El Corrimiento al Rojo

Capítulo 14

Miguel asintió con la cabeza de forma inmediata y comprensiva, dándose cuenta de golpe del cansancio pesado que empezaba a pesarle en los párpados y en las extremidades, y todos comenzaron a caminar juntos en dirección a la cocina y las zonas de descanso, con paso tranquilo y relajado por los pasillos curvos y bien iluminados de la nave, cuando, de pronto, la voz de Chloe, que hasta ese momento había sido una constante de calma técnica, neutralidad y orden, cortó el aire de golpe con una nitidez y una urgencia que heló la sangre a todos al mismo tiempo.

—Comandante, mis sistemas han interceptado una transmisión proveniente directamente de la Orden de Celestara. Está catalogada como extensión completa y de alcance galáctico. No se trata de una señal de flota ni de comunicaciones entre naves; es una proclama oficial abierta, emitida simultáneamente en todas las frecuencias helíacas. Comenzará en 3 minutos.

Neliel se tensó de forma visible e instantánea desde los hombros hasta la punta de los dedos; todo su cuerpo se volvió rígido como una estatua de acero, y sus ojos buscaron con rapidez y precisión los de Chloe, para desviarse de inmediato hacia el pasillo por donde acababan de aparecer las tres matriarcas, que salían también del puente acompañadas de sus guardianas personales, con expresiones serias y la misma sospecha pesada en el rostro, y fue entonces cuando pronunció las cuatro palabras que cambiaron por completo la atmósfera de toda la nave.

—Debemos ir al Solarum.

Con un gesto seco, breve y autoritario con la mano, Neliel indicó a todo el grupo que se moviera de inmediato en esa dirección, sin demoras ni preguntas por el camino.

—Síganme. Miguel, tú también vienes con nosotras —ordenó sin dar lugar a réplica.

Cuando las grandes puertas dobles del Solarum se abrieron finalmente y todas entraron, se notó de inmediato que ni una sola de las presentes relajaba la postura ni bajaba la guardia ni un ápice; todas permanecían erguidas, atentas y listas para lo que fuera a llegar.

Chloe no perdió ni una milésima de segundo en cuanto todos estuvieron dentro y las puertas se volvieron a cerrar herméticamente tras ellos.

Sin esperar siquiera a recibir una orden verbal adicional, activó los mecanismos principales de la sala, y desde el suelo liso y pulido en el medio del espacio surgió por completo un holograma de escala gigante, tan nítido y real que parecía tener cuerpo y volumen propios.

La figura femenina que emergió poco a poco dentro de aquella luz fue, para Miguel, la definición misma de una pesadilla hecha de geometría perfecta, frialdad absoluta y elegancia aterradora. Casi todo su rostro permanecía oculto bajo una malla metálica construida con tecnología nanoscópica, idéntica en estructura y función a la que tenía la Sacerdotisa con la que Vax habló, pero esta no era de color verde, sino de un rojo sangre tan profundo y vibrante que parecía brillar con luz propia. Sobre su superficie, complejos patrones geométricos fluían, se entrelazaban y se transformaban sin cesar de forma casi imperceptible, cubriendo por completo sus ojos, sus oídos y su nariz, y dejando al descubierto únicamente sus labios, de un tono carmesí natural, gruesos y perfectamente definidos, que eran la única parte de su expresión que podían leer. Llevaba el cabello recogido en una coleta larga, lisa, brillante y de un color rosa pálido impecable, que caía recta por toda su espalda sin que ni un solo cabello se saliera de su lugar ni rompiera la simetría perfecta de su figura.

Miguel sintió de inmediato una opresión fuerte y dolorosa en el centro del pecho, un rechazo instintivo, antiguo y biológico que no podía explicar, ante aquella presencia que irradiaba una sensación de superioridad gélida, antigua y absoluta que nada ni nadie parecía capaz de cuestionar. A su lado, Neliel apretó con fuerza la mandíbula hasta que se marcó el músculo bajo la piel y pronunció muy bajito, casi sin aire, un solo nombre que sonó en el silencio.

—Zath…

[Zath: Guardiana del Velo: Guerrera Primordial. Señora del Vacio]

La figura dentro del holograma hizo una pausa larga, rítmica y calculada, y entonces comenzó a hablar.

—Hijas de Celestara… —resonó la voz de Zath, llenando cada centímetro cúbico del Solarum.

—Se nos ha informado de una perturbación grave en el flujo de la pureza genética y del orden establecido. Una anomalía que desafía no solo el conjunto de nuestras leyes, sino la estructura biológica misma sobre la que se basa toda nuestra existencia. Lo que hasta hace poco no era más que un rumor confuso y sin confirmar ha dejado de serlo: la traición ha salido a la luz y se ha convertido en una herida abierta, sangrante y peligrosa…

—Tengo lamentables noticias para todas ustedes —anunció Zath, y sus labios carmesíes se movían con una precisión tan exacta, tan medida y tan constante que producía una sensación casi hipnótica en quien los miraba—. La comandante suprema de la Hekate IX, Neliel Vhailen, desafortunadamente nos ha traicionado, como ya todas sabemos. Ha estado manipulando y experimentando directamente con el cromosoma Y, poniendo en riesgo la vida, la salud y la continuidad de millones de mujeres en todo el universo conocido —continuó la guardiana del velo, estructurando cada frase, cada cargo y cada sentencia con la frialdad impasible y perfecta de un algoritmo que solo ejecuta reglas sin miramientos—. Como todas saben perfectamente, eso es algo absolutamente inaceptable para nuestra doctrina… y todo delito de esta magnitud debe ser castigado con todo el peso de la ley.

Zath guardó silencio otra vez, una pausa calculada al milímetro con la única intención de permitir que el peso y la gravedad de cada palabra dicha hasta ese momento se hundieran en la mente y en la conciencia de cada espectadora que sintonizaba la señal en cualquier punto de la galaxia. Luego, el tono de su voz cambió muy levemente, volviéndose aún más afilado, más cortante y frío que antes.




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