El jefe final que no quiere ser derrotado

Capítulo 40: un cambio sin precedentes

El sol comenzaba a teñir de naranja y violeta las murallas de la ciudad del tercer piso, que se alzaban como una barrera de piedra frente al mar de árboles. Por sus puertas enormes desfilaban carretas, mercaderes y grupos de aventureros que regresaban de sus exploraciones, pero aquella tarde el bullicio tenía un tono distinto: no había quejas, ni relatos de perderse horas entre senderos que se movían solos, ni miedo a que el bosque cambiara de forma al dar la espalda.

—¿Lo oíste bien? —preguntó un cazador ajustándose el arco.

—Lo juro por mi espada —respondió su compañero con los ojos muy abiertos—. Entramos por el mismo camino de siempre, y al volver… ¡estaba exactamente igual! Ni un árbol movido, ni un sendero desaparecido.

—Imposible —murmuró otro—. Desde que existe este lugar, el bosque siempre ha sido un laberinto vivo. Nadie ha logrado que se calme.

—Pues se calmó —aseguró una mercader—. Mis carretas cruzaron sin dar ni una sola vuelta innecesaria. Dicen que incluso las bestias se muestran más tranquilas.

La noticia volaba de boca en boca, mezclada con incredulidad y esperanza. Nadie tenía una explicación; solo sabían que algo había cambiado para siempre en esas tierras. Y nadie imaginaba que todo empezó con una joven que decidió no dar la espalda a quien huía por su vida.

Cerca de la entrada principal, Hina daba pataditas al suelo con impaciencia mientras Kaede revisaba una y otra vez los mensajes que flotaban en el aire.

—¿Cuánto más? —suspiró la primera—. Si tarda más, se nos hará de noche.

—Dijo que ya pasaba el último tramo del bosque —respondió Kaede con una media sonrisa—. Y ya sabes que ella nunca miente.

—Lo que me preocupa es… seguro viene con alguna sorpresa nueva —dijo Hina, poniendo los ojos en blanco—. Primero el lobo gigante, luego el ave, después el dragón pequeño y esa cosa redonda… ¡y ahora quién sabe qué más!

—Ya nos hemos acostumbrado —rio su hermana—. Con Aoi, lo raro es lo normal.

De pronto, ambas escucharon de nuevo los comentarios que recorrían la multitud:

—Dicen que el bosque ya no engaña a nadie…

—¿Crees que sea un evento del juego? ¿O que alguien lo haya “arreglado”?

—Ojalá dure para siempre…

Hina entrecerró los ojos hacia el camino que salía del bosque:

—¡Mira! Ahí viene.

Kaede alzó la mano para saludar, pero se quedó congelada en el gesto. Hina también se quedó sin aire.

Allí venía Aoi, con su cabello plateado brillando bajo el sol poniente, flanqueada por Fern, Lyn, Regulus y Puddle, tal como siempre. Pero a su lado, caminando con una elegancia y una fuerza que hacían girar todas las miradas, iba ella.

Era más alta que Aoi, con una figura esbelta pero musculosa, recubierta en parte por escamas de tono verde oscuro y bronceado que brillaban suavemente. Su cabello negro caía en ondas sobre sus hombros, y de su frente nacían dos cuernos oscuros, curvos y adornados con delicados detalles dorados. Una larga cola escamosa se movía con calma tras ella, y en sus orejas afiladas lucían los pendientes tradicionales de su linaje. Vestía su traje de combate original: una armadura ligera de placas oscuras y doradas, desgastada en los bordes por las batallas y los viajes, pero que aún conservaba la dignidad de quien la ha llevado con honor. En su mano sostenía con firmeza la lanza Veyrehra, cuya punta de joya roja destellaba con cada paso.

—¿Una dracónida? —susurró alguien en la multitud.

—¿Aquí? ¡Se decía que jamás abandonaban sus dominios!

—¡Mira cómo camina junto a la domadora…!

—¿Será… será su compañera?

La gente se apartaba instintivamente, respetando su porte, sin atreverse a cruzar su camino. Zeriska observaba todo con curiosidad contenida: las altas murallas, la variedad de razas, el ruido de la actividad… todo era nuevo para ella, pero no perdía ni un ápice de su compostura.

Hina seguía mirando de una a otra, sin dar crédito: primero Aoi, luego la imponente guerrera, y de vuelta a Aoi. Hasta que finalmente estalló:

—¡¡¡Aoi!!!

Aoi alzó la cabeza con total calma:

—¿Sí?

—¡¡¿QUIÉN ES ESTA MARAVILLA QUE TE ACOMPAÑA?!! —señaló a Zeriska con los ojos muy abiertos.

Aoi parpadeó, como si la pregunta fuera de lo más sencilla:

—Ah… ella es Zeriska.

La dracónida dio un paso adelante, inclinando la cabeza con una reverencia llena de respeto y dignidad:

—Es un honor conocer a las personas queridas de mi Ama.

Hina se quedó muda. Kaede también se quedó con la boca entreabierta.

—¿“Ama”? —repitió Hina al recuperar el aliento, mirando a Aoi—. ¿Ama?

Aoi suspiró suavemente y miró a la guerrera:

—Zeriska, por favor… no me llames así. Solo soy Aoi.

Pero Zeriska negó con firmeza, con esa determinación que la caracterizaba:

—No puedo hacerlo. Usted me salvó a mí, a mi reina y a todo mi pueblo. Ahora soy suya, y así le llamaré mientras viva.

Aoi se llevó una mano a la frente, resignada, mientras Hina y Kaede se miraban la una a la otra pensando al mismo tiempo: “Salió a ayudar a unos desconocidos… y volvió con una dracónida que le dice ‘Ama’”.

Y como siempre ocurría con Aoi, ya no sabían si sorprenderse o aceptar que, con ella, lo imposible se volvía algo cotidiano.

El aroma del pan recién horneado, las carnes asadas y las especias suaves llenaba cada rincón de la pequeña posada, creando una atmósfera cálida y acogedora tras tantos días de tensión y peligro. Junto al ventanal, Aoi, Hina y Kaede compartían una mesa bien servida, disfrutando de ese primer momento de calma.

Un poco más allá, Fern devoraba con calma un trozo de carne tan grande como él mismo, que el cocinero había preparado al verlo llegar. Cerca de él, Lyn picoteaba con elegancia pequeños trozos de pescado fresco, mientras Puddle se sumergía suavemente en un cuenco lleno de frutas y verduras, absorbiendo su dulzor poco a poco.

Y al lado de Zeriska, descansaba Regulus. El joven wyvern ya había crecido hasta alcanzar el tamaño de un perro grande, y ahora se hallaba completamente acurrucado contra sus piernas, soltando de vez en cuando un suave resoplido de satisfacción cada vez que ella pasaba la mano por sus escamas.



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Editado: 18.10.2026

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