l cielo del Universo Absitio no se conocía la luz del sol; solo habían brumas densas y rojizas que rasgaba las ruinas de lo que alguna vez fue una metrópolis prospera. En medio del silencio sepulcral de los escombros, un destello de luz zafiro iluminó la oscuridad.
Anastasia respiraba con dificultad. Su silueta, envuelta en destellos de Magia Azur, se mantenía firme a pesar de las múltiples heridas que cubrían su cuerpo. Frente a ella, emergiendo de entre las sombras y los restos de concreto, avanzaba Lashkra. Sus pasos eran lentos, calculados a compañía de una sonrisa llena de amargura y rencor.
—Mirate, Anna...—murmuró Lashkra, deteniéndose a solo unos metros. Sus ojos brillaban con un deseo voraz —.Tanto poder, tanta gloria... y terminas acorralada en la misma basura de la que salimos.
—Esta energía nunca fue para destruir, Lashkra —respondió Anna, apretando los dientes mientras la Magia Azur chisporroteaba a su alrededor, reaccionando a su débil estado físico —. Pero tu rabia te ciega... y mucho. Nunca entendiste lo que significa llevar esta carga.
—¡No hables de cargas, bruja! —estalló Lashkra, acortando la distancia con un estallido de velocidad —. Esa magia debió ser mía ¡Yo la merecía más que tú!
El choque fue violento. Lashkra se lanzó al ataque con una ferocidad desmedida, mientras Anna canalizaba. El aire chispeaba y la tierra temblaba a su alrededor. Sin embargo, el cansancio acumulado y las traiciones del pasado jugaron su carta final: en un movimiento rápido, Lashkra rompió la defensa de Anna, asestándole un golpe letal que derribó a la legendaria mística contra el suelo helado.
Lashkra respiraba agitadamente, viendo a Anna caer. Extendió sus manos, lista para absorber la Magia Azur que tanto había codiciado durante años.
—Al fin... todo este poder... finalmente será mío —susurró Lashkra con una risa triunfal.
Pero dicha magia tenía su propia voluntad.
En el último aliento de Anna, una sonrisa serena se dibujó en sus labios. Sabía que Lashkra jamás debía poseer ese don. Canalizando hasta la última sospecha de su alma, Anna no usó el poder para defenderse, sino para liberarlo.
Un pulso de luz azul deslumbrante explotó desde su pecho, abriendo una grieta en el tejido mismo del espacio-tiempo. Lashkra gritó de rabia al ver cómo la corriente de energía esquivaba sus manos y se disparaba hacia la fisura, atravesando las barreras del multiverso y desapareciendo en el infinito.
—¡NO! —rugió Lashkra, viendo cómo la brecha se cerraba por completo, dejando el a este universo en penumbras una vez más.
Lashkra golpeó los restos de una columna de hormigón con ambas manos, haciendo estallar los escombros en una lluvia de polvo y chispas. El dolor de la frustración le quemaba la garganta más que el humo del combate.
—¡Maldita! —gritó hacia la nada, observando el cuerpo finado de su antigua rival — ¡Encontraré esa energía sin importar en qué maldita dimensión se haya escondido!
La Magia Azur no estaba. No quedaba ni un solo destello en Absitio. El destello se había escabullido entre las costuras de la realidad, dejando tras de sí solo el rastro difuso de una firma cuántica. Lashkra sacó un dispositivo de rastreo modificado, un artefacto de tecnología negra arcaica. La pantalla parpadeó violentamente con ondas azules antes de estabilizarse y marcar una serie de coordenadas interdimensionales.
—Universo 2033... —murmuró la mujer dibujando una sonrisa cruel mientras la fijación y la ambición volvían a encenderse en sus ojos —. Crees que ganaste, Anastasia. Crees que salvaras a quien sea que haya recibido tu regalo. Pero voy a ir a esa dimensión, voy a arrancarle ese poder a tu nuevo "recipiente" y voy a asegurarme de que este multiverso sepa quien le pertenece esa magia.
La cacería interdimensional había empezado, y la vida de Ani estaba a punto de dar un giro irreversible.
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viajes multidimensionales, aliados inesperados, aliados a amantes
Editado: 07.10.2026