El Contrato de las Almas Ⅱ

Capítulo Ⅱ

Varios recuerdos cruzaron frente a Sara cada parpadeo le llevaba a un nuevo lugar, primero estaba en el accidente con su camioneta vio a su alrededor el mundo se había congelado los cristales dispersos a causa del parabrisas roto ahora estaban flotando en el aire nada se movió a excepción de ella, cuando toco uno de esos cristales el mundo volvió a moverse, cerró los ojos con fuerza, se abrazó para protegerse. Cuando los volvió abrir se encontraba en otro lugar esta vez en la puerta de la azotea del hospital, vio a Géminis justo en el instante que saltaba hacia el vacío, tapó su boca un grito que se le iba a escapar, el viento soplo demasiado fuerte provocando que cerrara los ojos, todo se calmó los eventos cambiaban sin aviso ahora estaba rodeada de humo era difícil respirar sintió en sus manos algo cálido qué se escapaba entre los dedos, cuando miro era sangre se levantó viendo a Raquel en el piso un charco de sangre se formaba debajo de ella, se levantó asustada cuando escucho el gruñido de una bestia, frente a ella unos escasos metros estaba un lobo con los ojos azules mezclados con violeta, qué se lanzó hacia ella, tenía el cuerpo paralizado por el miedo no sentía ni las piernas, le gritaba a su cuerpo qué se moviera, pero su cuerpo no respondía sería su fin, cuando algo atravesó el techo atravesando con la hoja de la espada a la bestia, ella cayó hacia atrás hasta quedar acostada en el piso, cuando quiso mover su cuerpo no podía, este estaba atado con correas, sus muñecas y sus piernas estaban aprisionados, vio al Doctor Daniel con una jeringuilla en su mano, Sara se retorcía tratando de evitar que la aguja se clavara cuando escucho un fuerte golpe, sintió como era lanzada cuando algo se empujaba con ella en la camilla, cayó de costado al piso puso las manos evitando golpearse contra el suelo, sentía la tierra entre sus dedos, escucho la voz de Sebastian ‒Lo juro‒ dijo. Sara tenía el cuerpo lleno de runas escritas con la sangre de Géminis qué estaba junto a ella, él también tenía las mismas runas, pero a un lado opuesto como reflejadas en un espejo, Sebastian cubrió la herida del abdomen con las palmas de su mano evitando que la hemorragia sangrara fuera de control ‒Lo juro, por el Contrato de las Almas‒ dijo Sara. Sintió todo su cuerpo qué le quemaba cayó a un lado de Géminis quien también se retorcía del dolor, levantó su cuerpo formando una curva poco humana, pataleaba quería arrancarse el calor del vientre como si la estuvieran perforando con un fierro al rojo vivo, sus movimientos eran erráticos no tenían ningún patrón a veces parecía como si quisiera quitarse algo de encima, en otras como si quisieran arrancarse la piel. Sara sollozó poco después, su vientre quemaba, era como si algo la estuviera abriendo desde adentro fue tanto el dolor que grito desesperada, se encogió de rodillas, sin embargo, era inútil. Levantó su camiseta una marca empezaba a formarse una línea en su vientre se formaba abriéndose paso tenía un color vivo a veces amarillo cambiando a blanca hasta mezclarse con el rojo, un color similar al de la lava. Pataleo quería que el dolor acabará, lloraba y apretaba los dientes, llego a un punto que el dolor se volvió insoportable soltó un grito muy fuerte hasta cuando de repente todo se detuvo estaba exhausta sin fuerza cayendo boca arriba había curvado su cuerpo como lo había hecho Géminis, miro a su derecha Géminis también caía con ella boca arriba sin moverse, Sara caía inconsciente sus ojos se cerraban lentamente, Sebastian se acercaba a Géminis revisando su cuerpo, después de eso nada todo se volvió oscuridad.

Sara despertó asustada, el ruido de un trueno la hizo reaccionar, estaba parada al filo de un risco, no sabía cómo había llegado ahí, trato de recordar hasta que su memoria reacciono cuando sentía el fuego en su vientre estaba desnuda con varios símbolos extraños qué se unían y otros se cruzaban por toda su piel, miro sus brazos qué también estaban llenos de esos símbolos ‒Runas‒ susurró, un rayo iluminó su alrededor se acercaba una tormenta a lo lejos, el mar chocaba contra el risco soltando su furia en ella, algunos pedazos cayeron debido al impacto poco después un trueno hizo eco silenciando a las olas. No sentía miedo, ni ninguna otra emoción, todo era tranquilidad estaba bien se sentía bien. Inhalo profundamente llenando sus pulmones de oxígeno, abrió los brazos y se dejó llevar por el paso qué dio hacia el vacío, sentía el viento rodeando su cuerpo desnudo, algunas gotas de agua chocando contra su cara, pero no importo todo estaba bien era lo correcto, cerró los ojos aceptando su final. ‒¡Sara!‒ escucho, unos segundos antes de chocar contra el mar en calma tanto que parecía un espejo sin una sola imperfección. Apenas podía moverse estaba recostada, su cuerpo se sentía cansado como si hubiera tenido que correr una maratón o si como hubiera cargado durante mucho tiempo un gran peso, entre abrió los ojos miro un poco a su alrededor todo era familiar las paredes, el techo, el olor a su hogar, varios crujidos se escucharon, acompañados de un calor que abrigaba el cuerpo, recordó la chimenea en la sala, ahora que recordaba ello reconoció su casa, no se movía aunque lo intento, busco con la mirada a su madre o a su padre sin éxito, movió un poco la cabeza apenas unos centímetros, vio una figura borrosa en la ventana, era Sebastian qué estaba sentado al filo de la venta mirando el exterior, había varias gotas de agua que se unían y se dejaban llevar por la gravedad, acompañadas de otras, golpeaba con el dedo índice la ventana mientras su mirada se perdía en el infinito, una fina línea se formó en el cristal después otro y muchas más, parecía como si este se trizara con solo tocarlo. Sebastian se percató de algo que lo hizo detenerse, retiro la mano mientras su mirada seguía algo afuera de un lado a otro, se levantó presuroso asustado hasta salir rápido de la vista de Sara, ella miró la grieta en la ventana, esta se encogió hasta desaparecer ahora el cristal estaba intacto como si nada le hubiera pasado. Alguien tiro de su cuerpo hasta sentarlo, seguía sin energías ni fuerzas para moverse. ‒¡Despierta Géminis!‒ dijo Sebastian qué agitaba su cuerpo de adelante hacia atrás ‒¡Vienen por ella, despierta!‒ La voz de Sebastian se apagaba lentamente hasta que Sara dejo de escucharlo mientras todo se volvía borroso, cayendo en un profundo sueño.



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En el texto hay: misterio, ficcion, sobrenarutal

Editado: 05.12.2021

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