El Diario del Lobo

▪~Capítulo dos

Capítulo dos.

 

Hace mucho tiempo.

Izan Stavropoulos

—¿Cómo te paso?

Intentado que hable y que coma, me acerco y tomo el trabajo de establecer un vinculo con ella. La pelinegra es joven pero en experiencia me gana, cuando la vi en el puente a punto de tirarse. Era obvio que no iba a morir pero iba a quedar con fracturas con años de curación, no se ni porque me preocupaba pero era así. La ayude pero era una muchacha cerrada, al principio asustada pero después se calmo, pero igual seguía con eso de no querer hablar con nadie.

Aquí estoy yo, queriendo dejar que me mangonee para así saber que le paso, para que pensara que con eso se iba a quitar la vida.

Ella levanto la vista hacia mi, ojos con tristeza disfrazada de miedo. —Lo perdí...

¿Un chico?¿Un familiar?, pensé.

Aun así, la deje continuar desahogándose. —Llegué tarde, el ya estaba con una vida. No pude...

Se detiene para empezar a sollozar, con las manos temblorosas quitándose las lagrimas cayendo por su rostro. Fue la primera y única vez que la vi quebrarse.

—¿No pudiste o no quisiste?

Quería que de algún modo lo saque, por completo de su sistema.

Con el labio inferior temblando, dice—Talvez..., no quise el...ya tenia su vida hecha, trazada con ella...

Si, era un chico. No lo pude ocultar.

—Espera, todo esto es por...¿un chico? —quise seguir pero me interrumpió.

—No un simple chico, humano. Mi mate. —su semblante habia cambiado, lagrimas aun quedaban pero se habia detenido. Ahora estaba seria.

—¿Mate?, ¿existen?

Habia escuchado de mi padre decirle a mi hermano que tenia que encontrar a su mate para gobernar fuerte. Pero con el tiempo pensamos que eso ya no existía.

—Lo sentí, su aroma...

Sabia que le dolía, pero aun así seguía hablando.

—Mi loba ansiaba verlo, tocarlo...al igual que tu, dude de su existencia pero al verlo y notarlo, sentirlo tan feliz...tan pleno con esa chica. No me importo mi felicidad, me importo la suya. —algo loco la verdad, pero si yo la encontrara la amarraría a mi como sea. —Gracias...por evitar que me tire, fue mi loba gobernando en mi. Yo...simplemente la deje a ella pensando que iba a poder manejar la situación.

Asentí, mientras ella intentaba sonreír, pero le salía una mueca más que otra cosa. Pero aun asi no me creía ese pensamiento-guion-sentimiento de dejar volar algo que quieres y mereces.

Poco tiempo después la convencí de dejar esos pensamientos e ir tras el pero, eso fue lo peor porque el habia muerto, según lo que ella investigo, lo habían asesinado y los sospechosos estaban la chica y un supuesto amante.

Humanos...

Creí que ella iba a querer hacer algo pro su cuenta pero como lo dije anteriormente, no lloro, no hizo cantaleta. Solo lo dejo así, que siga su curso. De los demás no se que paso, no me comento nada.

Pasado tiempo, convencido voy a su habitación, entrando si tocar. —Esta decidido, tu serás mi beta.

—¿De que hablas, imbécil?

Si ese era su máximo esplendor de cariño mostrándome.

—Casse, es mi beta pero tu serás diferente, vamos a unirnos como hermanos.

Presente.

Muevo la cabeza y ella sonríe triunfante mientras me acaricia, me sacudo ella sabe que no me gusta que me acaricien.

Bufa y suena el pitido del ascensor y sigo mi camino para encontrarme con personas sentadas en los bancos principales, si, tambien es un bar por el día, uno normal.

Nada sospechoso,—¡Qué grande perrito!

Escucho decir a alguien, es mi señal.

Salgo corriendo y me paro a lado de la camioneta. Esperando a que la floja de Jane, que es pésima en educación física.

Irónico, lo se pero igual así se hace querer. Veo como se acerca corriendo, exhausta llega a mi lado y me golpea la cabeza.

—No corra así, lo perdimos de vista.

«Como sea, ¿ya nos vamos?»

—No, por su linda escapada, los escoltas movieron las ubicaciones. Tendremos que esperar un tiempo.

«Inútiles, ¿Cuánto tiempo?»

No me responde, pero pronto siento como su mano choca con mi hocico. Dolor, leve pero duele.

—Pero que...¡¿Cómo se le ocurre golpearlo?!

Esa voz...mi mate. La veo salir y fijarse en Jane, fulminándola. Por ver que pasa, exagero y empiezo a comportarme como perro al subir una de mis patas para intentar masajear el área golpeada.

—Señorita, no es lo que parece. —tartamudea y me da cierta risa su nerviosismo.

—¿Ah no?

Para agregar dramatismo, suelto un quejido a lo que mi mate me devuelve la atención y se agacha a mi altura.

Algo pervertido terminare sonando, pero deja sus pecho a mi vista.

—¡No, no le gusta que lo... —se detiene porque ella ya me está acariciando.

Su tacto...se siente bien.

—¿Qué decías? —dice petulante.

¡Ay, la adoro!

Callada, la dejo callada. Omg.

—Recuerdo que estabas con el hombre galante, ¿Dónde está?

Hay cierto interés, eso es bueno ¿no?

—Ah, sí solo que tuvo algunos apuros y se fue antes que nosotros.— Hace una "O" con sus hermosos labios y continua—Pero el perro...¿De donde salió?

«Pero qué cotilla es nuestra Luna», dice por el enlace.

Inmediatamente le empiezo a ladrar a Jane, pero me calmo por todas las miradas que cayeron en nosotros. 

Calmándome me acerco a mi mate en busca de caricias, que lo capta y gustosa lo vuelve a hacer.

—Señorita con todo respeto, no es de su incumbencia así que, con su permiso nos vamos.




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