Lyra
Si algo aprendí en mis primeras cuatro horas a bordo del Sombra del Viento, es que el trabajo duro de cubierta no tiene absolutamente nada de divertido. Un barco debe ser la cosa más inestable del mundo o es que yo me mareo con nada porque estoy que me vomito
Tenía las manos rojas, hinchadas por el frío del balde, y la espalda molida de fregar la madera con un cepillo de cerdas duras que parecía diseñado para torturar a la tripulación. Para colmo, el maldito viento de las alturas no ayudaba en nada: cada vez que lograba secar una tabla, una ráfaga traía la humedad de las nubes y tenía que empezar de nuevo. Todo bajo la mirada burlona de Jax desde el timón y las risitas fugaces de Freya, que me observaba colgada de una cuerda en el mástil
Lo peor de todo no era el cansancio ni el viento salado que me congelaba las orejas; era la venda de mi muñeca izquierda. El trapo mugroso se había mojado por completo con el agua del balde y amenazaba con soltarse en cualquier momento. Cada dos minutos tenía que hacer una pausa disimulada, darle la espalda al timón y apretar el nudo con los dientes, aterrorizada de que la piel rojiza y grabada a fuego quedara al descubierto ante los ojos de cualquiera de estos lunáticos
—Oye, Fosforito, no te pagamos por descansar —retumbó la voz de Jax desde la popa, apoyado con una soltura insoportable sobre el timón mientras bajaba la vista hacia mi cabello naranja—A menos que quieras que te ponga a limpiar el casco por fuera colgada de un arnés, te sugiero que le des con más ganas a ese cepillo.
—¡Me llamo Lyra! —le espeté sin mirarlo, apretando los dientes hasta que me dolió la mandíbula—¡Y no me pagan nada, para tu información!
—Punto a favor de la polizón, capitán —gritó Freya desde la cofia, soltando una carcajada estridente mientras balanceaba las piernas en el aire
—Nadie pidió tu opinión Freya —respondió Jax sin perder la calma ni la sonrisa torcida—O bajas a revisar las cuerdas del trinquete o te descueno la ración de ron esta noche.
—Pruébalo y te pongo algo amargo en la medicina la próxima vez que te abras la cabeza, capitán —le devolvió ella
Antes de que pudiera soltarle otra respuesta ácida a Jax, Kira apareció en el pasadizo inferior con los brazos cruzados sobre la pechera de cuero. Miró el suelo impecable, luego a mí y finalmente a Jax.
—Ya terminaste con la cubierta, Lyra. Recoge tus cosas. Vas para la cocina.
—¿A la cocina? —preguntó Jax, alzando una ceja con ironía— ¿Y si nos envenena? Siento que esa pelirroja me tiene cierto rencor guardado.
—Si te envenena, le doy el puesto de capitana —sentenció Kira con tono seco, haciéndome un gesto para que la siguiera.
Guardé el cepillo con un alivio enorme en el pecho, aunque la idea de meterme a una cueva oscura bajo la cubierta no sonaba mucho mejor. La cocina resultó ser un espacio reducido y sofocante, atestado de sacos de granos, frascos amarrados con cuerdas para que no salieran volando con los vaivenes de la nave y un fogón de hierro que soltaba un humo denso y con olor a grasa quemada.
Allí estaba Nilo. El navegante no parecía para nada el tipo analítico que me había imaginado cuando lo vi con los mapas aunque teniendo en cuenta que grito como damisela en apuros cuando me encontró pues tiene sentido; estaba de pie junto a una mesa de madera, sosteniendo un cuchillo con la mano temblorosa mientras miraba fijamente un tazón con agua que vibraba sobre el mesón.
—¿El impacto del viento de las tres?... No, no, si las corrientes cambian a esta altura nos vamos a estrellar contra las rocas... —murmuraba para sí mismo, con los ojos bien abiertos por el pánico y el sudor frío marcándole la frente—Un tirón en la caldera de Tarek y terminamos todos en el fondo del abismo... o peor, aplastados por la presión...
—Hola —dije, dando un paso cauteloso hacia adentro y limpiándome las manos en la falda.
Nilo dio un salto sobre su sitio, dejando caer el cuchillo sobre la mesa con un estrépito metálico que lo hizo palidecer aún más. Se llevó las manos al pecho como si fuera a sufrir un colapso ahí mismo.
—¡Por los dioses! —exclamó con la voz enredada, mirándome como si hubiera visto un espectro osea tal vez sea fea Pero tampoco para que se asuste asi— No... no hagas eso. No entres así. Mis nervios ya están bastante destrozados con los giros locos que da Jax arriba. Si la nave pierde estabilidad por un movimiento brusco, el centro de gravedad colapsa y terminamos girando en espiral hacia el suelo.
—Tranquilo, solo soy la sirvienta improvisada —dije con cierta ironía, rodando los ojos mientras me acercaba a la mesa—Sé cocinar de forma aceptable. ¿En qué ayudo antes de que tu corazón explote?
Nilo se acomodó el pañuelo oscuro del cuello con dedos torpes, respirando agitadamente, y señaló con el cuchillo un tazón lleno de verduras arrugadas y tristes.
—Corta esos rábanos para la sopa. Rápidamente, antes de que la temperatura de la caldera cambie y se nos dañe el caldo... o peor, que el fuego atrape un escape de gas del motor y salgamos volando en mil pedazos por encima de las nubes.
Agarré el cuchillo, probé el filo con el pulgar y examiné la verdura. Estaba dura como una piedra.
—Esto quedaría mucho mejor con zanahorias —comenté, empezando a picar los rábanos sobre la tabla de madera con cortes aceptables— Le daría un sabor más dulce y no sabría a agua de pozo viejo.
—Lo sé —respondió Nilo en un susurro apresurado y paranoico, mirando hacia la escotilla de la cocina como si temiera que el aire mismo tuviera orejas— Ya lo sé. Pero el capitán Jax detesta las zanahorias. No soporta su sabor. Dice que huelen a tierra de muelle barato y se niega rotundamente a subirlas a la nave.
—¿En serio? —solté una risita burlona—El gran capitán descarado le tiene miedo a una verdura naranja. Qué madurez.
—¡No te rías! —suplicó Nilo, bajando aún más la voz y ajustándose el pañuelo—Si ve una sola rodaja naranja en su plato, es capaz de tirarme por la borda... y francamente, la caída de diez mil metros me mataría de un ataque al corazón mucho antes de tocar el suelo. Así que pica los rábanos y no menciones la palabra con 'Z' mientras estemos en el aire, y no es miedo es que no le gustan
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Editado: 23.09.2026