El Contrato de las Almas Ⅱ

Daniel sentía como su cabeza le pesaba y que las ideas que procesaba eran confusas, borrosas como ver los últimos instantes en cámara lenta antes de perder la razón, el dolor punzante en la nuca se mezclaba con el picor de una herida fresca a causa de una aguja clavada a la fuerza y cuyo líquido era una sobredosis de fármacos cuyo propósito eran los de adormecer el cuerpo y mantenerlo en éxtasis el tiempo que fuese necesario mientras la autopsia terminaba desentrañando los misterios de la “milagrosa” recuperación de Sara.

‒Sara‒ susurro Daniel recordando el porqué estaba ahí ‒¡Andrés!‒ gritó mientras se levantaba lentamente ‒¡Andrés!‒ ordenó varias veces más sin recibir respuesta alguna.

Un pequeño detalle se le escapaba de la consciencia tal vez a causa del desconcierto o el enojo que nacía en él y tomaba fuerza al recordar lo que había pasado.

‒Maldito animal, ¡Andrés!‒ gritó.

La luz tenue volvía difusa orientarse, había veces donde la luz de cualquier fuente luminosa era innecesaria para apartar a la oscuridad que engullía los varios pasadizos.

Daniel tanteó su alrededor buscando una pared en donde apoyar el cuerpo para tener un instante de lucidez. Golpeó con su mano una mesa de metal, el ruido y el frío cortante eran irreconocibles, se arrastró en medio de escombros hasta topar una pared donde apoyarse, su visión no ayudaba mucho, a veces borrosa a veces solo sombras, el cóctel de fármacos tenía varios efectos secundarios que había considerado mientras los mezclaba, el mismo había tomado las medidas para que el cuerpo no sufriera daños y ahora irónicamente sufría sus efectos.

El frío tacto de la piedra siendo roída por el tiempo y el desgaste era irreconocible, sus pasos eran torpes y descoordinados por lo que daba pasos cortos sin levantar mucho las piernas para evitar perder el equilibrio.

Apoyo su cuerpo en la pared para después arrastrarlo por él, sus piernas chocaban con un montón de piedras de cuya procedencia no supo exactamente aclarar, por lo visto algo en esa habitación había explotado destruyendo todo a su paso, empujo su cuerpo hasta encontrar la salida de aquella habitación, se sentía un poco mejor, mientras su ira ya había lucido su consciencia.

Un instante después su pie golpe algo metálico que apartó de un puntapié con dificultad, pero cuyo sonido era perfectamente claro, el de unas cadenas.

Daniel bajo la mirada, no entendía como habían llegado esas cadenas al pasillo, por lo general había equipo quirúrgico u otro material médico que usaba para los experimentos, pero jamás cadenas, ni siquiera se limitaba a usarlas. Los pecados le habían proporcionado correas grabadas con lo que ellos llamaban “runas” que, según ellos, eran indestructibles, por lo que jamás se vio a la necesidad de usar cadenas. El único lugar donde las había visto era en...‘La prisión’ dijo en voz baja.

La prisión era una de las secciones que forma parte de los pasadizos y el elaborado entramado de pasajes que se desplegaban debajo del hospital, recámaras vacías algunas usadas para sus experimentos, habitaciones donde se producían las pastillas y algunas usadas como prisiones, Daniel usaba una parte de ellas las que recordaba y eran suficientemente amplias para usarlas como quirófanos para sus experimentos donde aguardaban para evitar que se hicieran daño e hicieran daño a los demás, esto no quería decir que él pensará en el bien estar de los demás, más bien lo hacía para evitar perder valiosa información en la muerte de sus experimentos, cosa que había aprendido después de varios incidentes.

‒Pero que mierda pasa aquí ‒ dijo con desagrado.

Movió su cuerpo con rapidez, no paso mucho hasta que uno de los barrotes fuese golpeado en sus uñas por el tanteo frenético.

‒¡Qué está pasando aquí!‒ gritó mientras sus manos tiraban de los barrotes, había confundido el quirófano donde se encontraba un principio ‒¡Gula! ¡Lujuria!‒ gritó con fuerza.

Los barrotes sonaban en un eco que retumbaba por los pasadizos ‒Que alguien me saque de esta maldita celda‒ la adrenalina recorrió su cuerpo, mitigando los fármacos, y volviéndolo completamente a la realidad ‒sáquenme de aquí‒ sus gritos se mezclaban con el azotar de los barrotes.



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En el texto hay: misterio, ficcion, sobrenarutal

Editado: 05.12.2021

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