—Me imaginaba que iríais.
Adband lo dijo con toda naturalidad, esbozando una sonrisa.
Cuando me di cuenta, ya había amanecido por completo y nos encontrábamos muy cerca del extremo oriental del Infierno de las Llamas. Aquel era el lugar donde Adband solía estar.
—¿No sabes algo más sobre el dios que va acompañado de un zorro?
No me tranquilizaba demasiado la idea de llegar hasta el Infierno del Agua con un zorro como única pista. Por eso decidí preguntarle a quien me había hablado de aquel dios.
—Yo tampoco sé mucho. Llevo aquí más tiempo que tú, así que tengo algunos contactos entre los demonios de otros Infiernos, pero nada más. Esto también me lo contó un demonio del agua... Ah, sí, sé por qué ha venido al Infierno. Parece que está buscando a alguien. Según me dijeron, anda preguntando si conocen a un hombre llamado «Shiroki-san».
¿Un dios había venido a buscar a un humano? Me volví hacia Kado, que permanecía de pie un poco detrás de mí. Se cubría las sienes con ambas manos y parecía estar intentando recordar algo desesperadamente.
—¿Ese nombre te ha despertado algún recuerdo? ¿Conocías a «Shiroki-san»? ¿O quizá tú mismo eras «Shiroki-san»?
Le pregunté despacio, procurando no meterle prisa.
—Recuerdo haber pronunciado ese nombre. Pero no sé si alguna vez lo usé para referirme a mí mismo, si era alguien que conocía o si simplemente era un nombre común en el lugar donde vivía. Espera, déjame pensar.
Dicho esto, Kado empezó a golpearse la cabeza y a tirarse del pelo.
—Oye, basta. Vas a acabar haciéndote daño.
Lo sujeté por el brazo.
—Por ahora basta con que conozcas el nombre de Shiroki-san. Si el dios que está en el Infierno del Agua anda buscando a ese hombre, quizá venga él mismo a verte. Puede que también te cuente las cosas que has olvidado.
Por fin Kado dejó de moverse y murmuró que tenía razón, aunque parecía seguir absorto en sus pensamientos.
—Y dime, Endfos, cuando averigües qué es este muchacho, ¿qué piensas hacer después? A menos que resulte ser un demonio de las llamas, sea un dios o un humano, pertenecerá a un mundo distinto del tuyo.
¿Qué intentaba decirme Adband? Ya pensaría en eso cuando supiéramos qué era Kado.
Sin esperar mi respuesta, Adband continuó:
—Y otra cosa. Antes de que partáis hacia el Infierno del Agua, ¿puedo pedirte un favor? Una purificación. Entre las almas que hoy devolveremos al mundo humano hay una a la que yo mismo hice la evaluación, y quisiera ir a despedirla. ¿Podrías encargarte de la purificación que me correspondía? Solo esta vez.
Se había convertido en una costumbre entre nosotros despedir a las almas que conocíamos bien diciéndoles «No vuelvas a mancharte». Así que acepté enseguida.
Kado intervino:
—Deberíais dejar esa costumbre de una vez... Si yo fuera un pecador y me tratarais así, me entrarían ganas de volver otra vez, sin haber aprendido la lección. A lo mejor es culpa vuestra que nunca disminuya el número de malvados.
—Eso de «dejarlo de una vez» deberías decírselo a los humanos que vienen al Infierno.
Adband soltó una carcajada mientras apoyaba ambas manos con firmeza sobre los hombros de Kado.
—Kado, tienes que recuperar la memoria. Sin falta.
Tras decir aquello, Adband se marchó.
—Gracias —le dijo Kado a su espalda, con voz cargada de melancolía.
—Vamos, Kado. Acompáñame a hacer una purificación. Quédate detrás de mí. Y no mires nada.
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Editado: 01.11.2026