El don de Flora (borrador)

31. Salida

Crystal

—Oh, no sabe cuánto me gustaría que conociera mi reino, pero creo que no es un buen momento. No sé si usted está al tanto, la princesa Daelyn está desaparecida y...

—¿Quién es la princesa Daelyn? No escuche sobre ella.

No quiero hablar sobre ella, su desaparición aún no sé cómo sentirme al respecto, por un lado, estoy feliz porque ya no la veré, pero, por otro lado, una pequeña parte, casi nada, está preocupada.

—¿Crystal? ¿me escuchas? —Suspiro.

—La princesa Daelyn, es...mi hermana...no. Es la hija adoptiva de la reina.

Coloca su codo sobre la mesa y apoya su barbilla sobre la palma de su mano, me observa con curiosidad como si intentara saber que oculto. Debo cambiar de tema.

—Baila muy bien, príncipe. También su prima —ahora soy yo quien lo mira fijamente cuando aparta la mirada —¿Es su prima o su amante? — presiono a que hable.

No soy ciega para darme cuenta como se miraban entre ellos. Que él me aparta la mirada me confirma que el rey me mintió. Me siento humillada, desde que vine aquí he pasado malos momentos causados por mi futuro esposo. Me pongo a pensar que, en la fiesta, quizás, los invitados sabían quien era ella.

¡¿Porque la dejaron entrar?! Se supone que yo soy su futura esposa ¡Me debe respeto!

—Puedo explicarlo... —lo interrumpo.

—Nuestros padres decidieron nuestro matrimonio y nosotros obedecemos ya sea si nos guste o no —siento mi respiración muy agitada— Te dije que terminaras tu relación con ella y tú... ¡La traes a la fiesta! ¡Y bailaste con ella delante de todos! ¡Yo soy tu futura esposa! —me señalo — ¡Me debes respeto a mí!

Quiero llorar por lo enojada que estoy, pero no debo dejar salir ni una lagrima. No lo hice cuando la reina trajo a Daelyn, le dio todo su amor a ella y no a mi hermana ni a mí, no lo haré por él.

No. debo. mostrar. debilidad.

Sin embargo, él rompió mi escudo porque ahora me encuentro tirando al piso todas las mantas, toallas, almohadas, cualquier cosa que no haga ruido al caerse.

—Tranquilízate. —me sujeta de los hombros— Yo no la invite. Crystal.

—¿Qué?

—Yo no la invite— repitió. — Ella vino porque trabaja como dama de compañía de la reina en este palacio.

Significa que mientras yo estoy ocupada en mis cosas, él siempre esta viéndose con ella aquí.

—Yo... no me quiero casarme contigo.

—¿Qué? no puedes hacer esto — dice nervioso. Sus nervios se deben a que su reino estará desprotegido sin la ayuda de mi reino —terminé con ella y no la invite al baile —su agarre es mucho más fuerte y me duele —¿acaso no me escuchaste?

—Te estoy dando la libertad de que seas feliz con tu ser amada. En fin, ahora suéltame o llamaré a mi caballero y no dudará un segundo en derribar esa puerta.




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