El Corrimiento al Rojo

Capítulo 11

Sin embargo, para una Inquisidora de la Orden, aquellas palabras bien intencionadas y lógicas no fueron recibidas como tal, sino que se transformaron de inmediato en el insulto más grave y ofensivo que se le podía dirigir, una afrenta directa a todo lo que su cargo, su entrenamiento y su fe representaban. El rostro de Bonkia se endureció al instante hasta adquirir una rigidez tal que parecía tallado en piedra fría e inamovible; el color intenso de sus ojos se encendió por dentro con una furia fanática, antigua y descontrolada, y sin molestarse en responder con una sola palabra, ni siquiera con un gruñido breve, soltó un grito de rabia primal y desgarradora que pareció partir el aire mismo que la rodeaba.

Impulsada por toda esa fuerza emocional y física acumulada, salió disparada hacia adelante en una carrera veloz y cerró la distancia que la separaba de Valyra en un abrir y cerrar de ojos, descargando todo el peso de su cuerpo y su potencia en un solo puño que conectó de lleno y con toda precisión en el centro del rostro de su contrincante. El impacto fue tan directo que el cuerpo de Valyra salió despedido hacia atrás varios metros de golpe, perdiendo todo contacto con el suelo y deslizándose después con violencia sobre la superficie irregular, chocando contra montones de escombros y haciendo saltar piedras y fragmentos de metal por todos lados, hasta que por fin su trayectoria se detuvo por completo y quedó cubierta de inmediato por una nueva nube espesa de polvo y tierra levantada por el movimiento.

Pasaron unos segundos de silencio relativo en ese punto, mientras el polvo seguía suspendido en el ambiente, y fue entonces cuando desde el interior de aquella neblina opaca se empezó a ver la silueta de Valyra que se incorporaba muy poco a poco, sin prisas ni apuros. Permaneció sentada sobre el suelo unos instantes, llevándose con calma una mano hasta la línea de la mandíbula y moviéndola suavemente de un lado a otro.

—Realmente no me esperaba la fuerza ni la velocidad de ese golpe… tengo que admitir que dolió un poco —murmuró en voz muy baja, casi como si estuviera hablando consigo misma y con nadie más, y en su tono se notaba mucho más la molestia por la sorpresa inesperada del impacto que el dolor físico o el daño real que este le hubiera podido causar.

Al retirar la mano del rostro, se podía ver que su piel, de por sí muy pálida, había adquirido un tono rojizo intenso y bien marcado en toda la zona de la mejilla donde había recibido el golpe, pero no había rastro de sangre ni de cortes profundos.

En ese preciso momento, el aire circundante volvió a vibrar con fuerza bajo la onda expansiva de dos nuevos impactos que llegaron casi al mismo tiempo, con una precisión milimétrica en su punto de caída: Coina y Dholar acababan de aterrizar a ambos lados de Bonkia, ubicándose de forma inmediata y calculada para flanquearla por completo y cerrar al mismo tiempo cualquier vía de escape o línea de avance que pudiera tener Valyra, formando un frente sólido y unido de tres contra una.

Ambas eran, sin lugar a dudas, las mismas integrantes de la Orden que habían acompañado a Bonkia y a su líder, Vax, durante la inspección oficial que realizaron al interior de la nave.

—Ahora sí las cosas han cambiado y se pusieron interesantes —dijo Coina con voz ronca y arrastrada, mientras ladeaba despacio la cabeza y recorría de arriba abajo el cuerpo y el rostro de Valyra con la mirada, evaluándola con frialdad como si fuera una pieza delicada de porcelana blanca que solo estuviera esperando el momento preciso para ser rota en mil pedazos pequeños—. A partir de este momento, nosotras tres nos encargaremos personalmente de hacerle mucho, mucho daño a ese rostro tan lindo y tan hermoso que presumes de tener.

Valyra frunció el ceño de forma muy marcada y genuina, mostrando una confusión absoluta y sin disimulo alguno ante la elección tan particular de palabras que acababa de escuchar, sin lograr comprender del todo el sentido ni la intención oculta tras ellas.

—¿Lindo?… —¿Hermoso? —repitió en voz baja y muy lenta, mirando brevemente hacia el vacío frente a ella como si estuviera dando vueltas a esos términos dentro de su cabeza, tratando sin éxito de encontrarles un significado útil o aplicable a la situación de combate en la que se encontraban.

Ignorando por completo la intención hiriente y agresiva del comentario, Valyra levantó de nuevo la vista con calma y, en cuanto logró verlas con toda claridad y detalle, su expresión cambió de golpe y se iluminó por completo con un reconocimiento casi alegre y muy sencillo, como si de repente hubiera logrado resolver un acertijo de lo más fácil e infantil.

—¡Ah, claro que sí! Ahora ya las recuerdo perfectamente —exclamó con naturalidad, dejando escapar una pequeña sonrisa suave y tranquila en los labios—. Ustedes dos también estuvieron presentes dentro de la nave en su momento, ¿no es así?

Hizo una pausa muy breve para respirar hondo y profundo, acomodando poco a poco la postura de todo su cuerpo y flexionando suavemente las rodillas para ganar estabilidad y equilibrio, hasta adoptar una posición de combate clásica, firme y cargada de seguridad.

—Entiendo perfectamente por qué actúan así y por qué están tan molestas.

Continuó con la misma calma de antes, como si estuviera explicando algo obvio para todo el mundo.

—Es lógico que se sientan así, después de que lográramos escaparnos de entre sus manos sin que pudieran evitarlo. Yo también me sentiría un poco molesta y frustrada si estuviera en su lugar, y más aún sabiendo de sobra lo poco indulgente y lo estricta que es la Orden ante este tipo de fallos y errores cuando tienen que dar explicaciones ante sus superiores jerárquicos. Bien, de todas formas, no hay ningún problema ni objeción de mi parte. Puedo combatir contra las tres al mismo tiempo.

No era en absoluto una frase dicha por arrogancia, soberbia o ganas de humillar; se trataba simplemente de una afirmación factual, expuesta con total naturalidad, basada únicamente en la estimación interna y muy precisa que Valyra tenía de sus propias capacidades físicas y de combate, puestas en comparación directa con lo que hasta el momento había podido observar de cada una de sus tres oponentes.




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