El código del caos azur

Capítulo 04 | Distracciones

El ambiente en el antro se volvió sofocante en un segundo. Alial mantuvo el cuerpo tenso como un resorte, dando medio paso hacia la izquierda para bloquear estratégicamente el ángulo de visión directo entre los cuatro sospechosos y Ani. Se reajustó la bufanda sobre el hocico hasta el borde inferior de los ojos, dejando únicamente su mirada intensa clavada en la penumbra.

Entre la niebla artificial y el parpadeo violeta de las luces de neón, aparecieron los cuatro cazadores de Absitio.

Drooms caminaba al frente, dando golpecitos exasperados a la pantalla de su rastreador entrópico. El artefacto emitía un pitido agudo y ahogado que luchaba por escucharse por encima del retumbo de los bajos.

—¡Madita tecnología nula! —masculló Drooms en un susurro cargado de mucha tensión, apretando los dientes—. La frecuencia rebota en todos lados. Marca que la Magia Azur está a menos de cinco metros, pero este maldito cúmulo de ñoños interfieren con las lecturas biológicas.

—Por eso quería invocar ayuda en esta cloaca de frecuencias —refunfuñó Dorsey, quitándose un poco la tercera bufanda que le aplastaba las orejas de mapache para poder respirar—. Parecemos idiotas dando vueltas. Si no encontramos al contenedor en cinco minutos, juro que ahora sí romperé la piedra y dejare que las sombras huelan la magia por nosotros.

—Cierra la boca, mapache —ordenó Jekes con voz helada, manteniendo la mano oculta bajo el suéter, muy cerca del mango de su arma—. Minglyn, mantén los ojos abiertos. Si la maquina no funciona, usaremos el instinto.

Minglyn no respondió. Sus ojos recorrieron las mesas cercanas y se posaron por un instante en la barra.

A pocos pasos de ellos, recargada tranquilamente en la barra mientras bebía su agua, estaba Ani. Y de pie a su lado, una figura alta vestida con sudadera y bufanda hasta los ojos permanecía completamente inmóvil.

Minglyn entrecerró los ojos. Volvió a ver a Ani (la chica que se había tropezado minutos atrás) para luego mirar al encapuchado. Aunque no podía ver el rostro del zorro debido al camuflaje, la postura militar y la vibra de combate del sujeto le encendieron todas las alarmas de cazadora.

—Oigan... miren para allá— murmuro la mujer, dándole un codazo disimulado a Jekes.

—¿Qué pasa? —pregunto Jekes.

—Es donde esta la chica que se parece a Anastasia... pero no es ella lo que me preocupa— dijo Minglyn bajando la voz al mínimo—. Ese tipo que está a su lado. Se mueve como un soldado de la ACCD.

Alial escuchó el susurro sutil gracias a su agudo oído de zorro antropomórfico. Bajo la manga de su suéter, sus garras se retrajeron y sus nudillos se pusieron blancos mientras preparaba su dispositivo de pulso electromagnético de respuesta rapida.

—Alial, no inicies el fuego cruzado en medio de la multitud —la voz de Leydi resonó urgente en su auricular desde la nave de la ACCD—. Astrid y James están a tres metros a tu derecha. Si hacen un movimiento, tenemos cobertura.

—Si dan un paso más, los voy a tumbar antes de que saquen un arma, Leydi —respondió Alial en un murmullo imperceptible, manteniendo mirada fija en Jekes.

Drooms dio dos pasos hacia la barra, alzando el rastreador directo hacia la zona donde estaban Ani y Alial. La aguja de la pantalla comenzó a oscilar violentamente entre el color rojo y azul rey.

—¡Es ahí! ¡Esta por la barra!— exclamó Drooms en un soplido contenido.

Ani ajena de la tensión mortal que se estaba gestando en su alrededor, terminó su trago, le sonrió a Alial y ladeó la cabeza al ver la rigidez de su cuerpo.

—Alex...¿pasa algo? Te pusiste super tenso de repente —preguntó Ani de forma dulce, tocándole suavemente el hombro.

En ese momento en que la mano de Ani tocó la tela de la sudadera de Alial, una pequeñísima chispa de luz zumbó de manera imperceptible entre los dos. El rastreador en las manos de Drooms emitió un chillido agudo y la piedra de invocación que Dorsey llevaba guardada en el bolsillo comenzó a emitir un destello violeta.

Jekes y Minglyn llevaron las manos a sus cinturones de inmediato. Pero antes de que pudieran desenfundar las armas o que el roedor tocara la piedra, una luz deslumbrante y una ráfaga de confeti brillante surgieron del aire justo en medio del pasillo que conectaba la pista con la barra.

—¡Hola a todos! ¡Buenas noches para este grandioso lugar!— la voz amplificada y magnética de Astrid resonó por encima de la música del club, capturando al instante la atención de toda la multitud.

La popstar se había subido a uno de los altavoces elevados de la zona VIP, luciendo su chaqueta y lanzando destellos de micro-luces holográficas. Rn cuestión de segundos, la atención de decenas de personas en el área se desviaron por completo de la barra hacia el mini-show improvisado.

Aprovechando la confusión del destello, James se abrió paso como un rayo entre la gente. Con la elegancia de un agente experimentado, se interpuso bruscamente entre el grupo de cazadores y Alial, fingiendo ser un tipo sumamente eufórico y algo torpe.

—¡Oigan, oigan! ¡Miren a la chica del escenario! —exclamó James con entusiasmo falso, rodeando con los brazos en los hombros de Jekes y Drooms a la vez y empujándolos físicamente a dar un par de pasos hacia atrás, lejos de la barra—. ¡Esta fiesta está increíble, bros! Vengan, el DJ está regalando bebidas en la otra barra del fondo, ¡vamos!

—¡Suéltame, estupido!—masculló Jekes en un susurro lleno de estrés, tratando de zafarse del agarre de James sin armar una escena que alertara a la multitud de civiles que los rodeaba.

—¡Minglyn, el rastreador se volvió loco con tantas luces holográficas! —chilló Drooms en pánico, tapando la pantalla que no dejaba de marcar lecturas erróneas por los pulsos de distracción de Astrid.




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