CAPÍTULO OCHO
ENTRE LIBROS
Ojeo cada lomo con los dedos mientras camino hasta él.
Es hermoso, precioso. Maravilloso.
Su porte alto y con esos músculos que ha estado haciendo ejercicios durante toda la tarde hace que me sonroje un poco de tan solo imaginarlo: arriba, abajo, izquierda, derecha…
—Permiso —dice una chica de lentes mirándome fijamente, me separo de los libros y dejo que se lleve un libro clásico que claramente no me interesa —Ese chico es imposible, busca otro.
Abro los ojos por sus palabras, quiero responderle, pero esta persona se ha ido sin más. Volteo hacia aquel hombre con la camisa apretada y tan deliciosa que he visto en mi vida… y entonces recuerdo lo que me encontraba haciendo antes y centro mi fijación en el otro hombre de camisa celeste que agarra un par de libros de terror.
Ese hombre tiene mi fijación completa desde que lo volví a ver.
Kevin se encontraba ojeando algunos libros, buscando cual le interesaba más, pero a mi no me interesaba lo que hacía. Quería saber lo que hacía, lo que haría, pero este no me llevaba hasta el momento a nada.
Observo la hora y son las cinco de la tarde, necesito volver a trabajar en un par de minutos en la tienda, pero necesito saber si…
—¡Señorita Grey, vuelva a su trabajo! —suenan por los altavoces y exclamo un gruño antes de esconderme de Kevin, que se volteó en mi dirección.
Mierda, mierda, mierda.
Sólo era observarlo, no llamar su atención.
Gracias querida jefa.
En cuclillas doy unos pasos hacia otra estantería, tratando de no hacer el mínimo ruido, pero cuando estoy por llegar a mi destino, encuentro las piernas de Kevin delante de mí.
—¿Trabajas aquí? —dice —Con razón.
—Hola, tú —respondo ignorando su comentario y me levanto limpiándome la ropa —¿Desea algo?
—¿Por qué me estabas observando? Según yo, te dije lo que querías saber ese día.
Ah, ese día.
—Pasaron muchas cosas en esos días. La primera, que no te creí.
Kevin frunce el ceño ante mi comentario.
Ese día lo que me dijo fue como había llegado al juego y según él, fue por casualidad. Así que me tome de investigación averiguar lo que pasó y terminó siendo un jugador cotidiano, los que siempre juegan.
Me acerco a él y pongo mi dedo índice en su pecho mientras lo observo.
—Sé tú secreto, Kevin —lo veo tensarse y entonces me alejo al ver lo que he cometido —Espero que no te vuelva a ver por esos lugares.
Me doy la vuelta y entonces lo escucho mientras me toma del brazo.
—Es una adicción entrar y saber lo que pasan los demás, ¿acaso no sientes curiosidad como esas vidas terminan sin previo aviso?
Me zafo de su agarre y vuelvo a las estanterías, saco el primer libro y me volteo al verlo todavía a mi costado.
—¿Deseaba este libro? —digo justo en el preciso momento en que mi jefa me observa aún más cerca de donde estoy. Digamos que estoy salvada por un rato más —Largo.
Este asiente y agarra el libro antes de desaparecer de mi vida. Y es que, han pasado un par de meses desde aquel momento en que me enviaron el CD, un simple momento en que mi mente había olvidado lo que era tener un padre psicópata y también… despertando ese lado salvaje de mí.
Cuando ese miedo se vio reflejado, fue cuando mi otra yo tomo este cuerpo y es el que a veces se suele aparecer en mi vida, controlando lo que debo de hacer y como en estos momentos, pensaba tirarme a cualquier hombre para simplemente olvidar lo que se sintió tener de cerca a Ethan.
Ay, Ethan, pensar en él me hace pensar en lo mucho que quiero matarlo, en hacerle sentir cada una de sus pesadillas (si es que tiene) y cortar cada piel como si fuera cascara de alguna fruta. Pero aún no tengo rastro de él y obviamente necesito ese video de nuevo.
*****
Es de noche y la discoteca más cercana me anuncia que la hora de la diversión acaba de comenzar, por lo que hago una fila en espera que ingrese y cuando es mi turno, aquel hombre robusto me niega el paso.
¿Tiene que ser una broma?
—¿Se puede saber porque no puedo entrar? —respondo con la voz en alto. Ah cierto, soy Mia. La otra parte de Lexie.
—No es una persona no autorizada a entrar, lo lamento.
Bufo molesta mientras me alejo del lugar y me encamino a pie en las calles con menos luces de la ciudad. Aquel día ha sido una completa mierda y aún así arruinaron que sea algo divertido estar en esa disco, disfrutando de algún chico que quiera tener una pizca de pasión.
Saco el celular como mi único medio de luz y reviso los mensajes de alguien que me pueda estar invitando a una sección de sexo, pero no hay nadie. Bravo. Nadie le interesa estar conmigo.
Cuando el celular se apaga, es cuando siento una presencia en mi entorno, me volteo para ver si desde la luz por donde ingrese me guía una silueta… pero no, no hay nadie. Vuelvo mi mirada al frente y camino un paso más cuando el ruido de una lata vacía rueda por mi costado.
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Editado: 07.10.2026