El Contrato de las Almas Ⅱ

ⅩⅢ

Por fin había llegado la noche, Sara y Raquel estaban recostadas sobre la cama, cansadas hasta más no poder, su entrenamiento consistía entre dibujar la runa de Orión para destruir el cristal y conocer sus propias almas dentro del círculo. Raquel vio un ápice de luz en sus pensamientos, pero apenas logro retenerlo lo que dura un parpadeo era como atrapar una luciérnaga en la noche más oscura, aunque su rastro era evidente intentar tomarla a la fuerza era imposible siempre se escapaba, lo que le frustraba estaba tan cerca y a la vez tan lejos, pero le alegro saber es que el color de su alma era su color favorito.

Sara en cambio sentía la energía de su alma como el viento que corre libre por el campo, un viento que acariciaba cada centímetro de su cuerpo, que danzaba con sus movimientos, pero que a veces era interrumpida por un vendaval que surgía de algún lugar, quería atraparla sentir su fuerza, pero apenas lograba retenerla por unos segundos antes de que esta se escapara como agua entre sus dedos, esos escasos segundos fueron suficientes para que tuviera una idea del poder de su alma, añadiendo que de vez en cuando ese vendaval la golpeaba sin aviso alguno cosa que tomaría sentido poco después, al estar dibujando la runa sobre la piel de cristal sentía el ardor en las palmas de sus manos justo en el instante que Géminis se quemaba las suyas, la conexión del contrato los unía no solo por sus almas algo que si le afectaba en su concentración, aquel vendaval que atacaba sin piedad pudiese ser el alma de Géminis junto a la de ella, en parte se sentía aliviada que las runas de Orión la protegiera de los efectos negativos del contrato, pero en su interior existía la duda de porque Géminis luchaba consigo mismo porque guardaba tanto odio en su alma y hacia quien iba dirigido.

‒Esto es asombroso‒ dijo Raquel acercándose a Sara ‒jamás pensé que podría conocer todo esto en un par de días y es excitante sabes, quiero saber de lo que soy capaz‒

‒Nunca pensé que todo esto existiera en nuestras narices‒ acompaño Sara

‒Es todo un nuevo mundo, ¿Lo imaginas? Ángeles, demonios, pecados, susurradores. Al principio me preocupaba lo que pasaría, pero cada vez que conozco una parte de este mundo oculto es como abrir los ojos‒ Raquel sonaba exhausta y emocionada.

Ambas sentían el cuerpo pesado como si hubiesen cargado sobre sus hombros el peso del mundo, cada célula de su cuerpo había sido usada para conocer sus propias almas.

De pronto un aroma dulce se mezcló con el ambiente, un aroma que endulzo los labios.

Se escucharon un par de toqueteos en la puerta.

‒Adelante‒ dijo Sara

‒A cenar‒ dijo Géminis tan frío como siempre, detrás de la puerta.

‒¿Pero qué le pasa?‒ añadió Raquel ‒tiene cara de pocos amigos, apenas dice algo y si lo dice es como si lo lanzara como una piedra caiga a quien caiga‒

Sara ladeó la cabeza, ella también tenía la curiosidad de saber que pasaba por la mente de Géminis.

‒Si llego a ser un ángel‒ se estiró Raquel ‒espero jamás ser uno así a menos que me borren mis recuerdos, solo así creo que podría entender que sea un cascarrabias‒

‒La ciudadela‒ musito Sara.

‒¿Dijiste algo?‒ pregunto Raquel que apenas la había escuchado.

‒Sebastian menciono la Ciudadela donde habitan los ángeles, me gustaría saber cómo es ese lugar y si existe también debe de existir el infierno y eso quiere decir ¿Qué existe Dios?‒

Raquel se levantó lentamente todo su cuerpo le imploraba quedarse un poco más descansando, pero el hambre era proporcional o un poco más fuerte que esas ganas.

‒También tengo mis dudas, pero esta es nuestra oportunidad‒ se estiró todo lo que pudo hasta quedar en puntillas ‒por suerte dijeron que nos aclararían todas nuestras dudas, así que debemos prepararnos para lo que sepamos hoy‒ tendió su mano a Sara que seguía mirando el techo de piedra negra.

El aroma se volvía dulzón con cada paso, se acercaban a un plato de comida que podían sentirlo en los labios, el pasillo tenía varias puertas algunas abiertas y otras cerradas de donde se podían ver una infinidad de instrumentos y herramientas guardados de algunas y en otros llenos de bloques de oricalco apilados unos encima de otros.

‒Por favor tomen asiento‒ dijo Orión mientras acomodaba la mesa.

‒Hola Sara‒ saludo Sebastian, ella le devolvió el saludo con una sonrisa suave.

Raquel esperaba que le saludara a ella también, pero en cambio le saco la lengua, lo que la enojo.

‒Tomen asiento, vamos a comer un estofado de época‒ dijo animado Sebastian

Sobre la mesa se extendía un mantel blanco, sobre ella 5 platos de cristal, afuera el clima era muy diferente que adentro, la tormenta que se desataba no paraba desde que ellos habían llegado habría sido así siempre o a causa de la fuga de Orión, esa sería una pregunta que apuntó Sara en su mente.

Sebastian cruzo una puerta con dos platos en cada mano.

‒Pueden seguir comiendo en lo que traigo los demás platos‒ acompaño Sebastian colocando un plato frente de Sara y después en Géminis.

Raquel frunció el ceño si lo hacía con intención de hacerla enojar, lo estaba logrando.



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En el texto hay: misterio, ficcion, sobrenarutal

Editado: 05.12.2021

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