El Contrato de las Almas Ⅱ

Existía un leve atisbo de tristeza en el ambiente, la mañana surgió como todas a excepción de que está seria posiblemente la última vez que verían a Orión.

‒Espero puedas rescatar a tu hija‒ dijo Sebastian.

‒No te preocupes por mí, preocúpate por la decisión que acabas de tomar y si alguien tiene que pagar por ello que seas solo tú‒ dijo Orión con una voz profunda llena de calma.

Sebastian tomo la lanza que ataba a su espalada baja, con un movimiento y una plegaria corta, la lanza se extendió un metro de largo.

‒No tienes nada de qué preocuparte te prometo que los cuidaré, al fin y al cabo, me caen bien‒ sonrió intranquilo.

Agarro un martillo sobre la mesa hecha de piedra negra, sopeso sobre sus manos buscando el ángulo correcto, apretó el mango con fuerza suficiente y de un tajo lo golpeo contra la hoja de su lanza, varias chispas salieron de la misma apagándose en un instante, del golpe se desprendió una astilla de la hoja de la lanza.

‒Fue bueno volverte a ver, sabes‒ dijo recogiendo la astilla para luego entregársela.

Orión tomó la pequeña astilla que media apenas un par de centímetros y así uniéndola con la espada de cristal que seguía al rojo vivo, había tomado varios días en su construcción era la última opción que tenía para salvar a su hija Júpiter, si no lo lograba ambos perecerían y así podría de alguna forma tener en paz el alma de su hija y reunirse con su amada este donde este.

La espada pasó del rojo intenso a empezar a enfriarse con rapidez, la hoja relucía perfecta y lisa sin ninguna imperfección a excepción de las runas que la decoraban en la hoja, para que funcionaran Orión uso su propia alma en cada runa, su propia alma estaba grabada en la espada de ahí la preocupación de Sebastian por su maestro a quien consideraba como un padre.

‒Si todo sale bien, podríamos ir a por algo de comer, tu hija se debió de perder de muchas cosas en estas décadas y a ti te hace falta salir un poco de este lugar, un baño,  dos, o tres quitando todo ese hollín que acumulas y quedaras como nuevo alguien como tu podría conseguir…‒ Sebastian parloteo como extendiendo aquel instante, el portal estaba completo, solo se necesitaba la runa de activación que los llevaría de nuevo a la ciudad de donde partieron ‒además encontré una panadería que vende unos panes para morirse, sabes también viaje por el mundo construí varias casas un par más que la última vez, si tú hija necesita un lugar donde descansar‒ la voz de Sebastian se quebraba ante la tristeza ‒tú también podrías estar ahí como una familia‒ resistió lo más que pudo, pero rompió en llanto sobre el hombro de Orión.

‒Tranquilo niño‒ dijo Orión colocando su mano sobre el cabello alborotado de Sebastian ‒todo saldrá bien‒

Posiblemente, aquella sea la última vez que se verían, ambos tomarían caminos separados que los alejarían por mucho tiempo uno que posiblemente no tenga retorno.

‒Las runas‒ dijo Sara acercándose por el pasillo, había escuchado las palabras de Sebastian a lo lejos al igual que sus lágrimas derramándose por lo que interrumpió hasta el último instante ‒las runas del espejo empezaron a brillar‒ añadió notando el abrazo de un padre a su hijo, en Orión sentía la tristeza y la esperanza que crecía poco a poco, pero en Sebastian no podía identificar emoción alguna, aunque si noto que sorbía con su nariz mientras se limpiaba las lágrimas de los ojos.

‒Al mal tiempo, buena cara ¿no?‒ dijo Sebastian guardando la lanza en el estuche atrás de su espalda ‒aunque lo que va a pasar será mi propia tormenta‒ suspiro.



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En el texto hay: misterio, ficcion, sobrenarutal

Editado: 05.12.2021

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