El Blog de un Demonio

Epílogo

La música se escucha en toda la pequeña sala; una música lenta, triste, la de un funeral. Las conversaciones no parecen verse afectadas por el ambiente del lugar. Los dioses presentes, a pesar de hablar con calma y tranquilidad, visten de negro para el funeral.

El ataúd se expone en el centro de la sala; dentro, el cuerpo del anciano tío Paz.

Ruleta parece el más afectado por la muerte del tío, no por estar triste, sino porque en sus brazos carga a una bebé que no deja de llorar. Tiene la cara de alguien que viene a un funeral.

—Ya, ya, no llores, tía.

La niña no le hace mucho caso a sus intentos de calmarla. Sus llantos perturban toda la sala. Espejismo se acerca a Ruleta, pero al ver a la bebé parpadea una, dos veces.

—¡Hermanito! ¡Al fin embarazaste a alguien! Y yo que pensé que serías el último en tener descendencia. Bueno, le ganaste a Araña. No es mucho logro, pero es algo —no puede contener la risa.

—Ja, ja. Muy gracioso. No. Esta es la tía Secretos. Yo no tuve nada que ver con su nacimiento. El tío Paz me dejó en su testamento la responsabilidad de cuidarla en su próxima vida. No embaracé a nadie.

Espejismo se ríe más fuerte.

—Qué viejo más rencoroso. Te dio todos los problemas de la paternidad sin ninguno de los beneficios. ¿Ya sabe cambiar de forma o es humana?

—Ya sabe. Toma una forma similar a quien la carga... O una de las anteriores si no le caes bien... Es una niña lista.

Mientras Espejismo ríe, Ruleta no quita su cara de funeral, lo que solo hace reír más a Espejismo. Finalmente, cuando deja de reír:

—¿Todavía planeas matarla?

—Sí. Pero esperaré a que pueda defenderse. El tío me dio un trabajo, y no pienso hacerlo mal a propósito.

—Bueno, en ese caso, mejor ve buscando pareja. Los niños necesitan mucho trabajo, y si quieres mantener una vida social, poder dividir la carga de trabajo será indispensable. También está el papel importante de las madres en la crianza.

Ruleta escucha, y cuanto más escucha, más se le cambia la cara, evolucionando hacia la cara de un hombre que asiste a su propio funeral.

Mira el ataúd con el cuerpo del tío, y podría jurar que escucha su risa burlona desde más allá de la tumba.




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