El despertar de los Tevas

Capitulo 11: No quiero perderte.

Geomar no dejaba de mirarme desde el asiento del copiloto, tengo las manos firmes en el volante, de vez en cuando volteaba a verle de reojo sin dejar de mirar la carretera. Su expresión era una mezcla de determinación y nerviosismo. No dejaba de moverse en su asiento, suspirando, incomodo. Veo el muro tambalearse, como mi guardaespaldas está acostumbrado a mantener la distancia profesional pero el Geomar que conozco ha roto ese trayecto, nunca me había dado cuenta.

—Señorita…

—Geomar, relájate— dije con una sonrisa. Quería que me llamara solo por mi nombre pero lo obligaría. —No me estoy saltando nada importante para tener a un chofer particular, manejo bien, por lo que no debes preocuparte. Además quiero que tengas un descanso a menos, por tanto esfuerzo. Es mi manera de agradecerte.

—No es necesario, es mi labor— dijo al instante, viendo un mensaje en el teléfono. —La señora Mariela al igual que sus padres están preocupados por sus acciones.

—No me importa, me siente por la señora Mariela. Por lo demás ni te preocupes en ellos.

—Señorita…

—No digas nada.

Apreté el volante con fuerza, podía sentir como los dedos se entumecían. Si supiera las experiencias y los peligros que le asechan por mi culpa, quiero cumplir con ese sentimiento compartido en esa pesadilla de discoteca ¿Cómo podría explicarle que quería que esta cita fuera especial? quiero recompensarlo… El silencio se hizo incomodo mientras el auto avanzaba…

Geomar ve los distintos almacenes, extrañado de que no me detenga en cada uno de ellos. Parece que mi afición a las compras, cosa que no recuerdo que fuera tan obsesivo; les ha dejado un trauma a todos quienes cuidan de mí. Eso cambiaría.

—Geomar, se qué esperas que vaya a un centro comercial pero quiero que confíes en mi, justo como yo confío en ti.

—Entendido. Señorita Ana— dijo asintiendo con duda en sus claros ojos.

Llegamos, bajamos tranquilamente del auto para acercarnos a comprar los tickets de entrada. Geomar se mostraba atento, vigilante como si alguien nos estuviese persiguiendo; caminando por los senderos serpenteantes del jardín botánico. El aire estaba cargado de fragancias florales y el sol se filtraba a través del dosel de hojas doradas de los curarires. Hacía mucho calor, luego de una pequeña caminata sostenía un cono de helado de vainilla, y Geomar, un refresco; insistiendo desde hace rato que debíamos irnos cuanto antes.

Lo ignoraba, por lo que seguimos caminando hasta detenernos junto a un estanque repleto de nenúfares. Sintiendo el cansancio, tomo asiento en un banco de hierro pintado, y Geomar se apoyó en el respaldo, observándome con un poco de ira.

— ¿Quieres parar? — Lo enfrento— Quiero que descansemos, respirar aire fresco.

—Señorita Ana, no soy quién para decirle que hacer pero espero que escuche esta sugerencia: ya es suficiente, no es seguro.

Las risas de los transeúntes, las anécdotas que compartían mientras caminaban y los patos nadando perezosamente en el agua, no permitían que el silencio reinara entre nosotros. Las hojas doradas revoloteaban con el viento, el pensamiento oscuro de que algo imprevisto ocurriera como sus palabras dictaran helaron mi sangre ¿Seria lo suficientemente valiente para enfrentarme? Sé que me lo he propuesto, lo he afirmado con mi mente pero no estoy segura de que mi cuerpo responda a la exigencia que pido.

Pero entonces, Geomar se puso rígido. Su frente se arrugó, y sus ojos se entrecerraron. Noto que su mano temblaba ligeramente al sostener la lata de refresco. Sin decir una palabra, se alejó, adentrándose en un rincón sombrío del jardín. ¿Qué ocurre? ¿Será algún efecto secundario de haber vuelto en el tiempo? lo seguí con la mirada, preocupada. Por más que me acerco se sigue alejando, no quiere que lo vea en ese estado.

—Esperare aquí ¿Por qué no vas a que te atiendan?

Se agachó, ocultando su rostro entre las manos. Temblando levemente.

<<—Ana… no me mires de esa maneracorre, no puedo protegerte más. >>

¿Qué fue eso? Una imagen de Geomar que no había visto, debajo de unos escombros mientras el suelo se cubría con su sangre. Esto no ha pasado en las oportunidades que he tenido de volver en el tiempo, estaré alucinando. Geomar ya no estaba, por lo que decido esperar; el helado se ha vuelto pegajoso en mis manos y lo descarto en la papelera más cercana.

Un suspiro se escapa de entre mis labios y una preocupación me invade.

***

De entre los girasoles y las orquídeas, el tiempo parecía detenerse mientras el sol se movía lentamente por el cielo. Las mariposas que danzaban con sus alas quedaron estáticas entre las flores, emergiendo de entre los arbustos Michael y su equipo hicieron aparición. Al tocar con firmeza la hierba fresca todo siguió su ritmo. Excepto por uno de ellos que con velocidad volvió a los arbusto descargando el contenido de su estomago.

—Ya se te pasará, Joel— dijo Kevin sin dejar de observar los alrededores. —Es algo leve teniendo la idea de que no te llevas bien con la magia manchada.

El hombre de mediana estatura, hacia juego con el centro de los girasoles. Sacando una sonrisa a Mike, quien con brusquedad arrancó algunos pétalos y lo lanzo sobre él.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.