El Contrato de las Almas Ⅱ

Capítulo Ⅲ

‒Despacio, no lo curven demasiado sino se partirá‒ dijo Oliver mientras los tres bajaban con cuidado el espejo cada uno sujetando una esquina del mismo ‒despacio con cuidado los dedos‒ soltaron los tres al instante Oliver, Géminis y Sebastian, a penas a unos escasos milímetros del piso en la cochera.

El espejo estaba sobre una lona plástica en mitad de la cochera, el auto había sido movido a fuera cerca de la entrada.

‒Podrías llamarlas‒ dijo Amelia a su hijo.

Oliver salió de la cochera en dirección de las chicas.

‒A ver si no estoy mal‒ dijo Sebastian reflejándose sobre el espejo.  

Amelia había visto parte del mundo oculto, Sebastian le ha explicado un poco su funcionamiento, las runas y sigilos que usaban los seres para manifestar un montón de habilidades o necesidades, los pecados y los susurradores, la casa construida por él y cuyas paredes los resguardaban de todo mal, en todos los años que estuvieron viviendo ahí no se tuvieron que preocupar por ladrón alguno, o de los susurradores que desaparecían apenas alguien ingresaba, su casa era la más confortable al estar libre del mal del mundo, incluso el temblor que hubo aquella tarde fue apenas una sacudida imperceptible, aunque es una pena, ya que jamás olvidaría este lugar.

Géminis se apoyaba en una de las paredes, su rostro reflejaba menos cansancio del que se podía notar al principio era como si no hubiese detenido su marcha por días y que en cualquier momento pareciese caer sin fuerza alguna.

Sebastian dibujaba sobre el cristal las runas con su propia sangre que brotaba de un fino corte en la yema de su índice, el espejo debía de medir unos 2 metros de alto y un metro de largo era muy grande para ser uno personal, los trazos fluían como una escritura natural, aunque a veces se detenía bruscamente en un intento por recordar cuál era la siguiente línea.

‒Aquí están‒ dijo Oliver acompañado de su pareja Zoé y tras de ellos Sara y Raquel, ahora más de cerca Sebastian noto que en la mano de aquella pareja tenían varios cortes cubiertos con banditas.

Raquel estaba más tranquila y serena, Sara en cambio tenía una mirada ida, una batalla en su mente se desataba una que solo ella sabría librar, Géminis se incorporó cerca de Sebastian que permaneció en cuclillas acabando con los últimos trazos.

‒¿El lugar seguro es dentro de un espejo?‒ añadió Raquel con curiosidad.

‒A dónde vamos no se accede mediante un camino o una ruta, aunque está sobre la faz de esta tierra es muy probable que Júpiter nos niegue la entrada y tampoco quisiera encontrarme con ella por eso accedemos por aquí, lo usaremos como un portal así borraremos nuestro rastro y ni el Doc o los pecados podr…‒

‒¡Sebastian!‒ reprendió Amelia.

‒¿Se refiere a los pecados capitales?‒ susurro emocionada Zoé cerca de Oliver.

Sebastian suspiro.

‒Quieren ver a lo que me refiero‒ se dirigió a Zoé y Oliver que miraban en silencio

Ambos asintieron, Oliver dudaba porque su madre impediría tal acto, cosa que no hizo y por lo cual se sorprendió en cambio su mirada reflejaba tristeza con una mezcla de un sentimiento que no lograba descifrar, Zoé tenía ese brillo en la mirada una desbordante de curiosidad, emoción y un tanto temerosa.

‒Amigo mío me ayudas‒ se dirigió a Géminis que permanecía parado junto a él, si no fuera porque su torso se elevaba con cada respiración podía pasar perfectamente por un muñeco inmóvil de un almacén de ropa.

‒Esta runa les permitirá ver lo que está detrás del espejo específicamente al lugar al que vamos‒

‒¿Lo harás con tu sangre?‒ interrumpió Oliver.

‒Lo podría hacer, pero necesita ser la sangre de cada uno así surte un mejor efecto‒ dijo Sebastian estirando su mano para que ambos extendieran las suyas.

Sebastian giro una aguja que ocultaba entre sus dedos.

‒¿Qué es esto de las runas? ¿Para qué sirven? ¿Cómo se llama el lugar al que van? ¿También podríamos ir?‒ Zoé tenía un millar de preguntas.

‒A su tiempo, a su tiempo. Primero lo primero‒ dijo Sebastian clavando el filo de la aguja en la yema del dedo índice de Oliver y después en el de Zoé.

Raquel miraba a la pareja emocionada por lo que pasaría, quería gritarles que no lo hicieran, detenerlos para que no cometieran tal locura, si ella pudiera tener elección habría… sus pensamientos dudaron en su respuesta, estaba convencida de que la ignorancia del mundo oculto era mejor que nada, pero al tener la sabiduría del mismo, el mundo se tornaba en un tono diferente algo que aún no podía describir, estuvo a punto de decirles que no lo hicieran, cuando Géminis se acercó a ellas.

‒Estarán bien‒ dijo con una respiración errante, era inusual que Géminis expresara algún sentimiento o algo que pudiese dar una pista de cómo se sentía, acompañado a ello su mirada parecía un poco humana. Todo esto antes de acercarse a la pareja.

Sara miraba las runas sobre el espejo, admiraba sus trazos la complejidad en cada curva, en cada serpenteo, la sangre de Sebastian dibujaba runas que de alguna forma ella entendía no en su significado en concreto sino más bien su concepto, su propósito, por alguna extraña razón sabía que una de ellas significaba cristal, y otra arma, corte ‘espada’ pensó llegando a una conclusión algo acertada. Quería tocarlas sentir su poder, dominarlas.



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En el texto hay: misterio, ficcion, sobrenarutal

Editado: 05.12.2021

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