El Bosque De Los Mil Susurros

# Capítulo 3: Los candidatos

La organización decidió ignorar el papel. Aunque Leo y sus amigos seguían pensando en la nota, los organizadores la guardaron y pidieron a todos que prestaran atención.

—Hoy conoceremos a los candidatos para alcalde —anunció Mateo Rivas—. Cada uno podrá explicar por qué quiere ocupar ese puesto y qué propone para la ciudad.

El primero en subir al escenario fue Bruno Salvatierra, un constructor de hombros anchos y voz fuerte.

—Deberían elegirme porque sé cómo arreglar las cosas —dijo—. Hay caminos rotos y casas que necesitan reparaciones. Si soy alcalde, empezaré por ahí. No prometo hablar bonito: prometo trabajar.

Algunos vecinos aplaudieron. Bruno bajó y subió Damián Ortega, el guardia. Llevaba los brazos cruzados y una expresión seria.

—La ciudad necesita sentirse segura —dijo—. Yo conozco sus calles y sé cómo protegerlas. Si me eligen, habrá reglas claras y nadie podrá poner en peligro a los demás.

Después se presentó Rosa Méndez, la cocinera. Sonrió al público antes de hablar.

—Un alcalde también tiene que escuchar. Yo paso el día hablando con la gente, y sé que muchos tienen problemas que nadie conoce. Quiero que todos puedan acercarse y ser escuchados.

La doctora Inés Vidal habló de cuidar a los enfermos y de no dejar a nadie atrás. Tomás Ferrer, el recolector de agua, prometió proteger los pozos y buscar nuevas fuentes. Elena Cruz, la agricultora, dijo que la ciudad necesitaba alimentos y que había que cuidar los cultivos. Clara Solís explicó que el orden y la limpieza también ayudaban a vivir mejor. Nicolás Vera, el mensajero, prometió llevar los avisos rápido y sin cambiar lo que decían. Por último, Sofía Luna habló de la importancia de registrar a todos con cuidado y tratar a cada habitante con justicia.

Leo miró a sus amigos mientras los candidatos terminaban. Todos habían dicho algo distinto. Algunos parecían nerviosos; otros, demasiado seguros.

Cuando Bruno volvió a subir para contestar una pregunta, Damián lo interrumpió.

—Es fácil prometer arreglar caminos —dijo—. Pero no explicaste cómo vas a proteger a los trabajadores.

—Y tú solo hablas de guardias —respondió Bruno—. ¡La gente también necesita casas y caminos!

—¡Al menos yo pienso en la seguridad!

—¡Y yo pienso en lo que hace falta!

La discusión se convirtió en gritos. Bruno avanzó hacia Damián y lo empujó. Damián le devolvió el empujón. Los vecinos se apartaron, pero nadie se metió.

Leo y sus amigos corrieron hacia ellos. Tomás sujetó a Damián por los brazos. Leo y Clara se pusieron delante de Bruno, mientras Sofía les pidió a los dos que se calmaran.

—¡No van a resolver nada peleándose! —dijo Leo.

Bruno intentó pasar, pero Clara lo detuvo. Damián dejó de forcejear y respiró hondo. Poco a poco, los dos se separaron.

—Tienen razón —dijo Rosa desde el escenario—. Si quieren ayudar a la ciudad, empiecen por escucharse.

Bruno bajó la mirada. Damián se acomodó la chaqueta.

—Lo siento —murmuró Bruno.

—Yo también —dijo Damián.

Mateo se acercó a los cuatro amigos y les agradeció por intervenir. Después pidió a los candidatos que terminaran sus presentaciones con calma.

Cuando todos hablaron, Mateo anunció que ya había tomado una decisión. **Elena Cruz sería la nueva alcaldesa**. Explicó que la había elegido por ser responsable, observadora y capaz de escuchar a los demás.

Elena subió al escenario. Se la veía sorprendida, pero habló con firmeza:

—Gracias por confiar en mí. No puedo prometer que todo será fácil, pero sí que voy a escuchar a los vecinos y trabajar con ellos. La ciudad no se construye con una sola persona. Se construye entre todos.

La gente aplaudió. Leo notó que algunos candidatos también sonreían, aunque Bruno todavía parecía avergonzado por la pelea.

Entonces Mateo anunció que **al día siguiente comenzaría un censo**. Un oficial pasaría por cada casa para anotar quiénes vivían allí.

—El censo nos ayudará a saber cuántos somos y qué necesita la ciudad —explicó—. Así podremos organizar mejor los alimentos, los trabajos y la ayuda para cada familia.

También aclaró que podía tener un lado complicado: todos tendrían que dar sus nombres y responder algunas preguntas. Si la información se anotaba mal o alguien quedaba afuera, sería más difícil saber quién necesitaba ayuda. Por eso pidió a los habitantes que colaboraran y revisaran que sus datos estuvieran correctos.

—Y ahora —continuó—, vamos a organizar los trabajos. Habrá diez trabajos distintos y cien puestos disponibles para cada uno. Cada habitante podrá elegir el que prefiera. Cuando un trabajo llegue a cien personas, ya no se podrá elegir.

Los organizadores mostraron una pizarra con los diez trabajos: agricultor, constructor, médica, recolector de agua, cocinera, guardia, limpiadora, mensajero, encargada del censo y explorador.

Los habitantes empezaron a pasar frente a la mesa para anotarse. También eligieron Leo, Sofía, Clara y Tomás. Algunos se decidieron enseguida; otros miraban los números de la pizarra antes de escoger.

Nico eligió mensajero. Cuando llegó el turno de Leo, se anotó como explorador. Sofía eligió ayudar con el censo, Clara se anotó como limpiadora y Tomás, como recolector de agua.

La fila avanzó hasta que todos tuvieron un trabajo. Los organizadores actualizaron los números y anunciaron que aún quedaban puestos disponibles.

Cuando la gente empezó a dispersarse, Leo vio un pedacito de papel en el suelo. Lo recogió sin que nadie lo notara. Tenía una frase escrita:

**«No confíen en el elegido».**

Leo se lo mostró a sus amigos. Los cuatro miraron hacia el escenario, pero los organizadores ya estaban guardando las listas.

—¿A quién se refiere? —susurró Sofía.

Leo dobló el papel y se lo guardó en el bolsillo. Ahora tenían una nueva pista… y no sabían si hablaba de la alcaldesa, de uno de los candidatos o de alguien que todavía no conocían.



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En el texto hay: aventura fantasía misterio

Editado: 23.10.2026

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