El Cuarto Trazo: El despertar

CAPITULO 20: ENTRE AMIGOS

El Sombra del Viento se inclinó con una violencia desmedida, girando sobre su propio eje para esquivar otro dproyectil que estalló a pocos metros en una bola de fuego y humo denso. Las tablas de la cubierta, humedecidas por el vapor de las nubes, se convirtieron en una pista de hielo bajo mis botas. Mis pies patinaron sin control.

​Un grito ahogado se me quedó atrapado en la garganta cuando el suelo pareció desaparecer bajo mí. El vacío blanco de las alturas se abrió a mi lado, un abismo infinito y silencioso que amenazaba con tragarme. Sentí que el estómago se me encogía y que mis dedos, aferrados a la nada, no encontraban dónde sostenerse pensé que era el fin, que mi cuerpo caería directo hacia las profundidades de Tierra Firme sin dejar rastro

​Pero, justo cuando el viento helado me golpeaba el rostro con fuerza de sentencia, una mano se cerró con brutal exactitud alrededor de mi muñeca. La tensión del tirón me detuvo en seco, arrebatándome el aliento.

​—Te tengo —dijo Jax

​Su voz no sonó como una orden, sino como un murmullo grave y firme que atravesó todo el caos del combate. Con una fuerza impresionante, tiró de mí hacia arriba, arrastrándome de vuelta a la cubierta. Pero el impulso del rescate fue demasiado rápido tropecé contra su pecho y ambos quedamos acorralados contra la madera gruesa del palo mayor, protegidos por la sombra del mástil mientras los cañonazos seguían retumbando a lo lejos.

​El mundo exterior pareció desvanecerse por un instante. Su mano derecha seguía sujetando la mía con firmeza, aferrándome contra él, mientras la otra se apoyaba en la madera, justo al lado de mi cabeza, dejándome atrapada entre el barco y su cuerpo

​Podía sentir el calor intenso que desprendía, el ritmo acelerado de su respiración golpeando suavemente contra mi frente y el olor a sal, pólvora y cuero helado que lo envolvía,.estaba muy cerca

​Nuestros ojos se encontraron. Apenas unos centímetros nos separaban.

​—¿Estás bien? —murmuró, con la voz más baja, tan cerca que su aliento me rozó la mejilla

​—Sí... —susurré, apenas capaz de articular palabra, sintiendo que el corazón me iba a estallar en las costillas. Ninguno de los dos se echó hacia atrás. La tensión entre nosotros era más pesada y peligrosa que los propios disparos del barco enemigo

​—¡Ay, Dios mío, casi la perdemos! ¡Nos van a matar a todos, esto es el fin del mundo! —el quejido histérico de Nilo al otro lado de la cubierta cortó el aire como un látigo, rompiendo el hechizo que nos rodeaba

​Jax parpadeó, volviendo en sí de golpe. Soltó mi muñeca con una lentitud casi involuntaria, como si le costara romper el contacto, y de inmediato se reacomodó la pañoleta sobre la frente con un movimiento rápido para ocultar su secreto.

​—no te separes del mástil —dijo, recuperando el tono duro de capitán

​Me quedé allí, apoyada contra la madera, apoyando una mano sobre mi pecho agitado

Logramos escapar de la embestida de aquel barco mercenario, perdiéndolos entre la bruma espesa. Sin perder un segundo, Kira tomó el timón y corrigió el rumbo, guiando el Sombra del Viento hacia la silueta suspendida de una isla flotante. Amarramos el barco con firmeza a los muelles de piedra y bajamos a tierra firme respirando agitados

​—¿Y qué pasa si vienen? —dijo Nilo, mirando neurótico a todas partes, retorciéndose las manos como si en cualquier momento fuera a llover fuego del cielo— ¡Podrían estar siguiéndonos el rastro entre las nubes! ¡Podrían estar desembarcando justo ahora por el otro lado de la isla!

​—Tranquilo, Nilo, nadie morirá, solo quieren el cargamento —lo tranquilizó Tarek, dándole un palmadazo en el hombro que por poco lo manda directo al suelo

​—¡Fácil para ti decirlo, que mides dos metros y peleas con un hacha del tamaño de mi torso! —chistó Nilo, sobándose el hombro y mirando a Tarek con indignación— ¡A mí no me consuela que quieran el cargamento si nosotros estamos pegados a él!

—¡Cállate Nilo o te callo! Te estás comportando como una vieja histérica —lo interrumpió Freya, dándole una mirada cargada de rabia

​Nilo se llevó una mano al pecho, abriendo la boca de par en par con indignación pura

​—¡Increíble! Ahora soy histérico simplemente porque no quiero morir —dijo Nilo, alzando las manos al cielo en un gesto dramático— Resulta que tener instinto de supervivencia en este barco es un defecto . Disculpen si prefiero conservar la piel completa en lugar de terminar servido como plato principal para un cañón mercenario o si no tengo el instinto suicida que tienen ustedes

​Tarek negó con la cabeza, soltando una risotada baja mientras se sentaba en el borde de la isla

​—Nadie va a morir, Nilo —insistió—El capitán nos sacó a tiempo

​—Sí, dando giros en los que casi salimos volando por los aires —murmuró Nilo entre dientes

—Muy bien, ya respiraron. Suban al barco y vamos a dormir; mañana en la mañana retomaremos el curso a cielos más tranquilos —anunció Jax, dando dos palmaditas secas sobre la borda de madera para apresurarnos

​—¿Y si llegan y nos apuñalan por la noche? —dijo Nilo, frenándose en seco justo antes de poner un pie en la pasarela, con la cara pálida y los ojos desorbitados

​—Si alguien viene a apuñalarte, Nilo, ten por seguro que te despertaré para que no te pierdas el espectáculo —le soltó Tarek con una sonrisa maliciosa, pasándole por el lado de un empujón suave para subir primero

​—¡Qué gran consuelo, Tarek, de verdad! ¡Saber que moriré despierto me llena de una paz absoluta! —dramatizó Nilo, apretándose el pecho mientras subía los peldaños a tropiezos, mirando a los lados como si los árboles de la isla flotante tuvieran ojos

​Kira y Freya subieron detrás, negando con la cabeza y entrerisas, dejando que la calma de la noche comenzara a apoderarse de la cubierta

​Yo fui la última en subir. Al pasar al lado de Jax, que se había quedado junto al amarraje observando el horizonte sentí cómo mis pasos se volvían lentos. Éramos solo él y yo bajo la penumbra. Él mantuvo la mano apoyada en la madera, y por un segundo, sus ojos volvieron a buscar los míos en el silencio




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