El factor 3-73

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La calle bajaba y se bifurcaba en una rotonda, en cuyo centro había una escultura que le hizo pensar a Roggan en una flor o una bailarina retorciéndose.

Detrás de esa rotonda estaba el río, sereno, tan sereno como si fuera de piedra. Un camión, aparcado en la calle transversal, le impedía a Roggan visualizar las islas, y junto a ese camión estaba el museo.

Hacia las 7 de la tarde la temperatura descendió bruscamente. Roggan había permanecido durante casi 2 horas observando desde lejos a los pocos visitantes que entraban o salían de ese sitio. Luego, se acercó a esa puerta de madera. Entró. No era necesario anunciarse. Cualquiera podía entrar y recorrer esos pasillos y dejar, si lo consideraba justo, algún dinero en la caja que estaba a un costado de la entrada, sobre una rudimentaria mesa de madera.

No había muchas vitrinas allí dentro, ni tampoco espacio para muchas más. Al final del pasillo central estaba quien había sido secretario de Jerem Saxon, y quien ahora, en cierto modo, había heredado su museo, lo cual estaba aclarado en un artículo periodístico que Roggan leyó alguna vez sin prestarle demasiada atención.

Pero esos datos ahora le importaban.

Mientras se aproximaba a ese hombre, que, según aquel artículo, se apellidaba Crawford, no dejaba de mirar las vitrinas que dividían ese lugar en 3 pasillos, fingiendo interés en lo que contenían: piedras con extrañas formas, fotografías, algún artefacto cuya tecnología, supuestamente, no pertenecía al planeta Tierra. En algunas fotografías, por lo general en blanco y negro, se podía apreciar una nave espacial de origen desconocido, según el texto explicativo que acompañaba a la imagen y que probablemente había sido redactado por el propio Jerem.

- Ésa es una foto realmente antigua - dijo Roggan cuando estuvo a un metro de Crawford -. Creo que fue tomada en 1936, en Oklahoma.

- Las fechas de las imágenes por lo general no están indicadas - dijo Crawford -, lo cual no les resta credibilidad. ¿Usted cómo sabe eso? ¿También es investigador?

- Estuve durante mucho tiempo en las fuerzas armadas - dijo Roggan-. Allí se ve de todo, y de allí probablemente proviene gran parte de todo este material. Si no me equivoco, el fundador de este museo fue comandante antes de dedicarse exclusivamente a la investigación.

- Así es- dijo Crawford-. Tarde o temprano todos descubrimos alguna vez para qué servimos, y para qué no. Jerem no tenía una vocación bélica. Esto lo fue sabiendo a costa de sucesivos desaciertos que finalmente lo llevaron a darse por vencido en el ámbito militar. Su orgullo y su carácter obsesivo lograron renacer, años después, a través de la especulación científica, pero, como podrá notarlo, son pocas las evidencias tangibles que consiguió a lo largo del ejercicio de esta nueva disciplina.

- Claro - dijo Roggan -, ¿pero sabía que emprendió una investigación sobre el accidente ferroviario? Y en eso no le fue tan mal, creo. Algunas de sus teorías finalmente se confirmaron. Por ejemplo, la teoría de que la nave que se estrelló no estaba siendo perseguida por la otra. Concretamente, no hubo una persecución sino que ambas pretendían aterrizar casi al mismo tiempo y se podría decir que se estaban disputando una "pista de aterrizaje", una zona descampada, sin viviendas ni demasiados árboles, pero esa desolación se debía a que por allí tenía que pasar un tren, a que allí estaban instaladas unas vías.

- Recuerdo eso - dijo Crawford-. Incluso Jerem tenía una copia de la imagen satelital precisamente al accidente. En ella se veían ambas naves. Jerem hizo otras copias de esa imagen, para ampliar y estudiar de manera independiente la de cada una de las naves involucradas. Una de ellas tenía una forma rectangular, era negra, con una luz roja en el centro de su base. La otra, esférica, y a lo largo de toda su superficie podían notarse ciertas vetas, una sobre otra, formando una serie de casi 500.000 vetas. Imagínese que usted toma una esfera y alrededor de ella coloca, por ejemplo, una serpiente, y sobre ésta otra, y así hasta cubrir por completo esa esfera. Bien, así era el aspecto de la nave, sólo que no eran serpientes lo que estaba abrazado a ella, sino los cuerpos de sus pasajeros. La nave no se veía, estaba debajo de todos ellos.

- No entiendo - dijo Roggan -. ¿Se trata de una manera particular de viajar en el espacio?

- Posiblemente - dijo Crawford-. O también es probable que el interior de la nave ya estuviera colmado, y que miles de exiliados se hayan visto obligados a abandonar su planeta de esta forma. Yo, cuando vi las primeras ampliaciones de la imagen, creí que esas líneas conformaban cierta rugosidad propia del vehículo. Pero luego Jerem realizó nuevas ampliaciones, y en ellas noté que esas líneas tenían un cierto relieve, que eran de color verde y que también exhibían cierta transparencia. Entonces entendí a qué se debía la hipótesis de Jerem, y creo que no se equivocó. Pobres criaturas, tener que viajar así, exprimiendo al máximo sus propias capacidades corporales para no morir. Cada una de ellas es capaz de formar un delgado anillo alrededor de un vehículo de esas dimensiones, y de este modo pueden caber, en el exterior del mismo, fácilmente medio millón de ellas. Pero cuando Jerem propuso esto nadie podía estar dispuesto a aceptarlo.

- De hecho - dijo Roggan -, todavía cuesta hacerlo. Así que medio millón, y solamente en el exterior de la nave... Por Dios que eso es mucho. ¿Cuántos en total habrán llegado entonces a nuestro planeta, viajando dentro y fuera de ese vehículo?

- Trato de no pensar mucho en eso- dijo Crawford-, pero no tardaremos en descubrirlo. ¿Y cómo piensa erradicarlos el Gobierno? ¿Sabe qué dijeron ayer? Que no podían facilitarles el regreso a su planeta porque ese planeta probablemente ya no exista. ¿Qué pretenden? ¿Que se queden para siempre aquí? Ya sabemos que eso no sería bueno, a pesar del esfuerzo de ciertos sectores del periodismo por hacernos creer eso. Ya sabemos que están matando gente, y que van a seguir haciéndolo, aunque lo hagan por desesperación, por angustia. No tienen planeta a dónde regresar. ¿Qué harán entonces sino tratar de adueñarse de éste?




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