—¡Alial, resiste! —la voz de Leydi retumbó en el canal principal—. ¡El transporte acaba de atravesar el techo del edificio! ¡Pronto estaremos en posición!
El techo de metal y concreto del antro se agrieto con un rugido estruendoso. Entre fragmentos de escombros, humo denso por los lados, y el destello de focos de emergencia, el enorme transporte táctico de la ACCD descendió a escasos metros del sueldo de la pista, flotando gracias a sus propulsores gravitacionales.
—¡Despliegue táctico, ahora! —retumbo la voz imperiosa de Solaris (Tuktrix) desde la rampa superior.
Las escotillas laterales se abrieron de golpe.
Leydi, vistiendo su armadura liviana de alta velocidad y empuñando dos blásteres de energía, descendió en una pirueta perfecta junto a su hermano adoptivo. Buck y Charlie se lanzaron en picada, desplegando ganchos y garras de combate que chocaron directamente contra las defensas de Jekes y Drooms. Detrás de ellos, la imponente figura de Grey aterrizó con un impacto que hizo vibrar el suelo, flanqueado por Angeline, Booorm, NxOn, Javard y el pequeño Frederick, quien soltó un feroz chillido de tiburón de combate listo para la acción.
—¡Consigan cobertura! ¡Rodeen a los cazadores! —ordenó Leydi, disparando una ráfaga de pulsos que obligó al mapache a soltar su arma tranquilizante y cubrirse tras una barra de metal.
—¡Maldita sea! ¡La fuerza principal de la ACCD ya está aquí! —gritó Drooms en pánico mientras NxOn y Jarvard calculaban trayectorias de disparo para acorralarlos.
Mientras el salón principal estallaba en una batalla de rayos plasma, escudos y armas fotónicas, Ani y sus amigos corrían desorientados por el estrecho pasillo de servicio que llevaba a la salida de emergencia trasera.
—¡Sigan corriendo, la puerta está al final del pasillo! —gritaba Marc, guiando al grupo mientras Nick y Owen cubrían la retaguardia de Marie, Jane y Alane.
De pronto, la penumbra del pasillo se distorsionó. Una silueta veloz se deslizó entre las sombras de las tuberías del techo y cayó de pie justo frente a la puerta metálica de salida, cerrándoles el paso por completo.
Era Minglyn.
La cambiaformas de Absitio esbozó una sonrisa cruel y retorcida, sacando de sus mangas un par de dagas de energía amarilla que chisporroteaban con un sonido tetrico.
—¿A dónde creen que van, querubines? —siseó Minglyn con voz helada, avanzando hacia ellos con paso lento y amenazante—. Entréguenme a la señorita y tal vez los deje seguir respirando.
—¡Aléjate de ella, colérica! —gritó Nick, poniéndose valientemente enfrente junto a Marc y Owen, intentando empujarla con un tubo de metal que recogió del suelo.
Minglyn ni siquiera se inmutó. con un movimiento despectivo de su mano, lanzó una onda de choque sombría que derribó a los chicos del grupo contra la pared, dejándolos aturdidos en el suelo. Jane, Marie y Alane ahogaron un grito de pavor mientras que la cambiaformas acorralaba directamente a Anilu contra la esquina del pasillo.
—Al fin... solo coopera y no te hare daño, contenedor— murmuró Miglyn, alzando su mano envuelta en sombras para sujetar a Ani del cuello.
Ani sintió que el corazón se le salía del pecho. El terror puro paralizó su respiración. Instintivamente, cerró los ojos con fuerza, levantó ambas manos al frente y cruzó los brazos para cubrirse el rostro del impacto.
—¡AHHH! ¡ALEJATE DE MI! —gritó Ani a todo pulmón
En ese milisegundo de pánico absoluto, la Magia Azur despertó como un volcán en erupción.
Un estallido deslumbrante de luz azul y energía pura emanó del pecho y las palmas de Ani. La onda expansiva no fue una simple ráfaga de viento: fue un pulso gravitacional gigantesco que hizo crujir las paredes de concreto.
Minglyn abrió los ojos en un shock absoluto antes de salir disparada hacia atrás a una velocidad brutal, atravesando la puerta metálica de emergencia y saliendo despedida varios metros hacia el callejón exterior, donde impactó contra un contenedor de basura antes de quedar tendida en el suelo, aturdida y dolorida.
El pasillo quedó en un silencio sepulcral, sumido en una densa niebla de vapor azul que flotaba en el aire.
Nick, Marc, Owen, Jane, Marie y Alane, aún tirados en el suelo, se quedaron completamente helados. Miraban la puerta metálica destrozada y luego a Ani con los ojos abiertos de par en par, sumidos en una mezcla de asombro absoluto e incredulidad total. Ninguno de ellos podía articular una sola palabra.
Ani abrió lentamente los ojos, Sus manos, aún levantadas en el aire, temblaban de forma incontrolable mientras hilos de luz azul seguían entre sus dedos antes de disiparse gradualmente.
Se miró las palmas, horrorizada por lo que acababa de hacer. El pecho le subía y bajaba aceleradamente, y sus piernas amenazaban con doblarse por el impacto de la adrenalina y el pavor.
De pronto, un crujido pesado resopló desde las tuberías del techo.
Drooms, que había logrado zafarse del combate en el salón principal gracias al humo táctico de los cazadores y una mirada llena de ambición al ver a Ani vulnerable y temblorosa.
—¡El contenedor está débil! —rugió Drooms, lanzándose en embestida directa hacia la chica.
—¡ANILU, CUIDADO! —alcanzó a gritar Marc desde el suelo.
Ani cerró los ojos por puro instinto, esperando el impacto, pero el golpe jamás llegó.
Un destello luz dorado cortó el aire del pasillo como un relámpago. Sabine apareció en medio del camino, desplegando un escudo de fuerza real que bloqueó el movimiento de Drooms en una explosión de chispas brillantes que hicieron retroceder al cazador varios metros.
—¡Ni lo sueñes, feo! —declaró Sabine con elegancia imperial, haciendo girar su cetro de energía con una destreza impecable.
A su lado, descendiendo flotando con una gracia sobrenatural, apareció Breeze. La alienígena irradiaba un aura luminosa, pura y resplandeciente que iluminó todo el pasillo de concreto, haciendo que sus cabello de luz pura ondularan en el aire como una constelación viviente.
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Editado: 25.10.2026