El destino en sueños

Capítulo 17

Althea - Al norte de Mordus

 

La pelea había sido cruenta. Ella obedientemente se mantuvo detrás de Gaebon, dentro de lo que era posible, ya que más de una vez no sabía donde estaba él entre el montón de lobos que se le habían echado encima.

 

En el momento en que sentía que Gaebon sería vencido, desde el sur aparecieron dos lobos, más grandes que sus atacantes, pero no tanto como su compañero. Y estos se sumaron a la batalla. Para alivio de Althea, estaban de su lado y rápidamente hicieron entrar en fuga a los seguidores de Rudolf.

 

Corrió hacia Gaebon a quien le costaba levantarse. Él con esfuerzo recobró su forma humana.

 

— Estás herido... — dijo mientras lo abrazaba.

 

Los lobos que los ayudaron se alejaron de ellos, pero no tardaron en mudar a su forma humana. La mujer se inclinó sobre Gaebon y sacó de su bolsa vendas y un ungüento.

 

— Siempre estamos preparados cuando salimos de Monnate — comentó la desconocida con voz melodiosa. Althea la miraba aplicar la pasta en las heridas de Gaebon sin saber qué hacer. — Esto servirá hasta que lleguemos con Aneti.

 

— No lo llevaremos con esa bruja — dijo el otro. — ¡Entregó a Althea a Rudolf!

 

— ¿Qué? — Exclamó la chica sorprendida.

 

— Es la única que puede ayudarlo en este momento.

 

Gaebon gruñendo, se levantó con algo de dificultad.

 

— Estoy bien, no necesitaré de ella — todos se volvieron a verlo sorprendidos. Los rasguños recibidos ya no estaban y él ya se quitaba los vendajes recién colocados. — Dame mi ropa, por favor, Althea — ella obedeció presurosamente. — ¿Ustedes quiénes son? — Preguntó dirigiéndose a los dos licántropos que los habían socorrido.

 

— Mi nombre es Bella y él es mi compañero Romeo — dijo. — La madre de Althea nos ha enviado, quería venir ella misma, pero las circunstancias de nuestra tribu no lo permitieron.

 

— ¿Mi madre? — La muchacha sorprendida estudiaba a las dos personas delante de sí, preguntándose si serían confiables, si estarían diciendo la verdad.

 

— ¿Cuáles son esas circunstancias? — Preguntó Gaebon.

 

— Ella está defendiendo el puesto de Alfa.

 

— Comprendo...

 

Gaebon iba a seguir hablando, pero Althea lo interrumpió.

 

— Yo no, no comprendo.

 

— Un alfa es como un líder o un rey, para los lobos — explicaba Gaebon. — Convertirse en alfa requiere ganar una lucha entre todos los que quieran ocupar ese lugar. El ganador ha de esperar una lunación durante la cual no ha de ser desafiado para poder decir que el puesto es suyo.

 

— Pero ella me dejó cuando era una bebe — los pensamientos de Althea comenzaron a hacerse intensos junto con sus emociones, ¿por qué aparecía justo ahora? Ella muchas veces se había preguntado quién era, qué había sucedido... — Quiero saber...

 

— Creo que hay cosas que deberías preguntarle a ella, pero hubo motivos para que te dejara con tu familia humana — decía Bella con voz dulce.

 

— Mis padres...

 

— Ellos están siendo vigilados ahora, no podemos volver allí — expresó Romeo. — Nos conviene ir hacia Monnate cruzando por las montañas Granniz.

 

— Pero debo verlos.

 

— Aneti les informará lo que ha pasado y cuando estés con tu madre podrás encontrar una manera de regresar a verlos — añadió Bella.

 

— Tengo que ver a los padres de Primus, decirles lo que paso…

 

— Ellos ya lo saben, nosotros acompañamos a quienes trajeron su cuerpo.

 

Althea parpadeó aturdida; Gaebon la envolvió en sus brazos y esto la hizo sentir reconfortada.

 

— Una vez allí habrá una forma de romper el hechizo, ¿no? — Preguntó él.

 

— El hechizo se romperá cuando madre e hija se reúnan — explicó Romeo.

 

— Está bien — aceptó Althea apartándose un poco de Gaebon pero sin soltarlo. — Iremos.

 

 

***

 

 

Gaebon - Al este de Syukur

 

 

Se apartaron del camino principal hacia el naciente, guiados por sus recientes acompañantes, Gaebon podía notar en el aroma de la pareja que no tenían malas intenciones, pero Althea, quien había sido atacada por licántropos ya dos veces, parecía insegura y sostenía su mano con fuerza.

 

Aunque sus heridas habían sanado rápidamente, por causa de los dibujos mágicos que cubrían su cuerpo, se sentía inmensamente agotado por la lucha. Hubiera querido descansar, pero no podían darse el lujo de perder tiempo.

 

Luego de un rato de andar, la chica se detuvo e interpeló a los extraños. Él imaginaba que lo haría en cualquier momento, ya que podía sentir su nerviosismo crecer.

 

— ¿Cómo supieron donde encontrarme? ¿Y lo de Rudolf...?

 

Bella suspiró y respondió:

 

— Nuestra Alfa, quien era tu abuela, y la razón por la cual tu madre no pudo conservarte, murió. De inmediato Morella quiso buscarte, pero no podía abandonar el liderazgo. No quiso esperar, por lo que nos envió a nosotros.

 

— Cuando llegamos a Mordus y no te encontramos hicimos preguntas y volvimos con tu madre para informarle, entonces nos envió a Beleth — intervino Romeo.

 

— Allí no te encontramos e hicimos más preguntas — continuó la loba. — Y así es como supimos todo, decidimos esperar ocultos al norte del pueblo porque vimos que los enviados de Rudolf vigilaban a tus padres.

 

— Aneti te vio en sueños y nos dijo que los emboscarían, por eso los encontramos a tiempo — decía el lobo.

 

— Dijiste que ella me entregó a Rudolf... — recordó Althea.

 

— Así lo hizo.

 




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