El Contrato de las Almas Ⅱ

Los cristales fueron disparados como flechas imparables dispuestas a atravesar todo a su paso, Géminis cubrió a Sara y a Raquel con su ala, Sebastian se apartó colocándose a un lado de ellos evitando ser cubierto, el tiempo se volvía eterno con cada segundo mientras sus acciones se movían en cámara lenta, Sebastian extendió su lanza no hubo tiempo de conjurar una plegara para darle un largo adecuado para su maniobra para empeorar las cosas sus manos le hormigueaban eso en parte era bueno, significaba que no estaban congeladas del todo.

La lanza se extendió un metro más o menos, apenas se podía ver en la oscuridad, los engranajes crujieron, las poleas se balancearon, las cuerdas se tensaron lanzando uno tras de otra, cristales en forma de flechas.

Sebastian empezó a girar la lanza en frente de sí en un esfuerzo en vano, sus manos no respondían del todo y alcanzar la velocidad necesaria para detenerlas era casi imposible.

‒¡Orión!‒ grito Sebastian desesperado.

Varios cristales rozaron sus cuerpos, los que los rodearon atravesaron las puertas metálicas de la nave mientras las que se dirigían a sus cuerpos se transformaron en un polvo muy fino sin causarles daño alguno, mientras tanto las máquinas se detenían de repente llenando el espacio de un silencio absoluto.

‒Solo un puñado de personas conocen ese nombre‒ dijo una voz grave proveniente de dentro de la oscuridad de la nave ‒alguien sin miedo a perderlo todo, o alguien que lo ha perdido todo‒ la voz era grave y profunda, tenía un toque de ser muy antigua.

‒Eres tú ¿Orión?‒ dijo Sebastian incrédulo con la lanza apenas sujeta entre sus manos, a la siguiente vuelta se resbaló de sus dedos cayendo al suelo de piedra negra ‒Pero ¿Cómo? ¿No estabas atrapado con hija?‒

‒Lo estaba, es una historia larga‒ mientras Orión hablaba la maquinaria empezó a funcionar nuevamente con una cadencia más calmada y continua ‒no te preocupes por las máquinas nos iluminaran un poco, creo que tú también tienes una historia que contar‒

Sebastian supuso que se refería a aquellos que descansaban en el piso detrás de él, cubiertos con el ala de Géminis.

‒Tal parecer tienes más amigos‒ la voz de Orión era fuerte e imponente al igual que su portador, mientras las máquinas iluminaban el interior con un leve destello rojizo y amarillo a causa del calor producido, la silueta de Orión apareció en la lejanía, era alto y corpulento, su torso al igual que sus brazos eran músculos dispuestos a voltear una casa si se lo proponía, llevaba una especie de mantel que le cubría parte del torso, el estómago y las piernas, una de sus manos sujetaba un martillo muy grande que cargaba con suma facilidad ‒Es bueno saber que elegiste no estar solo…‒ Orión no pudo terminar de hablar, Sebastian se acercó abrazándolo con mucha fuerza.

‒Niño‒ dijo Orión palpando la espalda de Sebastian, no dijo nada, pero noto el cambio de su ser ‒al parecer has pasado por mucho, lo bueno es que ahora no estás solo‒

Sebastian no dijo una sola palabra, su respiración era profunda al filo de un llanto, después de lo que le había pasado a Orión a quien consideraba como un mentor y un padre, pensaba que jamás lo volvería a ver, por lo general las personas con las que se relacionaba tarde o temprano se marchaban, sea por el tiempo, la edad o las consecuencias que ha provocado con su búsqueda.

‒Tengo mucho que contarte han pasado un montón de cosas, soy un ángel bueno un ángel sin alas, tengo un mejor amigo se llama Géminis lo conocí en los calabozos de la Ciudadela, ¡Ah! Cierto estaba ahí por una falta que cometí y por eso mismo me arrancaron las alas, fui doctor en un hospital no fui tan malo, pero el trato no es lo mío, eso si las almas gemelas son asombrosas, por cierto conocí a una mujer muy testaruda se llama Arlette y ella hizo todo por si sola, también conocí a una pareja muy complicada Ina y Ani así fue como los llame, ellos eran mmm no sé cómo explicarlos, pero son asombrosos, luego Sara y Raquel a ellas las protejo porque los padres de Sara me amenazaron para hacerlo dan miedo cuando los cazadores se ponen serios‒ Sebastian no paraba de parlotear sin sentido alguno.

‒Ayuda‒ dijo Raquel tratando de quitarse el plumaje del ala sobre ella.

‒Ayúdalos primero después podrás contarme lo que has pasado, traeré algo para que entren en calor‒ señalo a varias plumas que se movían de lado a lado.

Sebastian se acercó al ala de Géminis ‒Venga amigo mío ya puedes guardarla, estamos fuera de peligro‒ dijo insistente ‒¿Amigo mío?‒ pregunto sin obtener respuesta alguna, se acercó al cuerpo de Géminis, este yacía sobre el piso de piedra negra dormido profundamente.

‒Sara y Raquel no se muevan así se van a lastimar con las plumas en especial las primarias‒

Raquel se removía bajo el ala, tantas plumas le incomodaban, notaba que era una cubierta muy espesa, todo era oscuridad lo que la desesperaba un poco, apenas escuchaba las palabras de Sebastian.

‒Para Raquel, te vas a lastimar si sigues luchando así–

Raquel se detuvo de inmediato ¿Cómo sabía Sebastian que era ella?

‒Si te preguntas como sé que eres tú, es porque Sara se abría detenido al instante, tú en cambio eres un caso perdido‒

Raquel frunció el ceño.

‒Las cobertoras mediana y mayor son de un plumaje suave‒ explicaba Sebastian mientras buscaba la manera de replegar el ala ‒con las que debes tener mucho cuidado son con las plumas de la cobertora primaria, secundaria y parte de la álula‒ retrajo las plumas con cuidado lo suficiente para poder abrir un espacio por el cual Raquel pasaría ‒los ángeles fuimos creados como guerreros, forjados para la batalla por eso es natural que usemos las alas mayormente como escudo o armas, pero igual es como una opción lo último, si perdemos las alas en combate también perderíamos…‒



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En el texto hay: misterio, ficcion, sobrenarutal

Editado: 05.12.2021

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