Amber:
En un mundo lleno de bestias, él debe ser el peor de todos. El hombre con corona de oro. El que es adorado como a un dios, como a un ser divino que tuvo la gracia de nacer bajo el nombre de los Steel.
La sangre de Joan se absorbe en la tierra. Las salpicaduras traspasan mis medias; tanto que me queman. Mis ojos no se despegan de la cabeza desprendida de su cuerpo. Sus ojos oscuros están abiertos como dos fosos negros y profundos. La sangre sigue fluyendo, formando un enorme charco debajo de ella. Su cabello negro y rebelde, que antes se movía con elegancia, ahora está inmóvil. Los lunares en su mejilla derecha y en el mentón apenas se notan. Es como si fuese otra persona. Como si el cuerpo que veo sólo fuese un cascarón inmóvil.
—No entiendo por qué se lamentan tanto —anuncia el rey Zyran Steel—. Ustedes tomaron este camino. Habría sido sencillo si sólo hubiesen obedecido.
Estoy de rodillas. Busco la figura del rey. Se mueve con ligereza y despreocupación, como si la vida de Joan no significara nada.
—La mataste… —La voz de mi madre es áspera y profunda. Sus ojos verdes siguen al rey sin parpadear. Sus ojos se ven rojos, inyectados de sangre—. No sigas hablando de ella —sentencia.
Miro a la general Lyla Carder, la madre de Joan. Está de rodillas en el suelo. No hay necesidad de que la sujeten. Está en shock.
—Esto pudo terminar sin derramar más sangre —continúa el rey, mientras termina por limpiar la hoja de su espada con un paño blanco con delicadeza —. No era demasiado hermosa, pero estoy seguro de que me habría servido para algo. Tal vez para entretener a uno de mis soldados.
Vuelvo a escuchar que mi madre le responde, pero cuando el rey camina en mi dirección, siento que el mundo me devora y ya no logro escuchar nada con claridad. Cuando está tan cerca, veo sus ojos grises. El aire frío envuelve mi cuerpo. Es un gris frío con motas azules, casi transparentes. Es como un pedazo de hielo.
Se pone en cuclillas, a la altura de mi rostro. Su dedo índice se coloca sobre mi pecho. Siento como si atravesara mi cuerpo. Mi corazón acelera su ritmo. Siento unas ganas inmensas de empuñar la daga en mi cinturón, pero aunque las ideas pasan por mi cabeza, no me atrevo.
—¡Aléjate de mi hija! —grita mi madre.
—Siempre pensé que podría desposarte —sonríe el rey. El sonido de su voz es perturbador. Lo he escuchado antes incontables veces, pero es la primera vez que me causa tanto pavor—. Pero nunca imaginé que tú serías la Hija de la Luna —veo sus dientes, perfectos y blancos—. —Debo admitir que fue audaz de Esmeralda ocultarte bajo mi propio techo. Tardé bastante en darme cuenta —sus manos se aferran a mi cuello, tanto que apenas me dejan respirar—. Pero está bien, ahora voy a divertirme contigo un rato antes de que todo termine.
Su piel es fría. Mucho más que la mía. Su cabello es negro como las alas de un cuervo. Quiero memorizar sus rasgos. No quiero olvidar los rasgos del hombre que va a tomar mi vida.
—¿Tus ojos siempre se ven así cuando estás asustada? —Vuelve a sonreír —. Antes de que todo termine, voy a deleitarme con tu cuerpo un par de días más —vuelve a repetir.
Pensé que estaba lista para morir. Pensé que podría aceptar una muerte así. Quería que fuese rápido, no quería sufrir, pero al verlo tan de cerca, al verlo divertirse con tanto cinismo… no dejaré que me tome. ¡No dejaré que tome mi vida y mi cuerpo sin antes tomar su vida primero!
Tomo la daga de mi cinturón y la entierro en su costilla. Siento la sangre chorreando por mis manos, pero no me importa. Mis manos duelen por la fuerza con la que empuño el acero. Sus ojos grises se abren y me miran impactados. Mi corazón empuja mis pulmones, pero no me importa.
La sangre, espesa y caliente, resbala por mis dedos cuando extraigo la daga de su costado. De repente, siento un dolor que me ensordece por unos segundos. El sabor a hierro entra en mi boca. Mi piel arde y se siente caliente. Zyran… acaba de golpearme en la cara.
Estoy temblando, pero aun así no alejo la mirada. Espero que el rey caiga al suelo, que la sangre lo ahogue, que colapse su respiración, pero no pasa. Sólo observa la sangre que resbala entre sus dedos y vuelve a mirarme como si nada hubiese pasado.
—No eres tan aburrida, pero sí bastante estúpida —declara con frialdad —. Divídanlos a todos y háganlos hablar —ordena a sus hombres—. En cuanto a ella, llévenla a mis aposentos de inmediato.
Los soldados escoltan a mi familia —a mi madre, a Jase y a Lyla Carder— cuando el suelo comienza a temblar. Cientos de aleteos se oyen en el aire, obligándome a mirar al cielo. Es una parvada de Aves de Fuego que llega en picada sobre nosotros. Me cubro la cabeza esperando que hagan lo mismo conmigo cuando el rugido de dos enormes criaturas irrumpe. Me quedo congelada. Los soldados toman formación para defenderse de los dos enormes leones, cuyas melenas emanan una luz dorada y azul.
Al principio creo que seremos devorados aquí y ahora, pero ambos leones atacan sólo a los soldados. ¿Qué clase de criaturas son estas? ¿Qué es lo que está pasando? Apenas respiro cuando escucho gruñidos en la oscuridad. Un grupo de Greinlods comienza a contraatacar. Cuando uno de ellos está por alcanzarme, el acero de una espada se cruza en su camino, cortando el rostro del enorme lobo negro.
—¡Ponte de pie! —demanda mi madre, tomándome de los hombros —. ¡Váyanse ahora!
#11412 en Fantasía
#20691 en Novela romántica
darkromance erotismo crueldad, dark romance enemies to lovers, darkromance+18
Editado: 22.10.2026