El jefe final que no quiere ser derrotado

Capítulo 38: la soberana de los Draconianos

La marcha se detuvo solo cuando el bosque recuperó su calma, y la Reina Zerineth alzó una mano con un gesto sereno pero inconfundible. Los dracónidos fueron parando poco a poco: muchos cayeron de rodillas por el agotamiento; otros abrazaron a sus seres queridos, incapaces de creer que seguían con vida. Un soldado, con la armadura rota y heridas frescas, se acercó con una leve sonrisa:

—Majestad… el recuento está hecho. No hemos perdido a nadie. Ni niños, ni ancianos, ni heridos. Todos lograron escapar. De no haber sido por Zeriska… y por aquella joven…

La Reina cerró los ojos un instante, y por primera vez alivio y gratitud cruzaron su rostro.

—Me alegra escuchar eso. Pero no podemos detenernos aquí. La tormenta se acerca. Ordenen buscar refugio: cueva, risco, cualquier sitio seguro. Los niños primero, luego los ancianos y heridos. Nosotros cubriremos la retaguardia.

Los grupos se dispersaron rápido, hasta que un centinela alzó la voz desde lo alto:

—¡Movimiento! ¡Al bosque!

Todos formaron línea defensiva al instante… hasta que la voz de la Reina cortó el aire:

—¡Bajen las armas!

Entre la espesura avanzaba el Árbol Viviente, con cada paso haciendo temblar levemente la tierra. Y sobre sus raíces, las figuras que todos esperaban ver: Zeriska saltó al suelo y corrió hacia su soberana, abrazándola con toda la fuerza de su alegría.

—¡Majestad! ¡Me alegra tanto verla con vida!

—Y yo de verte regresar —respondió ella con una ternura que pocos conocían.

Luego alzó la mirada hacia las dos acompañantes. Aoi y Kyouka descendieron despacio, y al levantar la vista se quedaron por un instante sin palabras:

La Reina Zerineth superaba los dos metros y medio de altura, imponente pero dotada de una elegancia que parecía fluir con el viento. Sus escamas eran de un tono oscuro, con reflejos azulados profundos como el mar de noche; dos grandes cuernos curvados y adornados con filigranas doradas formaban una corona natural sobre su cabeza. Su cabellera plateada caía larga y suelta, brillando como la luz de la luna, y sus ojos turquesa irradiaban una sabiduría y una fuerza que helaban el aire pero también inspiraban confianza. Vestía un traje ceremonial de tonos blanco y azul marino, recubierto de ornamentos dorados que seguían la forma de sus escamas, con una capa amplia y pesada que ondeaba como alas al moverse. En su mano sostenía “Garra del Cielo”, una lanza de casi tres metros de largo, con una punta afilada y detalles dorados que parecían atrapar la luz. Su larga cola, recorrida por escamas oscuras y brillantes, descansaba con calma a su espalda.

Kyouka tragó saliva en voz baja:

—Con razón… es la Reina.

Aoi asintió lentamente. Ni una sola palabra había salido de sus labios aún, pero su sola presencia llenaba todo el claro de una autoridad antigua, serena y firme. Zerineth las observó en silencio, con esa mirada capaz de ver más allá de las apariencias: aquellas dos jóvenes, junto a su hija y a bestias que nadie jamás habría imaginado aliadas, habían conseguido detener a una criatura que ni siquiera pertenecía a este mundo.

El viento comenzó a soplar con más fuerza, y las primeras gotas de lluvia empezaron a caer sobre el claro. Pero por primera vez en mucho tiempo, el miedo ya no reinaba allí.

La tensión que había pesado sobre la colonia durante días empezó a disiparse poco a poco. Los guerreros mantenían la guardia, los heridos eran atendidos con esmero y, por primera vez en mucho tiempo, las familias podían sentarse sin que el eco de un rugido aterrorizante les helara la sangre.

Sin embargo, no todos estaban tranquilos. Varias miradas se clavaban en el enorme Gusano de Pantano, cuyo cuerpo colosal permanecía parcialmente enrollado alrededor del claro. A pesar de estar inmóvil, su sola presencia bastaba para mantener nerviosos a más de uno:

—¿De verdad es seguro?

—Sigue siendo un Gusano de Pantano… podría tragarnos de un bocado.

Pero los niños no conocían el miedo que los adultos habían aprendido. El más pequeño de todos se acercó despacio, extendió una mano y tocó con cautela su piel rugosa. El monstruo apenas entreabrió un ojo, lo observó unos segundos y volvió a cerrarlo.

—¡Es blandito! —exclamó el pequeño con una sonrisa.

Fue la señal que todos esperaban. Uno tras otro, los niños se acercaron, treparon sobre su espalda ancha como una colina y empezaron a correr y resbalar entre sus anillos, llenando el aire de risas. El Gusano soltó un murmullo grave y resignado: Grrrmmm…

Aoi soltó una pequeña risa y acarició suavemente su costado:

—Déjalos. Ya se cansarán solos.

La criatura la miró de reojo y soltó otro suspiro profundo, aceptando su suerte con paciencia infinita. Los soldados no daban crédito: jamás habían visto a semejante bestia comportarse con tanta docilidad. Incluso la Reina Zerineth esbozó una leve sonrisa, ante una imagen que jamás habría imaginado presenciar.

Mientras tanto, Kyouka había desplegado el mapa sobre una roca plana. Todos se reunieron alrededor, y su expresión se volvió seria al instante:

—Tenemos un problema insalvable —señaló la figura de la Esfinge—. Su nivel está muy por encima del nuestro. Aunque ataquemos todos a la vez, en un combate directo no podemos vencerla. Tiene demasiada resistencia, demasiada fuerza… y nosotros no podemos permitirnos una batalla larga. Si esto se prolonga, las pérdidas serán devastadoras.

Mientras ella hablaba, Aoi caminaba entre los heridos repartiendo pociones de curación. Los dracónidos las recibían con sorpresa, viendo cómo sus heridas se cerraban poco a poco. Al terminar, regresó al grupo y dijo con calma:

—Estoy completamente de acuerdo. Por eso no voy a luchar donde ella quiera.

Kyouka arqueó una ceja.

—La Esfinge no pertenece aquí —explicó Aoi señalando el bosque—. Está acostumbrada al décimo piso: desiertos, espacios abiertos, terrenos sin sorpresas. Aquí… ella es la extraña. Y además —una leve sonrisa apareció en sus labios— es demasiado orgullosa. Hoy la hicimos retroceder, le quitamos su presa. Eso hirió su orgullo mucho más que nuestros ataques.



#226 en Ciencia ficción
#1937 en Otros
#127 en Aventura

En el texto hay: aventura, aventura ciencia y ficcion, rpg

Editado: 18.10.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.