Salió de la tienda con su estrella en el corazón. No fue fácil. Al principio las manos le temblaban, los cuadros no salían como quería, y la voz que le decía no puedes seguía ahí, pero más débil cada día.
Poco a poco, los colores volvieron a su vida. No para ser perfecta, sino para ser ella. Y descubrió algo maravilloso: al recuperar su propia luz, también podía iluminar a quienes estaban a su alrededor.