El género de mi muerte

CAPÍTULO 7. El capítulo de la persecución

Vera no contestó.

No podía.

Gael estaba frente a ella, vivo, inmóvil, demasiado real para ser una aparición y demasiado imposible para ser un hombre.

Salvat levantó el arma.

—Aléjese de ella.

Gael ni siquiera lo miró.

—No va a dispararme.

—Pruébeme.

—En este capítulo no.

Vera sintió que el ascensor se hacía más pequeño.

—¿Qué significa eso?

Gael bajó la vista al libro.

—Significa que todavía estamos en thriller.

—Eso ya lo sé.

—No. Sabes el nombre. No las reglas.

Salvat dio un paso adelante.

—Explíquelas.

Gael sonrió apenas.

—No funcionan igual cuando se dicen en voz alta.

—Conveniente.

—Mucho.

Vera salió del ascensor.

—Quiero respuestas.

—Las tendrás.

—Ahora.

—Ahora no sobrevives si te quedas aquí.

—Otra vez con eso.

—Vera.

—¿Qué te pedí que hicieras conmigo?

Gael la observó.

Durante un instante desapareció toda ironía de su rostro.

—Que te hiciera olvidar.

El silencio cayó como un objeto.

Vera sintió que algo dentro de ella se cerraba.

—No.

—Sí.

—¿Por qué?

—Porque no podías vivir sabiendo lo que había pasado.

—¿Con Lucía?

Gael no respondió.

Eso bastó.

—¿Tú estabas allí?

—Sí.

—¿Cuándo murió?

—Sí.

Salvat miró a ambos.

—¿Cuántos años tiene usted?

Gael soltó una risa seca.

—Ésa es una mala pregunta.

—Contéstela.

—Treinta y nueve.

—En la grabación de 2004 parece exactamente igual.

—Lo sé.

—Entonces miente.

—También.

Vera avanzó.

—Deja de hablar así.

—¿Así cómo?

—Como si cada respuesta pudiera tener dos versiones.

—Puede.

—No conmigo.

Gael la miró con cansancio.

—Contigo especialmente.

El teléfono de Salvat vibró.

El inspector miró la pantalla.

Cambió de expresión.

—Tenemos que irnos.

Vera no se movió.

—¿Qué pasa?

—Acaban de emitir una orden de detención contra usted.

—Ya me interrogaron.

—Ahora es formal.

—¿Por qué?

Salvat guardó el teléfono.

—El cuchillo tiene sus huellas.

Gael cerró los ojos.

—Ya empezó.

—¿Qué?

—La siguiente fase.

Vera lo miró.

—¿Qué fase?

—Pruebas que siempre estuvieron ahí.

—No estuvieron.

—Eso no importa en un thriller.

Salvat se volvió hacia el pasillo.

—Vienen dos patrullas.

—¿Para arrestarme?

—Sí.

—¿Y usted?

—También.

—¿Por qué?

—Por sacarla de la comisaría sin autorización.

Vera sintió una risa nerviosa subirle por la garganta.

—Perfecto.

Gael abrió la puerta de la escalera.

—Por aquí.

Salvat no se movió.

—No pienso seguir a un cadáver.

—Entonces quédese.

—¿Adónde vamos?

Gael miró a Vera.

—A un lugar donde el libro no puede decidir quién eres durante unos minutos.

—¿Existe?

—Todavía.

Salvat apretó la mandíbula.

Desde abajo llegaron pasos.

Voces.

—Inspector Salvat.

Una radio crepitó.

—Planta seis.

Gael abrió más la puerta.

—Ahora.

Vera miró el ascensor.

El libro.

Salvat.

Gael.

Y eligió.

Corrió.

Bajaron dos pisos por la escalera.

Gael abrió una puerta de servicio.

Entraron en un corredor técnico.

Vera no conocía aquella parte del edificio.

—Esto no existe.

—Sí existe.

—Vivo aquí desde hace siete años.

—En tu versión.

Salvat se detuvo.

—¿Qué significa «tu versión»?

Gael siguió caminando.

—Que el libro no crea todo desde cero. Reorganiza.

—¿Qué?

—Espacios. Recuerdos. Roles. Probabilidades.

Vera lo alcanzó.

—¿Y personas?

Gael la miró.

—A veces.

—¿Tú eres una?

No contestó.

—Gael.

—Luego.

—No.

Vera le agarró el brazo.

Él se volvió.

—¿Eres una persona?

El silencio fue demasiado largo.

—Fui una.

Vera soltó su brazo.

Salvat maldijo en voz baja.

—No.

Gael siguió.

—No tenemos tiempo.

—Tenemos todo el tiempo hasta que hables.

—No sabes lo que estás diciendo.

—Entonces explícamelo.

Gael se detuvo frente a una puerta metálica.

—Yo leí el libro antes que tú.

Vera sintió un vacío en el estómago.

—¿Cuándo?

—Hace muchos años.

—¿Cuántos?

—No importa.

—A mí sí.

—Treinta y dos.

Salvat lo miró.

—Eso es imposible.

—Otra vez esa palabra.

Vera sintió que el corredor se inclinaba.

—¿Treinta y dos años?

—Sí.

—Entonces tendrías...

—Setenta y uno.

Nadie habló.

Gael apoyó una mano sobre la puerta.

—Abrí mi Final.

—¿Y?

—Sobreviví.

—¿Cómo?

Gael bajó la mirada.

—Mal.

Vera entendió antes de que lo explicara.

—Te quedaste dentro.

—Parte de mí.

—¿Qué significa?

—Que desde entonces el libro puede usarme.

—¿Como personaje?

—Como función.

Salvat frunció el ceño.

—No entiendo.

Gael miró a Vera.

—Por eso cambio de rol.

—Romance.

—Sí.

—Thriller.

—Sí.

—Horror.

—También.

—¿Y tú recuerdas todos?

—No todos.

—Pero más que yo.

Gael no respondió.

La frase del espejo regresó.

ÉL RECUERDA MÁS CICLOS QUE TÚ.

Vera retrocedió.

—La mujer del espejo decía la verdad.

Gael se tensó.

—No necesariamente.

—¿Quién era?

—No lo sé.

—Mentira.

—No exactamente.

—Te odio cuando haces eso.

—Lo sé.

—¿De otro ciclo?

Gael la miró.

—Tal vez de uno que todavía no ocurrió.

Vera sintió frío.

Un golpe sonó detrás.

La puerta del corredor se abrió.




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