El Contrato de las Almas Ⅱ

Capítulo Ⅴ

Varios días antes, cuando Sebastian cruzo el portal de regreso a la ciudad*

Sebastian conducía el automóvil rumbo a la ciudad, encontrar la casa vacía fue un golpe directo a su corazón, no era la primera vez que pasaba ni la última, ya estaba acostumbrado a que la gente se alejase sea por un motivo ajeno o por su propia mano, por lo que ver la casa vacía sin Amelia ni Oliver era algo que esperaba en el instante que piso tierra pasando por el portal.

‒La casa seguirá ahí tal y como la dejaron si desean algún día volver‒ dijo a nadie en específico, se preguntó cuántas veces había dicho lo mismo después de que todos se fueran, había perdido la cuenta al igual que el recuerdo de varios más tras el camino.

Presiono el botón de volumen de la radio tratando de que la canción tapara los pocos recuerdos que logro conservar de su extensa vida, algunos eran borrones que fácilmente podrían desaparecer en cualquier instante, mientras otros eran recuerdos que jamás olvidaría en especial el de su amada.

Condujo calculando el tiempo que le tomaría llegar a la ciudad, ir a un museo que conectase con el suyo y poder corroborar el estado de su amada, sabía que las runas que la rodeaban eran indestructibles ni una bomba atómica podría destruirlo cosa que quiso intentar más de una vez.

El motor rugió mientras el acelerador provocaba que su velocidad aumentara estaría en unos minutos en la ciudad con el mensaje grabado en alguna parte cerca del edificio derrumbado, tenía que ser un lugar visible y a la vez no, uno que los padres de Sara pudieran ver, pero que otra persona no.

La ciudad seguía sumida en el caos, la gente corría cargando en sus brazos a los heridos, mientras las demás ayudaban en el rescate de quienes permanecían debajo de los escombros.

‒Se calcula que el número de heridos podría bordear los cientos solo en esta ciudad‒ dijo una reportera ‒el epicentro de los temblores sigue siendo punto de discusión de varios expertos, algunos aseguran que son cerca de la costa mientras otras apuntan en distintos puntos del país, no se reportan réplicas después de los temblores algo que ha conmocionado a la comunidad científica que declara que este fenómeno está fuera de nuestra comprensión‒

Sebastian apenas escucho las últimas palabras mientras aparcaba para luego alejarse rápidamente, no tenía tiempo que perder, aunque el tiempo estimado para que el portal permaneciera activo era cerca de 4 horas más o menos, tenía que volver pronto, sino se cerraría y estaría esperando a los demás en una casa vacía, cosa que quería evitar.

Busco el museo de aquella ciudad recorriéndola a paso veloz, se detuvo a preguntar varias veces las calles de donde podría encontrarla, pero la gente estaba ocupada rehaciendo sus vidas y ayudando a los heridos por lo que, recorrió sin rumbo fijo hasta encontrarla, estaba llena de grietas en sus paredes y sus columnas, era difícil saber si resistirían lo suficiente como para que él pudiera entrar, solo necesitaba una señal de su museo, necesitaba saber que todo estaba bien.

Esquivo ágilmente varios guardias que custodiaban la entrada evitando que alguien cruzara las puertas con las intenciones de substraer algo de adentro, pero Sebastian gracias a su glamour que lo ocultaba de la realidad logro escabullirse con cierta facilidad, el glamour puede cubrir todo su ser aprovechándose de la conciencia de los seres humanos para volverse un recuerdo a muy corto plazo, pero eso no implicaba que podía ocultar los sonidos o los disturbios que provocaba a su paso.

Por lo que se escabullo en cuclillas evitando tocar los restos de escombros o cualquier otro material que estorbara en su camino.

Una vez dentro del museo silbo una melodía, al principio el eco se hizo presente aquello le confirmaba que la conexión con su museo era inexistente, pero esa era la única manera de saber si seguía en pie, de tener la certeza de que no le había pasado nada.

Silbo con la esperanza de una respuesta, lo intentaría un par de veces antes de marcharse resignado y con la esperanza férrea de que su amada estaría a salvo.

Su último silbido apenas produjo eco alguno, recorrido las diferentes salas esperando una respuesta, pero no obtuvo nada que se le pareciera, resignado se alejó hacia la salida cuando escucho apenas audible la continuación a la melodía que silbaba.

Sebastian sonrió tan fuerte que le dolieron las mejillas, aquella canción pertenecía a su museo, estaba bien, estaba segura, pero a causa de lo sucedido se habría encerrado a sí misma por lo que era imposible ingresar a ella, aquella melodía era como un susurro que se escabullía por las rendijas de una puerta cerrada.

‒¡Estoy bien!‒ grito por el pasillo ‒¡Te prometo que estaremos juntos en cuanto todo esto acabe, te tengo muchas cosas que contar!‒ aquellas palabras iban dirigidas no al museo sino a su amada petrificada.

Ya con el corazón rebosante de esperanza se dirigió al edificio donde vivía el padre de Sara para tomar su daga y dejar el mensaje, nada podía detenerlo, o eso era lo que pensaba.



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En el texto hay: misterio, ficcion, sobrenarutal

Editado: 05.12.2021

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