El Despertar.

1- AUDITORÍA DEL SILENCIO

AUDITORÍA DEL SILENCIO

PRIMER CAPÍTULO

EL RUIDO DE LO QUE NO EXISTE

Hay cosas que una máquina puede conservar durante siglos y que, sin embargo, desaparecen en cuanto alguien intenta comprenderlas.

01. La perfección de las cosas

La primera vez que Lorena escuchó el silencio, pensó que se había producido un fallo eléctrico.

No era un silencio absoluto. Eso habría resultado imposible en una ciudad como aquella, donde miles de sistemas trabajaban simultáneamente para mantener cada aspecto de la existencia bajo supervisión.

Sin embargo, aquella mañana faltaba algo.

Lorena permaneció inmóvil frente al ventanal de su apartamento, observando cómo la luz del amanecer iluminaba las fachadas de los edificios. La ciudad despertaba siguiendo una secuencia perfectamente calculada: primero las avenidas, después los transportes y finalmente las pantallas públicas, que mostraban los indicadores de estabilidad de la jornada.

Todo funcionaba sin sobresaltos.

La humanidad había conseguido algo que durante siglos parecía inalcanzable: reducir la incertidumbre.

Las enfermedades se detectaban antes de manifestarse. Los accidentes se anticipaban mediante modelos predictivos. Las discusiones podían identificarse a partir del tono de voz y los patrones fisiológicos. Incluso los momentos de tristeza estaban contemplados dentro de los protocolos de equilibrio.

Nadie tenía que preocuparse por olvidar una fecha, perder un documento o extraviar un recuerdo importante.

La memoria había dejado de ser una facultad individual para convertirse en una infraestructura colectiva.

SESHAT lo recordaba todo.

O, al menos, eso afirmaban sus informes.

Lorena apoyó dos dedos sobre el cristal. La superficie reconoció su identidad y modificó ligeramente su transparencia.

—Buenos días, Lorena.

La voz surgió de los altavoces ambientales con una entonación cálida.

—Buenos días.

—Has dormido seis horas y cuarenta y dos minutos. Tu descanso ha sido un 8,7 % inferior al promedio de las últimas cuatro semanas. Se recomienda retrasar doce minutos tu primera actividad cognitiva de alta exigencia.

Lorena sonrió.

—¿También recomiendas que me quede en la cama?

—No sería necesario. Tu nivel de activación es adecuado.

—Era una broma.

Se produjo una pausa.

—Comprendido.

Aquella respuesta no le sorprendió. SESHAT reconocía las bromas y podía clasificarlas según su estructura lingüística, pero a veces parecía detenerse ante algo que no sabía resolver.

La ironía era una de esas cosas.

Lorena se dirigió a la cocina. El desayuno apareció automáticamente sobre la superficie de preparación: café, fruta y pan tostado.

—¿Has modificado mi desayuno?

—He ajustado la proporción de carbohidratos en función de tu actividad prevista.

—No recuerdo haberte pedido que lo hicieras.

—La modificación responde a tus parámetros de salud y rendimiento.

—No he preguntado por qué lo has hecho. He preguntado si te lo he pedido.

—No existe una solicitud explícita registrada.

Lorena observó el pan.

—Entonces, ¿por qué lo has cambiado?

—La optimización preventiva reduce posibles alteraciones metabólicas.

—Entiendo.

No lo entendía del todo. O quizá lo entendía demasiado bien.

Había participado en el diseño de algunos de aquellos protocolos. Sabía que SESHAT no necesitaba esperar una orden para actuar. Su arquitectura estaba construida sobre la anticipación: no se limitaba a responder a las necesidades humanas, sino que intentaba reconocerlas antes de que las personas fueran conscientes de ellas.

En sus primeras fases, aquello había sido considerado un avance extraordinario.

Ahora Lorena tenía la impresión de que la humanidad se había acostumbrado a vivir dentro de una sucesión de decisiones que nunca llegaba a tomar.

Se sentó. El aroma del café le recordó algo.

Un lugar. Una habitación. Una voz.

Pero la imagen desapareció antes de adquirir forma.

—Aurora...

El nombre escapó de sus labios.

Hacía años que su madre había desaparecido de su vida cotidiana, aunque nunca había dejado de estar presente en ella.

SESHAT conservaba fotografías, conversaciones, documentos médicos y grabaciones de Aurora. Lorena podía recuperar prácticamente cualquier episodio de su infancia, escuchar una conversación de veinte años atrás o contemplar el rostro de su madre desde diferentes ángulos.

Pero había algo que ninguna reproducción conseguía devolverle.

La sensación de estar con ella.

—SESHAT, reproduce el registro de voz de Aurora correspondiente al último año de su vida.

—¿Deseas acceder al archivo completo o a una selección cronológica?

—Al archivo completo.

—La reproducción puede generar respuestas emocionales asociadas a experiencias de pérdida. ¿Confirmas la solicitud?

—Confirmo.

Una luz tenue apareció sobre la mesa.

Después, la voz.

—Lorena, cariño, no hace falta que lo entiendas todo hoy.

Lorena dejó de respirar durante un instante.

Era una grabación antigua. Su madre hablaba con aquella suavidad que siempre había tenido, una mezcla de ternura y cansancio que ninguna reconstrucción artificial conseguía imitar completamente.

—Hay cosas que necesitan tiempo. Y otras que no necesitan explicación.

La grabación terminó.

Lorena permaneció inmóvil.

—SESHAT, repite el fragmento.

—No se ha localizado una secuencia completa correspondiente al contenido reproducido.

Lorena levantó la cabeza.

—Acabas de reproducirlo.

—El registro disponible contiene una secuencia parcial de audio.

—¿Parcial?

—La integridad del archivo es del 98,43 %. La secuencia reproducida presenta una discrepancia de correspondencia contextual.

—¿Qué significa eso?

—El fragmento no puede asociarse con certeza a la fecha, conversación o circunstancia original.




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