El Contrato de las Almas Ⅱ

‒¿Entonces estamos atrapados?‒ dijo Raquel mirando el intento Sebastian quien intentaba abrir la puerta por décima vez.

‒Me temo que sí, al parecer lo tenían todo preparado‒ Sebastian dejo de raspar la madera de la puerta en un intento fallido por cortar la runa en dos.

Habían llegado a la dirección que estaba anotado en el papel el nombre de un edificio en el centro de la ciudad, Raquel tenía las llaves que la madre de Sara le había entregado junto a un par de instrucciones y Sebastian tenía la dirección con el número del departamento en un pedazo de papel, Sebastian debía esperar ahí cueste lo que cueste. La camioneta llegó de milagro a pesar de los golpes y desperfectos en ella habían llamado la atención de varias personas atraídas por el traqueteo del motor mientras buscaban donde estacionar, una vez en un estacionamiento improvisado Sebastian le pidió a Raquel que le mostrara sus brazos, la espalda y sus piernas.

‒¿Cómo para qué?‒ había preguntado ella sin encontrar relación alguna.

‒Venga solo hazlo, confía en mí y te mostraré el poder de las runas que has visto hasta ahora‒ Sebastian sonaba convincente además de darle al clavo en el mundo de las curiosidades de Raquel.

A un lado de la camioneta donde nadie los viese Sebastian pincho el dedo índice Raquel por el cual broto un hilo de sangre hasta formar una gota, tomo un poco con la yema de su dedo índice y medio, los que uso para dibujar varias runas en los brazos, unos cuantos más en la espalda y un par en sus piernas.

‒Ahora, no te muevas‒ dijo Sebastian notando el temblar en el cuerpo de Raquel posiblemente por el frío de su tacto o el roce con su piel. ‒Bien ahora repite después de mí‒

Raquel lo miraba extrañado mientras cubría su cuerpo y limpiaba la sangre restante de su dedo con su ropa.

‒Forti‒ dijo Sebastian despacio como si la palabra fuese delicada de nombrar.

‒Forti‒ repitió Raquel pronunciándola con naturalidad.

Sebastian la miro extrañado la pronunciación era natural, a pesar de que existía el acento, la fonética, la articulación bilabial, y demás, hasta las más complicadas como las linguovelares incluso el leve rasgo del acento entre las letras que no era lo mismo tener una idea de que cada letra debía pronunciarse como el español lo había descrito, era más como si las palabras fluyeran en su natalidad.

‒¿Qué?‒ pregunto Raquel fijándose en la mirada pensativa de Sebastian ‒¿Acaso lo dije mal?‒

‒No, no es eso, sino que lo dijiste demasiado bien, hasta ahora tú y Sara han pronunciado las plegarias con naturalidad, ¿Acaso tomaron clases de latín alguna vez?‒

‒Mmm, no que yo recuerde, ¿Eso es malo?‒

‒No es malo, más bien extraño, aunque a estas alturas dime algo que no lo sea–

‒Tú, en especial‒ dijo Raquel mirando como las runas dibujadas con sangre en sus brazos se evaporaban hasta dejar un rastro de sangre seca como la marca de un bronceado leve.

‒Bueno, tenemos que seguir, intenta cargar a tu amiga con tus brazos ahora se te hará mucho más fácil hasta que la runa pierda fuerza‒

Raquel se acercó incrédula hacia Sara a pesar de que ella no pesaba mucho, pero cargarla hasta el décimo piso sería un trabajo agotador en especial si lo hacía ella sola, desabrocho el cinturón de seguridad y la apoyo contra su espalda para cargarla sobre ella, hasta el momento no sentía nada extraño en su cuerpo a excepción de un calor sutil por donde se dibujaban las runas.

‒Vamos‒ dijo Sebastian cargando con el cuerpo de Géminis en su espalda ‒tómala como yo lo estoy haciendo se te hará fácil ahora‒

Raquel dudó en hacerlo, no era muy fuerte y si las runas le ayudaban en algo seria en un esfuerzo mínimo no creía en la superfuerza de unos simples trazos, aunque tomo confianza en hacerlo, había visto demasiado como para no creer en lo imposible.

Apenas había intentado levantarla sintió como el cuerpo de Sara apenas pesaba, sus brazos la sostenían con fuerza su espalda soportaba el peso y sus piernas no debilitaban.

‒¡Eh! Con cuidado‒ dijo Sebastian notando que la presión en sus brazos era demasiado ‒sujétala como si fueras a presionar un huevo sin romperlo‒

Los brazos de Raquel aflojaron al punto de que el cuerpo de Sara quedaba libre balanceándose en su espalda.

‒Esto es…‒ sonrió Raquel notando que podía cargarla sin esfuerzo alguno, sentía que podía levantarla con una sola mano si lo quisiera ‒alucinante‒.

‒Primero las damas‒ dijo Sebastian señalando la puerta trasera del edificio ‒Habitación 72‒.

Ambos subieron sin dificultad alguna, piso por piso, tuvieron la suerte de que nadie los viese, Raquel quería saltarse las gradas de dos en dos hasta saber de lo que era capaz, pero Sebastian la había detenido en sus intentos diciendo ‘Que no debía intentarlo, ya que después lo lamentaría’ una vez llegado a la puerta Sebastian introdujo las llaves en la perilla tratando de girarla, pero esta soltó una explosión de energía que lo lanzo a él y a Géminis hacia atrás.

‒¿Estás bien?‒ dijo Raquel colocando a Sara en el piso apoyándola en la pared.

‒Creo que si‒ dijo Sebastian levantándose lentamente para dirigirse con Géminis que yacía boca abajo, lo levanto hasta ponerlo boca arriba. Miro su estómago donde debería haber una herida mortal, pero en su lugar había una cicatriz perfectamente notable que lo acompañaría de por vida ‒Estamos bien‒ dijo acomodando a su amigo.



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En el texto hay: misterio, ficcion, sobrenarutal

Editado: 05.12.2021

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