El ritmo festivo del ambiente continuaba con risas y empujones amistosos. Nick y Marc intentaban enseñarle a Alial un paso improvisado mientras Owen grababa un video rápido con su teléfono. Alial intentaba seguirles el paso con una rigidez cómica, manteniendo siempre las manos en los bolsillos de la sudadera para ocultar sus garras y asegurándose de que la bufanda no se le desacomodara del hocico.
De pronto, Ani se llevó una mano a la sien y cerró con fuerza, soltando un leve jadeo. Un pinchazo punzante y repentino le atravesó la cabeza, como si una corriente eléctrica recorriera las fibras de su cerebro.
En ese exacto milisegundo, la Magia Azur que dormía en sus venas reaccionó al pulso de su dolor.
Las luces estroboscópicas del techo parpadearon violentamente en un tono azul eléctrico deslumbrante, lanzando una chispita audible que hizo que algunos altavoces soltaran un leve zumbido antes de volver a la normalidad.
—¡Waos! ¿Qué fue eso? —exclamó Nick, parpadeando por el chispazo de luz
— Seguro se sobrecalentó la planta de luz del antro, o sea de tanto humo y láseres —se rio Alane, encogiéndose de hombros sin darle la menor importancia—. ¡Es inevitable que no les llegué fallar la instalación!
—Sí, pura coincidencia —coincidió Jane, volviendo bailar.
Sin embargo, para Alial no se lo creyó ni por un segundo. Sus ojos de zorro se fijaron al instante en Ani, notando cómo ella se frotaba suavemente las sienes mientras trataba de disimular el dolor con una sonrisa penosa.
—Leydi, ¿registraste eso? —murmuró Alial al micrófono de su cuello.
—Confirmado desde la nave, Alial —respondió la canario de inmediato, con voz seria—. Fue un extraño pico de frecuencia biomística. La Magia Azur está reaccionando a su estado físico o... ¿emocional...? De todos modos, ten mucho cuidado.
Alial dio un paso al frente, alejándose del grupo de baile y acercándose a Ani con verdadera preocupación.
—¿Estás bien, Ani? Te vi llevarte la mano a la cabeza —preguntó Alial con voz baja y suave, inclinándose un poco para quedar a su altura.
—Ah... sí, no te preocupes —sonrió Ani, soltando un largo suspiro y apoyándose levemente en un pasamanos cercano, un poco más alejada del ruido ensordecedor—. Creo que fue solo un leve mareo. Ya sabes, demasiadas luces y la música muy alta por hoy.
—Si quieres podemos ir a un lugar más tranquilo o puedo avisar a tus amigos para que te lleven a casa —ofreció Alial, manteniendo una distancia respetuosa pero atenta.
—No, de verdad estoy bien, Alex —respondió la joven, mirándolo a los ojos con esa calidez que a Alial le seguía erizando el pelaje—. Además, me da gusto haberte conocido hoy. Eres un chico muy atento... y un poco misterioso, debo decir.
—Solo me gusta estar prevenido —improvisó Alial con una ligera inclinación de cabeza bajo la capucha.
—Pues se aprecia mucho —dijo Ani, acomodándose un mechón de su cabello lacio detrás de la oreja—. A veces el ambiente de tu entorno o la rutina te cansan tanto que estar en un lugar así... debería ser para relajarse, no para lidiar con tipos pesados. Tengo un proyecto enorme en mi carrera, estudio comunicación audiovisual, y me ha tenido estresada todo el día... aunque hoy por la tarde pasó algo bien extraño que me dejó pensando.
Alial se tensó sutilmente bajo la sudadera.
—¿Algo extraño? —indagó él con cautela.
Ani estuvo a punto de mencionarle la extraña visión que había tenido horas atrás (aquella figura de una chica llamada Anastasia, mientras que Lashkra le dio el golpe final a la bruja), pero se detuvo a tiempo. Sacudió la cabeza con una risita suave, pensando que si lo contaba algo tan loco a alguien que acababa de conocer hace unos minutos, la tomaría de loca.
—Bueno... cosas raras de una estudiante cansada, ya sabes —se corrigió Ani con soltura, cambiando de tema —. Dolores de cabeza o alucinaciones por desvelos. Nada de qué preocuparse.
Alial la observó en silencio durante unos segundos. Sabía perfectamente que ella no le estaba contando todo, pero respetó su privacidad. Bajo la bufanda, esbozo una leve sonrisa triste pero protectora.
—A veces la mente nos juega bromas en los peores momentos o cuando estamos bajo mucho estrés —dijo el zorro con voz profunda—. Pero sea lo que sientas que cambió hoy... no dejes que te asuste. Tienes buenos amigos que te cuidan.
Ani lo miró sorprendida por la profundidad y la certeza con la que el encapuchado le hablaba.
—Gracias, Alex... De verdad eres diferente a los demás chicos que van a estos lugares.
A pocos metros de allí, ocultos tras la barra del fondo, James y Astrid los observaban de reojo mientras fingían tomar una bebida.
Mientras que a la salida trasera, los cuatro cazadores de Absitio se mantenían agrupados en la penumbra. Dorsey, perdiendo por completo la paciencia, metió la mano en su bolsillo y sacó la piedra.
—¡Hasta aquí! ¡Estoy harto! ¡Voy a romper esta maldita roca ahora mismo y que las sombras de destrocen este lugar! —masculló el mapache furioso, alzando la piedra para estrellarla contra el suelo.
—¡Detente, imbécil! —lo frenó Jekes de golpe, sujetándole la muñeca con una fuerza brutal mientras Minglyn le daba un manotazo para quitarle el artefacto
—¿Eres idiota o te haces? —le siseó Drooms con voz sofocada—. Las bestias de sombra son el ULTIMO recurso. Si armamos un caos descontrolado, la ACCD detectará la energía de la invocación en segundos y PUM nos caerá encima todo el escuadrón.
Mientras los cazadores discutían en murmullos tensos a varios metros de distancia, Anilu se congeló al lado de Alial.
Un zumbido agudo resopló dentro de sus oídos. De repente, el retumbo de los bajos de la música, las risas de la gente y los gritos del lugar se amortiguaron por completo en su mente, como si alguien hubiera bajado el volumen del mundo entero. En su lugar, las voces lejanas de los cuatro extraños resonaron en su cabeza con una nitidez escalofriante, cristalina y perfecta:
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Editado: 25.10.2026