El destino en sueños

Capítulo 21

Althea – Monnate

 

Luego de que la reina de Monnate se marchara, Althea entró en la sala de curaciones del chamán, Morella realmente se veía muy herida, y esto conmovió a la muchacha.

 

— Mamá — susurró Althea tocando con delicadeza la mano dormida de su madre. — Lamento haber sido dura contigo — murmuró dejando salir una vez más un torrente de lágrimas que parecía no cesar nunca. — Cuando era niña, siempre me preguntaba por qué me habían dejado, y mis padres, es decir, los humanos que me criaron, decían que debía haber algún buen motivo, que seguramente había en mí, sangre mágica y por eso me habían dejado allí para resguardarme de los escuadrones del dios — relataba entrecortadamente. — Pero yo creía que no me habías querido, nunca me imaginé todo esto, ni lo que tuviste que vivir… Creo que te juzgué de manera egoísta.

 

— Te amo, mi cachorrita — musitó Morella quedamente. La loba apenas podía abrir los ojos, que se veían hinchados y amoratados. — Siempre supe que te dejaba con buenas personas. Te visité muchas veces y… lamento mucho no haber podido llegar antes…

 

— No te preocupes, todo pasa por algo y si no hubieran sucedido las cosas tal como fueron, yo no habría encontrado a mi compañero.

 

— Eres tan sabia… — La madre intentó sonreír, pero un quejido de dolor se escapó de su boca al hacerlo.

 

— Creo que debes descansar.

 

— No, ya dormiré luego, quiero contarte algo — dijo apretando la mano de Althea con la suya. — Cuando tu padre me dejó, yo pasé unos meses aquí, pero antes de darte a luz, me acogió un fuerte dolor en el pecho y fui a verlo, porque sabía que algo terrible le ocurría. Él había muerto. Supe por gente del pueblo, que se enfermó y los sacerdotes del dios le dieron un tratamiento para liberarlo de las impurezas de haber estado con un ser no humano, decían que estaba maldito y aquella cura fue la que lo mató — Morella hizo una pausa, antes de continuar. — Como mi madre me había conminado a deshacerme de ti, le supliqué que permitiera que Asterio te realizara un hechizo para ocultar que eras una loba. Yo luego de lo que le pasó a mi compañero, tenía mucho miedo por ti. Astterio habló con algunos brujos conocidos suyos buscando un lugar donde dejarte, y así fue que Aneti le mencionó a Estera, quien acababa de perder a su hijo y ya no tenía la posibilidad de volver a concebir. Yo creí que ella y su esposo reconfortarían su alma al tenerte y te podrían dar todo el amor que guardaban. Después cada año me acerqué Mordus para verte, a veces me llegaba hasta allí más de una vez.

 

— Ellos fueron maravillosos padres, y pensaban que el hálito me había enviado para sanar el dolor de su pérdida.

 

— Espero que haya sido así.

 

— Lo fue, mamá.

 

— Te amo, hija — con estas últimas palabras, Morella volvió a dormirse.

 

 

***

 

Gaebon – Monnate

 

Los días que siguieron, Gaebon recibió la visita de varios lobos que en el pasado habían pertenecido a manadas del sur. Aunque se alegró de verlos, lamentó que de su propia estirpe ya no quedaba nadie.

 

— ¿Eras el alfa de tu manada? — Preguntó Romeo en un momento en que habían quedado a solas.

 

— Sí, lo era.

 

— Entonces tú podrías…

 

— No — interrumpió Gaebon, secamente. — Soy un lobo ciego, acabo de llegar, muy pocos me conocen, no es correcto.

 

— Pero, Gaebon, la gente que ha venido a verte, es obvio que te tienen en un alto concepto. Ellos les dirán a los demás. Sin contar con que eres el yerno de Morella.

 

— Sobreviví cuando debería haber muerto con mi gente — replicó poniéndose de pie para retirarse, pero Romeo lo detuvo.

 

— No puedes culparte por eso, seguramente habrías muerto si no te hubieran encontrado. Piensa que por algo el Hálito te trajo hasta aquí — insistió Romeo.

 

El aroma de Althea invadió la sala.

 

— ¿Qué sucede? — Preguntó, quizás percibiendo la incomodidad de Gaebon.

 

— Le decía a Gaebon que tal vez él podría desafiar a Dulio — respondió Romeo.

 

— Pero si acabamos de llegar, nadie nos conoce — dijo Althea en defensa de su pareja.

 

— Gaebon ha sido alfa de su manada y muchos aquí lo conocen y confían en él.

 

— ¿Fuiste alfa? ¿Por qué nunca me lo dijiste? — La voz de la chica sonaba sorprendida.

 

— No tuvimos oportunidad de hablar al respecto y no pensé en ello, la verdad — se excusó Gaebon.

 

— Podrías ayudar a mucha gente — afirmó ella.

 

— Althea, no estoy en condiciones de liderar una manada, y no tengo ganas de hacerlo tampoco.

 

Gaebon se sentía acorralado, era cierto lo que ellos decían, pero la culpa de haber sobrevivido, cuando todos los suyos habían muerto, no lo dejaban verlo. Se retiró a la habitación que ocupaba con Althea sin decir más.




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