La cena estaba servida para cuatro.
Vera se detuvo en la puerta del comedor.
Su madre.
Lucía.
Ella.
Y una silla vacía.
—¿Quién falta? —preguntó.
Lucía tomó asiento.
—Ya llegará.
Salvat entró detrás de Vera.
La madre lo miró con desaprobación.
—Esto es familiar.
—Yo también lo preferiría —dijo Salvat.
Vera se acercó a la silla vacía.
Había un plato.
Una copa.
Un cubierto.
Y una tarjeta doblada.
La abrió.
GAEL ORSINI
Vera la soltó.
Lucía sonrió.
—¿Lo conoces?
—Sí.
—Qué curioso.
—¿Por qué?
—Porque yo también.
Vera se volvió.
—No.
—Claro que sí.
—Muriste antes de que yo lo conociera.
—¿Segura?
La madre dejó una fuente sobre la mesa.
—No empiecen.
Vera miró alrededor.
La cocina.
El comedor.
Las cortinas.
Todo estaba reconstruido con una precisión insoportable.
Incluso el reloj de pared.
Las 22:14.
La hora del accidente.
Vera lo reconoció.
—No.
Lucía siguió su mirada.
—Ahí está.
—¿Qué?
—La parte que siempre evitas.
El reloj hizo clic.
22:15.
Vera sintió dolor en el pecho.
—¿Qué pasó a esa hora?
Salvat preguntó con cuidado.
Lucía respondió antes.
—Morí.
La madre dejó caer una cuchara.
—Lucía.
—¿Qué?
—No hables así.
—Pero pasó.
—Estás aquí.
Lucía miró a Vera.
—¿Ves?
—¿Qué?
—Mamá siempre hace eso.
—¿Eso qué?
—Corrige la historia.
La madre palideció.
—Basta.
Lucía se puso de pie.
—Tú también.
Vera negó.
—No.
—Sí.
—Yo recuerdo el accidente.
—Recuerdas después.
—Recuerdo el coche.
—Después.
—La lluvia.
—Después.
—La ambulancia.
—Después.
Lucía se acercó.
—No recuerdas quién estaba al volante.
Vera sintió que la habitación se inclinaba.
—Tú.
—¿Por qué?
—Porque...
Se detuvo.
No tenía imagen.
Solo una certeza.
Una certeza sin escena.
Lucía lo vio.
—Exacto.
Vera miró a su madre.
—¿Quién conducía?
La mujer comenzó a llorar.
—No quiero volver a esto.
—Mamá.
—No.
—Dime.
—No puedo.
—¿Por qué?
—Porque prometiste que nunca volveríamos a hablarlo.
Vera se quedó inmóvil.
—¿Yo?
—Sí.
Lucía se rio.
No con crueldad.
Con tristeza.
—Ahí tienes tu verdad.
Salvat miró a Vera.
—¿Qué prometió?
—No lo sé.
La luz parpadeó.
El libro apareció sobre la mesa.
Nadie lo había traído.
Salvat retrocedió.
—Estaba en el coche.
La madre no reaccionó.
Lucía sí.
—Siempre llega antes que tú.
Vera abrió el libro.
No sabía por qué.
Tal vez porque ya estaba cansada de tener miedo de las páginas.
El capítulo decía:
DRAMA FAMILIAR
Debajo había una escena escrita.
No futuro.
Pasado.
Vera tenía dieciocho años.
Lucía, diecisiete.
Habían discutido en el coche.
Vera conducía.
Vera cerró el libro.
—No.
Lucía no dijo nada.
Su madre lloraba.
Salvat miró a Vera.
—¿Es verdad?
—No.
—¿Lo recuerda?
—No.
—Entonces...
—¡No significa que sea verdad!
Golpeó el libro contra la mesa.
Las copas temblaron.
Una imagen atravesó su mente.
Manos en el volante.
Sus manos.
Lucía gritando.
Luces.
Lluvia.
—No.
Otra imagen.
Un teléfono vibrando.
Una discusión.
Lucía intentando quitarle algo.
Vera girando la cabeza.
La curva.
—No.
Se agarró a la mesa.
—No.
Lucía se acercó.
—Ahora sí.
—No.
—No te culpo.
—Cállate.
—Nunca te culpé.
—¡Cállate!
—Fuiste tú.
Vera la empujó.
Su mano atravesó el cuerpo de Lucía.
Como humo frío.
Vera gritó.
Lucía desapareció.
La madre también.
La casa se oscureció.
Salvat quedó solo con ella.
El libro seguía abierto.
Una frase nueva apareció.
La verdad ha cambiado de dueño.
La escena terminó.
La casa desapareció.
Vera y Salvat estaban de pie dentro del ascensor de su edificio.
Otra vez.
Sexto piso.
Las puertas cerradas.
Vera respiraba con dificultad.
—¿Qué pasó?
Salvat miró alrededor.
—No lo sé.
—¿Recuerda la casa?
—Sí.
—¿Lucía?
—Sí.
Vera cerró los ojos.
Al menos uno más recordaba.
La cámara del ascensor emitió un pitido.
Salvat levantó la vista.
—¿Eso estaba antes?
—Sí.
La pequeña pantalla de seguridad se encendió.
Mostró una grabación.
Fecha:
14 NOV 2024
Hora:
22:14
Vera miró.
En la imagen aparecía ella entrando en el ascensor.
Gael iba detrás.
Vera sintió que la sangre abandonaba su rostro.
—No.
En la grabación, Gael la sujetaba del brazo.
Vera parecía estar llorando.
No había sonido.
La cámara cambió de ángulo.
Gael le entregaba algo.
Un libro.
El mismo.
Vera lo abrió.
Leyó.
Después miró directamente a la cámara.
Como si supiera que algún día estaría viendo aquella escena.
Levantó el libro hacia el objetivo.
En la página había una frase escrita a mano.
NO ES LA PRIMERA VEZ.
La grabación saltó.
Nueva fecha.
03 AGO 2004
Vera tenía catorce años.
Entraba en el mismo ascensor.
Gael estaba a su lado.
Exactamente igual que ahora.
No había envejecido un día.
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thriller psicologico, misterio sobrenatural, realidad alterada
Editado: 03.10.2026