Mientras tanto, Chloe seguía informando la situación.
—Confirmado visualmente: siete naves clase Delta, avanzando en formación cerrada de asedio total.
—¿Naves clase Delta? —repitió Miguel entrecortadamente, sintiendo cómo el pánico frío quería apoderarse por completo de su cuerpo y de sus pensamientos.
—Cada nave de este modelo tiene capacidad de transporte para aproximadamente quince guerreras de élite completamente equipadas —le explicó Chloe sin reducir la velocidad ni un ápice mientras avanzaban por los corredores—, cifra que no incluye a sus dos pilotos titulares ni a la unidad sintética modelo S.E.L.E.N.E. asignada de forma permanente a cada una. Todas han activado ya su perfil operativo en modo batalla máxima.
Se desplazaban a toda velocidad por los pasillos interiores con Neliel siempre en la cabeza del grupo, marcando el camino, coordinando rutas alternativas de escape y dando nuevas órdenes cada pocos segundos por el canal de comunicaciones. Las luces generales de la instalación fluctuaban sin parar, encendiéndose y apagándose rítmicamente, bañando todo de claridad y oscuridad de forma intermitente.
—¡Informe de estado inmediato de la Hekate! —exigió Neliel.
—Permanece intacta y en modo furtivo total —respondió Chloe al instante, recibiendo los datos directamente en su mente—. Los sistemas de camuflaje activo permanecen operativos y funcionando al cien por cien desde que se activaron por última orden suya. Sin embargo, la energía disponible para mantener tanto el camuflaje como el escudo estructural al mismo tiempo es limitada y se está consumiendo de forma acelerada por la interferencia enemiga; estimación más optimista: una hora como tiempo máximo antes de que se produzca la sobrecarga irreversible del núcleo principal.
—Es tiempo más que suficiente —sentenció Neliel con total seguridad y determinación—. Estaremos fuera y lejos de aquí muchísimo antes de que se agote.
Se detuvieron de golpe en una encrucijada de pasillos cuando una nueva explosión muy cercana y potente sacudió violentamente toda la estructura a su alrededor, haciendo que el techo soltara una lluvia espesa y continua de polvo, fragmentos de concreto y cables colgando.
—Van a priorizar como objetivos principales las naves de linaje real que aún queden en las plataformas —analizó en voz alta mirando a Colneth y Brista—. Matriarcas, es imperativo que vengan conmigo y suban a la Hekate. Es con diferencia nuestra mejor y única oportunidad real para salir vivas de aquí.
Elthindra asintió con la cabeza con determinación absoluta y la mirada de acero.
—Que así sea, Neliel, confiamos plenamente en tu criterio y en tu nave.
La Princesa se giró de inmediato hacia su grupo de consejeras y hacia las dos unidades sintéticas modelo Daysi que la habían acompañado en todo momento desde el principio.
—Ustedes tomen la nave de emergencia rápida que se encuentra en el hangar del ala sur. En cuanto despeguen, pongan rumbo directo y seguro hacia el sector remoto donde se encuentra mi madre, y allí esperen sin hacer movimientos arriesgados ni transmitir señales que puedan ser rastreadas hasta recibir instrucciones mías; yo misma me pondré en contacto con ella en cuanto estemos fuera de peligro y tengamos un canal limpio.
Las consejeras y las dos Daysi obedecieron sin rechistar ni preguntar nada, separándose del grupo principal en la primera bifurcación y tomando el pasillo lateral que las conduciría hacia su ruta de huida, mientras el resto seguía avanzando con paso firme y rápido hacia el hangar principal.
En ese preciso instante, una segunda descarga energética, muy parecida a la primera aunque de menor potencia, impactó no muy lejos y la sacudida que provocó fue tan fuerte que el suelo mismo del pasillo justo frente a ellos se abrió de forma violenta y súbita, creando de la nada una grieta profunda, oscura y ancha de varios metros que se tragó todo el camino por el que venían.
Valyra reaccionó con una velocidad sobrehumana mucho antes de que el propio cerebro de Miguel pudiera siquiera procesar el peligro que corría o entender lo que estaba pasando. Lo tomó por completo con un solo brazo fuerte alrededor de la cintura, levantándolo del suelo con total naturalidad y sin el menor esfuerzo, como si el hombre pesara lo mismo que una simple pluma, y saltó hacia un lado apartándolo del vacío y de la zona de impacto apenas una fracción de segundo antes de que vigas, bloques de techo y toneladas de material colapsaran justo en el punto donde él había estado parado un instante antes.
Miguel cayó de rodillas con fuerza sobre el suelo firme del otro lado de la enorme fisura, tosió sin parar y tuvo que cerrar los ojos durante unos segundos por la nube espesa de polvo gris que lo envolvió por completo.
—¿Estás ileso, te ha dolido algo? —le preguntó Valyra con mucha rapidez, mientras sus ojos recorrían cada centímetro a su alrededor buscando nuevas amenazas antes incluso de que él pudiera respirar bien.
—Estoy bien, eso fue… —Alcanzó a responder con dificultad, intentando sin éxito enfocar bien la vista a través de la niebla de partículas que llenaba todo el aire.
La grieta abierta en el piso era inmensa, una falla limpia de más de diez metros de ancho en su parte más estrecha y una profundidad oscura que bajaba varios niveles hacia abajo, y por unos instantes los había separado físicamente del resto del grupo que se había quedado momentáneamente del lado contrario.
Valyra miró el abismo negro una sola vez, midiendo la distancia con la mirada como si fuera un pequeño escalón más.
—Vamos a cruzar ya de una vez —dijo con total naturalidad y calma, como si estuviera comentando el tiempo que hacía afuera.
Miguel la miró fijamente con absoluta incredulidad dibujada en todo el rostro.
—¿Cómo dices que vamos a hacer? ¿Tienes intención de saltar de verdad? ¡Valyra, eso son más de diez metros de ancho y un vacío enorme en medio, es físicamente imposible que…!
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Editado: 30.09.2026