La mañana siguiente envolvió la casa Mizuchi con una calma que hacía mucho no se sentía. Las vacaciones de verano apenas comenzaban, y por primera vez en meses, Aoi no tenía horarios de estudio ni tareas pendientes que le pesaran en la mente. Desde la cocina llegaban las voces claras de Kaede y Hina, organizando lo que se llevarían al salir.
—Ya dejé el almuerzo en recipientes marcados en la nevera —dijo Kaede, ajustando el borde de una fiambrera con cuidado—. Calienta solo lo que vayas a comer.
—Y no te encierres todo el día ahí adentro —añadió Hina mientras se ataba las zapatillas, asomando la cabeza desde el pasillo—. Si te veo conectado más de seis horas seguidas, te llamo y te hago bajar a limpiar el patio.
Aoi miró hacia abajo, fingiendo revisar algo en su mano.
—Iré haciendo descansos. De verdad.
Las dos hermanas cruzaron una mirada silenciosa.
—...
—...
—No te creemos —dijeron al mismo tiempo, aunque con una sonrisa que no ocultaba el cariño.
Kaede se acercó para acomodarle el cuello de la camisa.
—Dentro de unos días empiezas en la tienda de libros, así que aprovecha estos días para descansar bien. No te preocupes por nada más.
Aoi asintió. Ese trabajo se lo había conseguido Kaede; decía que le vendría bien respirar otro aire y aprender cosas nuevas. Al principio se había negado, pero al final aceptó.
Cuando la puerta se cerró tras ellas, el silencio se asentó suavemente en toda la casa. Reika y Reina se habían ido a pasar unos días con sus familias lejos de la ciudad; antes de despedirse, le habían prometido que entrarían al juego en cuanto pudieran. Por ahora, solo él quedaba allí.
Miró el reloj de pared. Las agujas avanzaban despacio.
—Es momento de volver.
Subió a su habitación con paso tranquilo. El casco de realidad virtual descansaba sobre el escritorio, brillando levemente bajo la luz que entraba por la ventana. Lo tomó entre las manos: apenas habían pasado unos días desde que venció al Gólem, pero sentía que el tiempo había corrido de otra forma allí dentro.
Se lo colocó y ajustó las correas.
—Conectar.
La habitación se desvaneció en un resplandor blanco. Cuando la visión volvió a formarse, el aire fresco y húmedo de un bosque inmenso lo recibió: árboles de troncos anchos y alturas que parecían tocar el cielo, hojas inmensas que filtraban la luz en manchas doradas, y el sonido constante del viento desplazándose entre las ramas. Había regresado al tercer piso. La Domadora volvía a Eternal Fantasy Online.
Inmediatamente, varias capas de interfaz se desplegaron frente a él con suavidad, sin estorbar la visión del entorno: recompensas por misión, estadísticas actualizadas, desbloqueos de contenido y mejoras de habilidades.
Aoi observó su propio cuerpo reflejado en una de las ventanas y se detuvo. En el brazo derecho, la marca del General Orco: líneas oscuras y afiladas que parecían grabadas en la piel. En el hombro izquierdo, la del Gólem: una figura pétrea con un núcleo luminoso que latía al mismo ritmo que su propio corazón. Al pasar la mano por encima, no desaparecieron. El texto informativo apareció con claridad:
Marcas del Conquistador
Otorgadas al derrotar al Guardián de un piso. Su diseño y propiedades se adaptan a las condiciones de victoria. Son permanentes.
—Así que cada una cuenta cómo gané... —murmuró, comprendiendo que nadie más en el servidor tendría unas iguales.
Una nueva notificación destacó con un borde brillante:
Función desbloqueada: Personalización completa de apariencia
Permite modificar vestimenta, detalles físicos y accesorios sin alterar estadísticas ni efectos de equipo.
—Por fin —sonrió levemente. Ahora no tendría que verse siempre igual, aunque sabía que esa mejora podía esperar.
Lo que más le interesaba era el estado de sus compañeros. Abrió el menú de invocaciones: todos habían subido varios niveles, y algunos mostraban nuevas opciones de evolución.
Primero apareció Fern:
Evolución disponible: Fenrir Menor
Incremento de fuerza física, resistencia a daño elemental, mayor agilidad y sentidos. Cambios estéticos: pelaje base oscuro con mechones plateados en melena y cola; colmillos y garras más resistentes.
—Procede.
Una luz azulada envolvió al lobo. Su cuerpo creció hasta casi duplicar su tamaño, las patas se volvieron más robustas y musculosas, la melena se alargó y brilló con reflejos plateados que se extendían por toda la cola. Cuando la luz se disipó, Fern imponía presencia, pero al instante bajó la cabeza para frotarla contra el brazo de Aoi, moviendo la cola con la misma alegría de siempre.
—Sigues siendo tú —dijo Aoi, acariciando su pelaje nuevo y denso.
Luego fue el turno de Lyn:
Evolución disponible: Fénix Inmaduro — CONDICIÓN: Bloquea evolución definitiva a Fénix en el futuro
Alternativa: Desbloqueo de habilidades de viento avanzadas sin cambio de forma ni restricciones.
Aoi negó de inmediato y cerró la ventana de evolución.
—Esperaremos lo mejor.
Al hacerlo, una nueva lista de habilidades apareció para ella: ráfagas cortantes, corrientes ascendentes para elevar objetos o aliados, barreras de viento que desviaban proyectiles y mayor velocidad de reacción. Lyn soltó un chillido alegre y dio vueltas en el aire, probando el nuevo empuje de sus alas.
Después apareció Regulus:
Evolución disponible: Dragón Menor
Crecimiento proporcional hasta el tamaño de un perro mediano. Mejora de escamas, resistencia física y capacidad de vuelo. Gracias al anillo de camuflaje otorgado por Kaede, su apariencia puede modificarse para ser reconocido como un Wyvern menor ante sistemas y jugadores.
La luz dorada lo envolvió. Al terminar, Regulus ya no cabía en la palma de su mano: tenía el tamaño de un perro pequeño, con escamas más brillantes y alas que podían sostenerlo a él mismo y a Aoi si era necesario. Sacudió la cabeza y soltó un rugido que ya tenía peso, pero al tocar el anillo en su dedo, su silueta cambió levemente: ahora cualquiera que lo viera pensaría en un Wyvern común y corriente.