos de Ruleta y se desata en un poderoso Kamehameha; pero, en lugar de un rayo de luz, se desata un poderoso rayo de pura oscuridad a quemarropa contra el anciano.
El anciano sonríe y, con un ademán, su sombra se alza en una pared de sombras inquebrantable que es golpeada por la oscuridad. Al principio parece que las sombras pueden resistir, pero rápidamente son devoradas por la oscuridad. Pero para cuando las sombras son devoradas, el anciano ya ha esquivado.
—No está mal, pero si no supiera lidiar con la oscuridad, estaría muerto hace tiempo.
Del portal sale un niño, incluso más pequeño que Ruleta, de pelo plateado. Junto a él, una mujer de cabellos blancos y ojos de luna.
—Ah, el joven dios del fuego está presente. Bien, te dejaré ver la grandeza de tu anterior vida.
El anciano es envuelto en un capullo de oscuridad, pero su sonrisa se mantiene. Antes de que la oscuridad lo toque, de él nace un poderoso resplandor que destruye la oscuridad.
Del capullo de oscuridad nace una estrella blanca que emite el resplandor del mismo sol. Cuando los ojos de Ruleta logran ver a través de la radiante luz, puede ver a una mujer, una joven mujer de pelo plateado. Su cuerpo es de una belleza inigualable, de una belleza que es un arma mortal en sí misma. Cuando sonríe, nadie permanece indiferente. Incluso el corazón preparado de Ruleta no puede evitar acelerar el pulso ante tal belleza: «Y papá se queja de ser violado por semejante belleza. ¡Yo pagaría por eso!».
—Eso no te salvará.
En las manos de Ruleta nace una niebla que permanece indiferente ante el resplandor. La mujer arquea una ceja, completamente estupefacta.
—Lo único capaz de permanecer indiferente ante el resplandor de Berenice es la nada misma.
La niebla se lanza como maremoto contra la mujer radiante; la niebla avanza serpenteante, indiferente al calor del fuego blanco. Desde fuera, el Rey Demonio, que acaba de llegar, mira la pelea y suelta un chiflido.
—¡Ese es mi hijo!
La mujer lo mira y hace un pequeño gesto de mandarle un beso. Con eso, vuelve a mirar a Ruleta y se lanza contra la niebla envuelta en sus llamas. Ruleta sonríe.
—Ja, tuve desde el principio de la creación para pensar cómo matarte. ¿Y crees que esto no se me ocurrió?
La nada hecha niebla envuelve las llamas, pero de poco sirve cuando el puño de la mujer golpea el peto de la armadura. Ruleta siente cómo sus costillas se fracturan con el impacto y la respiración se le agita. Su contraataque llega enseguida: brutal, despiadado, inútil. La espada se acerca al cuello de la mujer en un arco mortal. O casi: por un solo pelo, pero la mujer logra esquivar el corte con una elegancia sobrehumana. Sin piedad alguna, le da tres golpes cortos al peto de la armadura. Es entonces cuando Ruleta sonríe.
—Veamos cómo te va contra esto.
Las sombras se levantan, obedientes a Ruleta; la oscuridad se arremolina sobre la niebla, a la espera del llamado de su maestro.
—Jajajajaja. ¿Qué pasa, tío? ¿No tienes truco o algún comentario inteligente?
La mujer no muestra sorpresa por las palabras de Ruleta; no tiene mente para eso. No cuando las sombras se convierten en cuchillas listas para cortarla. Es una trampa ingeniosa: la niebla neutraliza las llamas, pero no las sombras. Si la Muerte cambiara de nuevo a su forma de anciano para pelear entre la niebla, Ruleta pelearía con la oscuridad y el resultado sería el mismo.
La mujer se lanza contra Ruleta, pero justo antes de que las sombras la corten, se convierte en el anciano. Las sombras se detienen. El anciano piensa: «Bien jugado, pero a esta distancia, para cuando cambies la niebla por oscuridad, estarás derrotado». Las sombras ahora del viejo se lanzan contra Ruleta, pero la sonrisa amplia de Ruleta crece. De entre las grietas de su armadura de piedra surge la oscuridad, envolviendo como un manto, un manto que se come las sombras, un manto que se desgasta con la niebla, pero da igual ese desgaste, porque la victoria ya está cerrada. El manto de oscuridad cae, la oscuridad se forma en cuchillas. El anciano, con su cuerpo envejecido, no podría esquivar eso. Su último pensamiento: «Si fuera un poco más joven». Las cuchillas caen como la muerte.
Ruleta sonríe al ver al anciano morir. Mirando hacia un lado, logra ver a Espejismo arrastrado por el pelo. La tía parpadea.
—¿Ese cobarde al fin está muerto?
—¡Sí! ¡Y yo lo hice!
—Felicidades, pero deberías empezar a correr.
La sonrisa infantil de Ruleta se rompe; parpadea sin entender.
—¿Por qué?
—Porque todavía te pienso dar una paliza.
La anciana Vida mira a las gradas; nadie le pone peros. Vuelve a mirar a Ruleta.
—Muy bien. ¿Dónde me había quedado?
Ruleta se planta frente a ella, listo para pelear.
—Si voy a perder, perderé luchando.
Los labios de la tía se alzan en una sonrisa burlona. De entre el público de dioses sale un lobo negro; en su cuello lleva un collar rosa que dice «Croqueta».
Ruleta mira al lobo acercarse y traga saliva, mirando entre la tía y el lobo.
—¡Esto es trampa! ¡Se supone que es uno contra uno!
—¿No me escuchaste la otra vez? Contra mí, no hay reglas.
Sin más, se lanza contra Ruleta; el lobo, del otro lado. Ruleta queda flanqueado. Los tres se meten en una maraña de patadas, golpes y garras, en una pelea de perros, mientras ruedan por el fango. Tras una pelea más vergonzosa que épica, la anciana se levanta del fango con Ruleta inconsciente en una mano y Espejismo en la otra.
En la transmisión: espectadores, 367.