El Contrato de las Almas Ⅱ

La nieve cubría cada centímetro del bosque, los árboles habían sido envueltos por una capa gruesa de nieve, como si una cortina blanca helada se hubiese posado en aquel lugar para jamás levantarse.

No se escuchaba animal alguno, o siseo de algo vivo, solo el silbido del viento corriendo entre los árboles.

Raquel estaba acostada sobre la nieve, parecía dormitar entre la realidad y sus recuerdos, el último de ellos, Sebastian usando su lanza provocando que cayera de espaldas dentro del espejo después todo fue silencio. Su cuerpo se hundía en la nieve lentamente mientras una nueva capa de nieve la cubría constantemente.

‒¡No podemos!‒ escucho la voz de una mujer ‒¡No podemos dejarlos ahí!‒ reprochaba ‒ellos podrían salir heridos, ¡Qué les pasa!‒

Sara reclamaba a Géminis por haberla llevado a la fuerza, poco después apareció Sebastian atravesando un cristal enorme, si alguna vez tuviste la fortuna de conocer la cueva de los cristales en Naica podrías darte una idea de las dimensiones de aquel bloque cristalino perfectamente facetado en el que te podías reflejarte perfectamente, el cual estaba conectado con el espejo por el que habían atravesado, poco después toda la superficie del cristal se trizó destruyéndose en miles de fragmentos regados sobre el manto de nieve.

‒Amelia‒ susurro Sara al ver el portal destruido, no dijo una sola palabra, estaba perpleja ante la frialdad de Sebastian y Géminis.

‒Ellos estarán bien‒ dijo Sebastian que no dejaba de mirar los cristales rotos sobre la nieve ‒salió mejor de lo que esperaba, siendo sincero no pensé que funcionaria‒ rio nervioso.

Géminis aflojo sus brazos lentamente mientras Sara caía de rodillas mirando en dirección a un portal que ya no existía, un cristal sobre una base de piedra negra había desaparecido.

‒¡Raquel!‒ musito levantándose rápidamente ‒¿Dónde está?‒ busco con la mirada a todas las direcciones.

Los tres buscaron en los alrededores encontrando a Raquel, unos metros alejada del portal, parecía dormitar sobre una nube blanca y helada que la cubría poco a poco como si se resistiera a soltarla.

Sebastian corrió cerca de ella no entendía por qué parecía dormitar en una situación así, el portal era seguro en cierta medida.

‒Raquel‒ dijo Sebastian levantándola lentamente ‒Despierta blanca nieves‒

Sara se acercó al mismo instante mirándolo furibunda por el comentario, la levanto lentamente hasta sentarla sobre la nieve, el tacto con su piel se sentía helado por suerte no tenía herida alguna, Sebastian se quitó el saco para cubrirla del frío.

Raquel despertaba lentamente por alguna extraña razón sentía el cuerpo pesado como si algo consumiera su energía desde dentro, el ampo de la nieve le incomodaba la vista, las voces a su alrededor empezaron a volverse nítidas, sintió el calor de un abrazo rodeándole el cuerpo, a sus ojos le tomaron unos segundos adaptarse a la blancura centelleante cuando logro ver a Sara a su lado con el rostro preocupado, a unos pasos de ella estaba Géminis con su rostro serio y frente a ella Sebastian con la mirada confundida.

Fue tan rápido como un rayo, nadie se lo esperaba y menos Sebastian, la mano de Raquel le abofeteaba el rostro impactándose de lleno y produciendo un sonido que denotaba que estaba llena de furia.

‒Jamás‒ susurró Raquel mientras recuperaba las fuerzas ‒jamás vuelvas a engañarme‒ su voz al igual que su cuerpo tiritaban.

‒Está perfectamente bien‒ dijo Sebastian volviendo la mirada, en su mejilla se marcaba la silueta de la mano de Raquel.

Raquel se abrazó a sí misma, el frío era intenso podía sentirlo en todo el cuerpo si de alguna manera pudiese sentir algo, ya que empezaba a entumírsele lentamente.

‒¡Géminis!‒ grito Sara asustada señalando la mano de Raquel hace un instante estaba completamente normal y ahora se podía notar en la yema de sus dedos que se empezaban a formar cristales que la cubrían lentamente de alguna forma parecían tener vida propia, esparciéndose gradualmente, la piel de Sara y Raquel se tornó blanquecina, morada y azul, empezaban a sufrir de hipotermia muy rápidamente en especial Raquel.

‒Tenemos que buscar un lugar seguro para resguardarnos‒ dijo Sebastian levantando a Raquel en sus brazos

Géminis en cambio tiraba de una de sus piernas sus botas estaban cubiertas de cristales que lo consumían lentamente con la intensión de atraparlo.

‒Sara‒ dijo mientras forcejeaba por soltarse.

Raquel tenía los dedos cubiertos de cristales mientras estos se tornaban morados, sus mejillas blanquecían a cada segundo, y su reparación perdía intensidad mientras su cuerpo tiritaba con fuerza.

Sara intentó erguirse, pero sus pies se hundían en la nieve como si estuviese parada sobre arena movediza cada movimiento por intensarse soltar la hundían más y más.

Géminis hizo un ademán junto a su cintura como si aferrara la empuñadura de una espada que no existía, varias runas surgieron en su brazo, otras cerca del abdomen y varias en su cadera se las podía ver a través de la camisa al ras de su cuerpo, la espada surgió de la nada materializando una hoja plateada y después la espada completa usándola para romper los cristales que aprisionaban sus piernas, el cristal se fracturó, pero se resistía a ser destruido, otro mandoble y el cristal se destruyó en miles de fragmentos, hubiese sido perfecto que ahí quedara todo, pero el cristal volvía a formarse con mayor velocidad no se liberarían fácilmente.



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En el texto hay: misterio, ficcion, sobrenarutal

Editado: 05.12.2021

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