El Gran Torneo

Capítulo 1: Una Casa en ruinas

 

La Casa Usagi está arruinada. Sólo queda el viejo maestro, un longevo hombre conejo que después de gastar todo su dinero en el último Gran Torneo, quedó completamente en ruina y todos sus sirvientes lo abandonaron. Pero, aun así, él no está dispuesto a entregar la Escritura de su Casa.

Aún faltan nueve años para el próximo Gran Torneo; sin embargo, el maestro necesita entregar el día de mañana una carta con el nombre del representante de su Casa, y él no tiene a nadie, menos ahora que todo el mundo lo abandonó debido a que su anterior representante quedó en última posición.

Es de noche, y el viejo maestro camina por las no tan transitadas calles de la ciudad, pensando en qué hacer para el torneo, cuando ve a tres bandidos persiguiendo a un niño de cerca de 12 años. Los bandidos acababan de matar a sus padres por una deuda que el papá del niño tenía con el jefe de la mafia.

El maestro permanece observando al niño correr por su vida, intentando en vano luchar contra los bandidos, tratando de golpearlos, pero sin asestar un solo golpe. Los bandidos, por otro lado, lo empujan, lo golpean y se burlan de él, divirtiéndose cruelmente como un león jugando con una gacela antes de comerla.

El viejo se decide que ese no es asunto suyo, entrometerse con los negocios de los Yakuza sólo iría a traerle más problemas a su ya precaria situación. Pero es un leve movimiento del niño lo que lo hace mudar de decisión: el maestro observa cómo el niño rápidamente coge una botella quebrada a la mitad, y, con una velocidad increíble, probablemente de manera inconsciente, la clava en el pescuezo de uno de los bandidos, haciendo que éste caiga al suelo y muera desangrado en solo unos instantes. Los otros dos hombres miran la escena con asombro y enojo: su compañero acaba de morir, lo que significa que ya es hora de acabar con los juegos. Caminan en dirección al niño para matarlo de una vez.

– ¡Paren de lastimar al chico! –grita el maestro.

– ¿Estás hablando con nosotros, anciano? –pregunta enfadado uno de los bandidos.

– Ya basta –dice en tono más bajo.

– ¿Acaso sabes quiénes somos? ¿tienes idea de quién es nuestro jefe?

– Por favor, no quiero tener problemas con ustedes, sólo dejen al niño en paz y regresen a sus casas, ya hicieron suficiente daño por hoy.

– Parece que el viejo anciano quiere morir –el bandido mira a su compañero, mientras se burla del maestro–. Pues es hora de concederle su deseo.

Después de decir eso, el bandido desenfunda su pistola y la apunta directo a la cara del maestro.

– Por favor, no me obliguen –repite el maestro casi con tono de súplica. Sabe que, si se ve forzado a actuar, eso significaría que los Yakuza no pararían de buscarlo hasta encontrarlo para tomar venganza.

– Adiós, viejo inútil –dice el bandido, y dispara contra el maestro.

El maestro, líder de la Casa Usagi, puede escuchar claramente el sonido de la detonación y ver la bala lentamente salir de la pistola. Corre hacia el bandido, desenfunda su espada y corta la bala, y el acero pasa directo y taja al bandido de un espadazo, justo en la mitad del cuerpo.

El último bandido saca su pistola y tira contra el viejo, pero él es mucho más rápido que el proyectil, así que fácilmente lo esquiva y clava su katana en el corazón del malhechor.

El niño, que se había refugiado en una esquina llorando, voltea su rostro hacia el hábil maestro.

– Muchas gracias, señor –le dice, limpiándose las lágrimas.

El maestro se acerca al niño y le lanza una patada, arrojándolo unos metros. Luego camina nuevamente hacia la criatura, y, mientras el niño se protege y empieza otra vez a llorar, le pregunta en tono de reclamo:

– ¿Por qué eres tan inútil? ¿Acaso no puedes defenderte por ti mismo? ¿Por qué permitiste que esos canallas te lastimaran de esa forma?

– Lo siento mucho señor –dice el niño sollozando–, mis padres están muertos, ellos los mataron.

– ¡Basta ya, crío! Ven conmigo, yo voy a mostrarte cómo hacer para que nadie nunca más se aproveche de ti.

El maestro se decide: ya tiene a quien representaría a su Casa, y desde ese momento ellos se convertirían en mentor y aprendiz.



Maru Kaiho-sha

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En el texto hay: muertes, peleas, poderes

Editado: 23.09.2018

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