Cuando terminó de contar el dinero lo guardó dentro del sobre, y luego guardó el sobre en uno de los cajones de la cómoda. Clive se lo había traido de parte del Departamento que estaba dispuesto a sufragar su estadía en Michigan. Pero Roggan había llevado su propio dinero, suficiente para su frugal estilo de vida, y ni siquiera sentía que estaba trabajando para el Departamento, porque el objetivo de esa investigación había despertado en él un interés muy personal. Incluso le causó cierto fastidio la intervención de Clive.
¿Y desde cuándo el Departamento se preocupaba por él, por sus estadías en otras ciudades, por los gastos que debiera afrontar? ¿O le habían enviado a Clive para que averiguara qué estaba haciendo o dónde se había alojado?
Había en Clive algo que a Roggan no le permitía confiar plenamente en él, no sabía exactamente qué. Aunque últimamente desconfiaba de todos y de todo. La aplicación de un protocolo tan complejo requería de la colaboración de muchas personas, y Castle debía ser apenas uno de los cientos, quizá miles, de colaboradores. ¿Quiénes eran los otros y dónde estaban? Si el programa exigía conocimientos técnicos vinculados a la exploración del espacio exterior, esos colaboradores no podían sino pertenecer al Departamento o a alguna de sus muchas ramificaciones financiadas por el gobierno.
Aunque también podrían provenir de otros países, pero esto chocaría demasiado con el notorio nacionalismo que siempre caracterizó al Departamento.
Se acercó al ventanal y contempló esa larga y desolada calle allá afuera, mientras algunas cosas empezaban a aclararse en su mente. Por ejemplo, el hecho de que, si el proyecto consistía en guiar a determinada especie hacia la Tierra, a través de un camino de señalizaciones emitido desde ese mismo radar que coronaba el Centro de Estudios Generales, existía también la posibilidad de que otra especie haya tratado de servirse de esas indicaciones, generándose así un conflicto entre ambas mientras se aproximaban a este planeta. La estrella al borde de la supernova pudo haber puesto en peligro también a otro planeta, un planeta también cercano a esa estrella y que no fue tomado en cuenta cuando se inició aquel procedimiento.
Si se lograra identificar a este otro planeta accidentalmente involucrado en la ejecución del protocolo, se podría conocer más acerca de la amenaza con la que se estaban enfrentando...
A las 14 y 30 de ese mismo día abandonó el hotel. Clive le había dejado la dirección del sitio en el que podrían esconderse, pero prefirió caminar en otra dirección. Sintió un cierto escalofrío mientras llegaba a la plaza y el imponente radar que estaba a 6 pisos del suelo empezó a asomarse otra vez ante él y entre las copas de aquellos árboles, repletas de hojas secas. Porque esta vez iba decidido a ingresar a ese edificio.
Subió por la escalera de piedra notando con satisfacción que no había ningún guardia vigilando la entrada. Después, se encontró en un enorme y sombrío hall adornado por cuadros y estatuas, y en cuyo fondo se veía el comienzo de una nueva escalera de piedra, con un ascensor a cada lado.
Pero prefirió prescindir de los ascensores. No sabía muy bien qué estaba buscando. Recorrió el primer piso y allí empezó a adivinar el caos: el vidrio de una ventana roto, libros en el suelo, una puerta casi desprendida del marco. Y entonces apareció alguien detrás de él, nada más y nada menos que el propio Castle.
- Se ha ido - dijo-. Logró deslizarse a través de un ojo de cerradura, aunque no lo crea, el de la puerta detrás de la cual lo manteníamos cautivo. Nunca nos imaginamos que sería capaz de hacer eso, por eso no tomamos mayores medidas de seguridad.
- Escuché la noticia en la televisión - dijo Roggan-. Ya varios medios están hablando de esto. Así que usted estaba detrás de todo esto. ¿Usted y cuántos más?
- Muchos - dijo Castle -, todos los que alguna vez coincidimos con la idea de que las exploraciones espaciales estaban representando un esfuerzo inútil, un gasto excesivo y también un riesgo para las tripulaciones, todo lo cual podía evitarse a través de una nueva forma de exploración. No hay nada de malo en ello, sólo que, debo reconocerlo, se cometieron errores. Bien, si va a ir detrás de esa cosa hágalo con cuidado, tiene bastante fuerza, a pesar de su aspecto gelatinoso, y también me he enterado que atacaron el Departamento esta madrugada. Se llevaron unos gases paralizantes del laboratorio, no sé si sabrán cómo usarlos, pero por las dudas no se acerque demasiado a esas cosas si se las encuentra por ahí. Al parecer, se dispersaron cuando las fuerzas militares irrumpieron en el Departamento, así que ahora podrían estar en cualquier parte, buscándose entre sí y buscando a la que escapó de este mismo edificio. Pueden ser muy rápidas cuando necesitan serlo, y también han demostrado cierta inteligencia a pesar de que a través de la transparencia de sus cuerpos no se aprecia nada que se parezca a un cerebro.
- Alguna clase de cerebro tienen que tener - dijo Roggan.
- Cierto - dijo Castle -, pero no concentrado en un determinado punto de sus cuerpos, sino distribuido a lo largo de toda su anatomía en ramificaciones tan delgadas que no son perceptibles a simple vista. Esto les permite conseguir esa asombrosa elasticidad sin sufrir ningún daño neurológico. Aunque no hemos tenido mucho tiempo para estudiar al espécimen que escapó, creo que su parte ósea era igualmente flexible, apenas más rígida que la carne, y quizá sea la única parte de su ser que pueda generarle algún inconveniente durante el proceso de estiramiento. De hecho, cuando analizamos el ojo de la cerradura de la sala de detención, notamos cierto compuesto viscoso en sus bordes que indicaría que la criatura no consiguió la estrechez necesaria para resultar completamente ilesa durante su huida. Una herida leve, sin dudas, que no acarreará para ella ninguna consecuencia grave.
Editado: 23.10.2026