No tardó mucho en aparecer una figura entre la espesura. Aoi levantó la vista y sonrió:
—Llegó.
Fern solo movió una oreja al reconocer su olor; Lyn descendió planeando hasta posarse en una rama baja, y Regulus alzó la cabeza desde su roca. Los arbustos se apartaron y Kyouka salió al claro: llevaba la armadura cubierta de polvo, hojas enredadas en el cabello y el rostro serio, que se relajó al verlo ileso.
—Menos mal… pensé que ya estarías peleando contra esa Esfinge.
—Todavía no —respondió él con calma.
Kyouka dio unos pasos más y empezó a recorrer el campamento con la mirada: Fern, Lyn, Regulus… todo parecía estar en su sitio. Entonces Puddle alzó un pequeño tentáculo para saludar.
—¡Puu!
—Hola, Puddle —dijo ella por costumbre.
Pero justo en ese momento, algo enorme pasó detrás de Aoi: cruj… cruj… cruj…. Kyouka giró despacio la cabeza. Un árbol entero, con raíces que funcionaban como piernas, caminaba tranquilamente por el campamento. Parpadeó una, dos veces.
—Aoi…
—¿Sí?
—¿Ese… ese árbol… está caminando?
—Sí.
Antes de que pudiera asimilarlo, una enorme columna de agua se alzó en el lago: ¡SPLAAASH!. Kyouka dio un pequeño salto del susto y vio al gigantesco Gusano de Pantano revolcándose feliz, levantando olas y soltando sonidos profundos de satisfacción. Puddle incluso rebotó encima de una de ellas.
—¡Puuu!
Kyouka se quedó rígida. La mirada iba del gusano al árbol, del árbol al gusano… hasta que se posó en la figura sentada junto a Aoi: alta, con escamas oscuras, cuernos elegantes, una larga cola y una lanza apoyada a su lado. Zeriska inclinó levemente la cabeza.
—Mucho gusto.
Kyouka volvió a mirar el árbol, luego al gusano, luego a Aoi… y explotó:
—¡¡¡AOI!!!
Él dio un respingo.
—¿Sí?
—¡¡EXPLÍCAME POR QUÉ HAY MÁS MONSTRUOS A TU ALREDEDOR!! ¡VINE A AYUDARTE CON UNA DRACÓNIDA, NO UN ÁRBOL CAMINANDO! —señaló el lago— ¡Y MUCHO MENOS UN GUSANO DE PANTANO BAÑÁNDOSE COMO SI FUERA UN PERRITO GIGANTE!
El gusano levantó la cabeza un instante, la miró… y volvió a lanzarse al agua con otro chapoteo estruendoso. Kyouka se llevó una mano a la frente.
—No… ya no entiendo nada…
—Puedo explicarlo —dijo Aoi, algo apenado—. Necesitaba atravesar el bosque sin perderme. Él siente todo lo que ocurre bajo tierra: árboles, raíces, monstruos. Así que hicimos un contrato temporal. Y el árbol… bueno, ya caminaba por aquí. Me pareció más cómodo viajar encima que caminar todo el día.
Kyouka lo miró, luego miró al árbol, suspiró profundamente y dijo con resignación:
—Lo que más me preocupa es que tenga sentido.
—¿Ves? —sonrió él.
—¡¡Y ESO ES LO QUE ME PREOCUPA!!
Zeriska lo miró con curiosidad:
—¿Ella siempre es así?
—Solo cuando hago algo que considera imposible —respondió Aoi con una media sonrisa.
—¡Porque contigo "imposible" es el estado normal de las cosas! —replicó Kyouka sin dudar.
Un silencio breve llenó el claro… hasta que Puddle soltó su alegre: ¡Puuu!. Incluso Zeriska terminó soltando una pequeña risa, mientras Kyouka negaba con la cabeza. Había venido preparada para investigar un misterio… pero nada la había preparado para descubrir que Aoi había convertido el lugar más caótico del juego en su propio y extraño hogar.
Kyouka soltó un suspiro largo y profundo, aceptando por fin que intentar entender cómo Aoi conseguía todo aquello era una batalla perdida de antemano. Se dejó caer en una de las sillas plegables:
—Está bien… ya no voy a preguntar cómo has llegado hasta aquí.
Aoi sonrió aliviado:
—Gracias.
—No te emociones —añadió ella de inmediato—, solo he decidido rendirme.
Y apenas terminó de decirlo, volvió a levantar la vista y tuvo que contenerse para no volver a reaccionar igual. Aoi bebía tranquilamente de una taza de té caliente… apoyando la espalda sobre el enorme cuerpo enrollado del Gusano de Pantano, que soltaba un sonido grave y relajado, encantado de servirle de respaldo.
Pero quien no estaba nada contenta era Fern. El lobo plateado daba vueltas alrededor del gusano soltando pequeños gruñidos de advertencia.
—Grrrr…
El gusano respondía con un murmullo profundo.
—Grrrrmmm…
Fern volvió a gruñir. El gusano no se movió ni un milímetro. Finalmente, la Fenrir se acercó a Aoi, apoyó la cabeza sobre su pierna y miró al gusano con evidente molestia.
—Fern… no te pongas celoso —dijo él con una risa suave.
El lobo apartó la mirada con total dignidad, como si aquella acusación fuera completamente infundada.
Kyouka se llevó una mano a la frente:
—Está discutiendo… con un gusano…
Mientras tanto, el árbol viviente extendía sus ramas cubriendo todo el claro con una sombra fresca; Lyn dormía plácidamente sobre el lomo del gusano; Regulus descansaba al lado derecho de Aoi; y Puddle dormitaba sobre su pierna izquierda, meciéndose suavemente con cada respiración. Y él seguía bebiendo té como si fuera la escena más normal del mundo.
Zeriska lo observó unos instantes y luego miró a Kyouka:
—¿Es… común verlo rodeado de esta forma?
Kyouka negó lentamente:
—No. Hoy se ha salido de cualquier estadística que hubiera podido imaginar.
—¿Tan raro es? —preguntó Aoi.
—¡Claro que sí! —lo señaló ella—. Tienes una Fenrir, un dragón, un ave, un slime, un gusano que te hace de almohada, un árbol que te da sombra y una dracónida sentada a tu lado. Creo que ni los propios desarrolladores esperaban ver algo así.
Incluso Zeriska soltó una pequeña risa, y la tensión que había cargado sobre ella durante días pareció aflojarse un poco.
Kyouka carraspeó y recuperó la seriedad, sacando una pequeña tableta:
—Bien… volvamos a lo importante. Mientras venía revisé toda la información posible sobre las Esfinges. Son exclusivas del décimo piso: hábitat, nivel, habilidades… todo coincide. No hay ni un solo registro de que aparezcan en otro lugar.