El Bosque De Los Mil Susurros

Capítulo 2: La elección

A la mañana siguiente, Leo se despertó con la frase del mapa dando vueltas en su cabeza:

«Cuando el bosque susurre tu nombre, no respondas.»

No se la había contado a nadie. Ni siquiera a Sofía, Clara o Tomás. Todavía no sabía qué significaba, y prefería esperar hasta que estuvieran todos juntos.

Cuando salió de su casa, encontró a sus amigos en la esquina. Sofía tenía cara de sueño; Clara miraba hacia el bosque, y Tomás llevaba las manos en los bolsillos.

—¿Vieron el aviso? —preguntó Tomás.

—¿Qué aviso? —dijo Leo.

Tomás señaló el cartel pegado en la pared de la plaza. Anunciaba que esa tarde habría una reunión en la ciudad para elegir al nuevo presidente.

—Mi mamá dice que va a ir todo el mundo —contó Clara—. Los candidatos van a explicar qué quieren hacer.

—Entonces tenemos que ir —dijo Sofía—. No podemos perdernos una elección.

A Leo no le entusiasmaba mucho la idea. La reunión no tenía nada que ver con el mapa ni con los susurros del bosque. Pero sus amigos ya estaban caminando hacia la plaza, así que fue con ellos.

Al llegar la tarde, la ciudad estaba llena de gente. Habían puesto varias sillas frente a un escenario pequeño. En una mesa, al costado, descansaba una caja de madera con una ranura en la parte de arriba.

—Esa debe ser la urna —dijo Tomás—. Ahí van a poner los votos.

Los cuatro se sentaron cerca del frente. En el escenario había dos candidatos: el señor Ramiro, que quería construir más caminos y negocios, y la señora Elena, que prometía cuidar los espacios verdes de la ciudad.

Primero habló Ramiro. Dijo que la ciudad necesitaba crecer y tener más lugares para trabajar. Algunas personas aplaudieron.

Después habló Elena. Propuso arreglar la plaza, cuidar los árboles y escuchar más a los vecinos. También recibió aplausos.

—Los dos quieren cosas distintas —susurró Clara.

—Por eso es una elección —contestó Sofía.

Cuando terminaron los discursos, la gente empezó a votar. De a uno, se acercaban a la mesa, marcaban su papeleta y la dejaban caer dentro de la urna. Leo miró la caja mientras los votos se acumulaban. Por un momento, recordó el mapa que tenía guardado. Se preguntó si los símbolos también significarían algo para la ciudad, pero enseguida apartó esa idea.

Al fin, la urna quedó llena. Una mujer de la organización subió al escenario y la puso sobre la mesa.

—Vamos a contar los votos —anunció.

La gente se quedó en silencio. Leo se inclinó hacia adelante. Sofía y Clara también miraban la mesa. Tomás, en cambio, observaba las luces del techo, que parpadeaban de vez en cuando.

La mujer abrió la urna y empezó a sacar las papeletas. Las iba separando en dos montones. Cada tanto, decía un nombre en voz alta.

—Ramiro.

—Elena.

—Elena.

Los montones parecían casi iguales. La gente empezó a murmurar.

De pronto, todas las luces se apagaron.

Alguien gritó. Se oyeron sillas arrastrándose y pasos apurados. Leo sintió que Sofía le agarraba el brazo.

—¿Qué pasó? —susurró ella.

Nadie respondió.

Unos segundos después, las luces volvieron a encenderse. La mujer seguía junto a la mesa, pero ya no estaba contando los votos. Miraba fijamente una hoja que había aparecido encima de la urna.

La hoja no estaba allí antes.

La mujer la tomó con cuidado y leyó en voz alta:

—El bosque ya eligió.

La gente empezó a hablar al mismo tiempo. Leo se quedó helado. Él conocía esa letra.

Era igual a la del mapa.



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En el texto hay: aventura fantasía misterio

Editado: 23.10.2026

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