El demonio que Amé

Capitulo 88 : Entre la alegría y el temo

Mie-yeong abrió los ojos cuando todavía faltaban varias horas para que amaneciera por completo; la habitación permanecía en un absoluto silencio, apenas iluminada por la tenue luz que se filtraba a través de las cortinas. Durante unos segundos se quedó mirando el techo e intentando recordar qué la había despertado; sin embargo, la preocupación que llevaba consigo desde la noche anterior regresó de golpe a su mente.

La posible marca demoníaca de Rumi.

Desde que Dae-hyung le había explicado lo que observó en la mano izquierda de su hija, Mie-yeong no había conseguido dejar de pensar en ello; aunque habían acordado esperar hasta la mañana para revisar la zona con tranquilidad, la espera le resultaba mucho más difícil de lo que había imaginado. Una parte de ella quería levantarse inmediatamente, entrar en la habitación de Rumi y comprobar con sus propios ojos si aquella línea seguía allí; otra parte en cambio, temía encontrarla y confirmar que aquello que había intentado evitar desde el nacimiento de la pequeña finalmente estaba sucediendo.

Se giró lentamente hacia Dae-hyung, que permanecía acostado a su lado con los ojos cerrados y una respiración tranquila; aun así, ella sabía que eso no significaba necesariamente que estuviera dormido, pues todavía le resultaba extraño compartir la cama con alguien que podía pasar horas en ese estado sin necesitar descansar como ella entonces intentó incorporarse con cuidado para no despertarlo; pero apenas había apartado la manta, una mano sujetó suavemente su muñeca.

—¿Adónde vas? —preguntó Dae-hyung sin abrir los ojos.

Mie-yeong se quedó inmóvil y lo miró con cierta sorpresa.

—A ningún sitio. Solo quería levantarme.

—¿A las cinco de la mañana?

—Tengo sed.

Dae-hyung abrió los ojos, volvió el rostro hacia ella y la observó durante unos segundos; fue lo suficiente para que Mie-yeong empezara a sentirse incómoda bajo aquella mirada tan directa.

—Hay agua en la cocina.

—Lo sé.

—Entonces, ¿por qué estás intentando levantarte como si estuvieras escapando de alguien?

—No estoy escapando de nadie.

—Estás mintiendo.

Mie-yeong frunció el ceño.

—¡No estoy mintiendo!

—Acabas de decir que tienes sed, pero tu mirada se está dirigiendo hacia el cuarto de rumi y no hacia la cocina.

Ella inmediatamente corrigió la mirada hacia la cocina; el gesto le generó una gran molestia porque su esposo tenía toda la razón, y no le gustaba para nada que descubriera sus intenciones con tanta facilidad.

—No tienes que analizar todo lo que hago —murmuró mientras retiraba su mano de la de él.

—Si vas a levantarte a escondidas antes del amanecer, al menos deberías encontrar una excusa mejor.

—¿Y desde cuándo eres experto en mentiras?

—Bueno no es por presumir, pero desde me crearon no te olvides que soy un demonio y era necesario saber mentir para poder engañar a los humanos.

Mie-yeong lo miró todavía con más furia por la aplastante verdad de sus palabras; sin pensarlo, tomó la almohada que tenía detrás de la cabeza y se la lanzó, aunque Dae-hyung se apartó con facilidad dejando que esta cayera sobre la cama.

—Eso no ha sido necesario —comentó él.

—Tú tampoco necesitabas decir eso.

Dae-hyung dejó escapar una pequeña risa; Mie-yeong lo observó durante un instante todavía molesta, aunque aquella expresión divertida consiguió aliviar un poco la tensión del ambiente.

—¿Vas a decirme qué te ocurre? —preguntó él finalmente.

Ella apartó la mirada.

—Ya lo sabes.

—Sé que estás preocupada por Rumi. Quiero saber qué estás pensando exactamente.

Mie-yeong guardó silencio; no quería reconocer hasta qué punto la posibilidad de que su hija tuviera una marca demoníaca la estaba afectando. Como cazadora, había enfrentado situaciones en las que debía mantener la cabeza fría, evaluar el peligro y tomar decisiones rápidas; sin embargo, ninguna de aquellas experiencias la había preparado para enfrentarse a algo que pudiera afectar directamente a su propia hija.

—Quiero comprobar si la marca sigue ahí —admitió al fin—. No quiero esperar más.

—Acordamos revisarla por la mañana.

—¡Y ya casi es de mañana!

—Todavía no ha amanecido.

—Sabes perfectamente a qué me refiero.

Dae-hyung la contempló sin responder inmediatamente; podía notar la inquietud que ella intentaba ocultar, sabiendo bien que no desaparecería simplemente porque él le pidiera que dejara de preocuparse.

—Mie-yeong, mírame.

Ella tardó unos segundos en obedecer.

—No sabemos si esa línea es realmente una marca demoníaca —continuó él—. La vi durante unos instantes y después desapareció. También es posible que la iluminación o la arena hayan influido en lo que observé, no voy a asegurarte que no es nada cuando no tengo pruebas pero tampoco voy a decirte que nuestra hija tiene algo que todavía no hemos confirmado.

Mie-yeong apretó los labios; aquella respuesta era precisamente lo que esperaba de él, ya que Dae-hyung no intentaría tranquilizarla con una mentira aunque supiera que la verdad podía asustarla.

—¿Y si sí es una marca? —preguntó en voz baja—. ¿Qué hacemos entonces?

—Lo averiguaremos.

—¿Y si está relacionada con su naturaleza demoníaca? ¿Y si significa que...?

Se interrumpió antes de terminar la frase; no necesitaba decirlo en voz alta porque ambos conocían perfectamente la posibilidad que más temían: que Rumi hubiera heredado algo de la naturaleza demoníaca de su padre y que aquello pudiera ponerla en peligro.

Dae-hyung se incorporó ligeramente y se acercó a ella.

—No puedes resolver todos los problemas posibles antes de saber si existen.

—Soy su madre y por ende es mi responsabilidad protegerla.

—Y eres su madre también cuando te equivocas, cuando tienes miedo o cuando no sabes qué hacer además no tienes que descubrirlo toda esta mañana.

Mie-yeong lo miró en silencio; no estaba acostumbrada a escucharlo hablar de aquella manera. Dae-hyung seguía siendo directo, pero ya no se expresaba únicamente desde la lógica de alguien que evaluaba amenazas; había aprendido a reconocer sus preocupaciones y a permanecer a su lado incluso cuando no podía ofrecerle una solución inmediata.




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