¡Crack!
El sonido de un vaso rompiendo resonó por toda la pequeña habitación.
—Te dije... que no... me mires.
—N-no te estaba mirando —Tartamudee mirando al suelo y con una mano protegí inconscientemente mi vientre.
Aiden levantó la mano y antes de que pudiera reaccionar me golpeó. Mi cara giro hacia un lado mientras sentía el sabor metálico de la sangre.
Él no podía mantenerse firme ya que estaba muy ebrio, sin embargo aún tenía suficiente fuerza como para aturdirme con una simple cachetada.
—Nunca... Entiendes.
—¡Agh! —Gemi de dolor.
Él jalo mi cabello con fuerza.
—Esto es... culpa tuya.
Mis lágrimas empezaron a salir.
—Aiden, no. Por favor piensa, piensa en nuestro hijo.
—Ese niño... Es solo una carga.
—No, por favor. ¡Perdón no lo volveré a hacer! —grité desesperada.
—Muy tarde.
Empezó a jalarme.
—¡Ah!
Caí al suelo, sin embargo no deje de proteger mi vientre. Me había tropezado, aunque él no le dió importancia y siguió arrastrando a la habitación.
Me lanzó a la pequeña cama, el colchón estaba tan viejo que los resortes lastimaron mi brazo.
Trate de levantarme cuando soltó mi cabello, pero no tuve oportunidad, ya que de inmediato volvió a sujetarme.
—No, por favor. ¡Perdóname!
Él no escucho nada de lo que le decía y se abalanzó sobre mi empezó a golpearme constantemente la cara.
—Esto... Te lo buscaste. No me culpes.
¡Pun, pun!
Solo podía escuchar el sonido de los golpes, ya que casi no podía abrir los ojos, el dolor en mi cara era tal que en un punto deje de sentirlo y solo escuché un simple silbido agudo en mis oídos para desmayarme.
.
.
.
Me moví un poco en la cama, el un fuerte dolor me hizo despertar.
—Agh —Gemi de dolor.
Con dificultad intente abrir mis ojos, aunque solo lo hizo uno. Levanté mi mano y note que tenía marcas.
«Después de que me desmayara, lo hizo »
Mi piel era muy blanca, y a él le encantaba dejarme marcas en todo mi cuerpo. Siempre decía que esa era su manera de marcar lo que le pertenecía.
Toque mi cara, sentí que estaba muy hinchada. Lentamente me senté en la cama, busqué a Aiden con la mirada, y no lo encontré.
Internamente me sentí aliviada.
Caminé apoyándome en la pared con cuidado para ir hacia el baño. Un diminuto cuarto, dónde el moho estaba ganando mucho terreno, y dónde las tuberías sobresalían ya oxidadas.
Me acerque al pequeño fragmento de espejo que teníamos y me observo, no me sorprendía al verne ya que no era la primera vez que él me golpeaba.
Mi ojo derecho estaba muy hinchado, con tonos rojos y morados, mi labio estaba roto y tenía sangre seca a un lado. Al desvestirme, pude notar que en mi pecho también tenía varios moretones y marcas rojas al igual que mis piernas.
Afortunadamente mi vientre no había resultado herido. Lo acaricie mientras sollozaba.
—Lo siento pequeño. Papá no ha estado de muy buen humor estos meses —Podía sentir una ligera punzada en el vientre—, pero se que con el tiempo cambiara, solo debo aguantar y todo volverá a ser como antes... Cuando nazcas él cambiará.
Recordé cuando lo conocí.
Ambos habíamos crecido juntos en el mismo orfanato.
Muchos de los niños de allí fueron malos conmigo; me molestaban, jalaban mi cabello, se reía y ponían sobrenombres. Fue tanto el acoso que cada vez que escuchaba palabras similares a las que me decían no podía dejar de llorar y ponerme ansiosa.
Aiden que era 6 años mayor, fue el único que me defendió y pregunto como estaba. Siempre estaba a mi lado.
—No te preocupes Bia. Yo estoy contigo y te cuidare —Tomo mi mano y acaricio mi mejilla.
—¿De verdad? ¿Siempre estarás conmigo?
—Sí, siempre y te protegeré —susurró en mi oído.
Me sentí muy feliz al saber que tenía a alguien que me apoyaba y cuidaba.
.
.
.
Abrió la regadera y el agua empezó a caer sobre mi cara, estaba tan fría que me hacia temblar.
Me bañe rápido y salí, aunque casi caí en un descuido ya que me resbale, logré sostenerme, aunque mi tobillo termino un poco lastimado. Afortunadamente me sostuve el viejo y amarillento lavamanos.
Logré incorporarme y caminar a la habitación. Con dificultad me coloque de nuevo mi viejo y muy desgasto vestido color azul que él me había regalo hace mucho tiempo.
Respiré hondo antes de tomar la manija de la puerta, no pude evitar que mis manos tamblaran. Al girarla, mi corazón comenzó a acelerarsea.
«Espero que no este»
Sin pensar más, abrí la puerta de golpe.
—A-Aiden —Lo llame en susurros.
De nuevo revisé el lugar con la mirada, sin embargo no lo encontré.
«Se, se fue a trabajar »
Aliviada camine hacia la cocina, la cuál llegué en 5 pasos.
Note que habían algunos platos de comida sobre la mesa, que parecían aún estar calientes.
No pude evitar sentir un escalofríos recorrer mi nuca.
—Hola cariño. Veo que ya despertaste.
Detrás de mi escuché su voz.
Me paralice, en ese momento olvidé hasta como respirar.
—¿Cariño, qué pasa?
Me giró para comenzar a revisar mi cara, y a tocar los moretones. Inconsciente me parte unos centímetros. Él lo noto, y su cara de preocupación cambio por una de enojo.
—No te alejes de mi —Sujeto mi cuello—. Ves, tu mismo provocas que te haga daño.
—Lo-lo siento... Ca-cariño —Tartamudee aterrada.
Se acercó y beso mis labios.
—Así está mejor —Solto el agarre de mi cuello para tomar mi mano—. Ven, vamos a desayunar, conseguí un poco de pan y café, como a ti te gustan —Curvo la camisura de sus labios.
Se acercó a una silla y me indico que me sentará. Lo hice para que no se molestará y comencé a comer en silencio.
El café era algo que me gustaba, ya que fue lo primero que Aiden me había hecho cuando decidimos vivir juntos como pareja. Aunque ahora, era algo que simplemente me desagradaba.
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Editado: 19.10.2026