El sol estaba en su punto más alto cuando Kael, aún desconfiado, vagaba por los alrededores de la aldea. Aunque había recibido comida y refugio temporal de los aldeanos, su mente no dejaba de girar en torno a su situación. "Esto no puede ser solo un accidente," pensaba. "Ese portal… esa gema… todo esto debe tener un propósito."
Mientras avanzaba por un camino de tierra que conducía a un pequeño bosque cercano, un sonido peculiar interrumpió sus pensamientos. Era una voz humana, pero… diferente. Sonaba como si alguien estuviera manteniendo una conversación con alguien más, pero sin que hubiera nadie presente.
—¡Abracadabra, Kazam! ¡Conviértete en… oh, no! ¡Otra vez no!
Kael entrecerró los ojos y, guiado por la curiosidad, se adentró entre los árboles hacia el origen del sonido.
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Al llegar a un claro, encontró a un joven que gesticulaba exageradamente con una varita torcida en la mano. Su cabello era un desastre de rizos rubios, y llevaba una túnica que parecía haber sido hecha de retazos de tela de colores. Frente a él había una calabaza que, para horror de Kael, tenía patas de gallo y corría frenéticamente en círculos.
—¡Detente! ¡Eres una calabaza, no un pollo! —gritó el chico, persiguiéndola torpemente. Al darse cuenta de que no lograba atraparla, se dejó caer al suelo con un suspiro dramático.
—¿Por qué nunca funciona? —murmuró, tirando la varita a un lado.
Kael observaba la escena desde las sombras, confundido y ligeramente divertido. Finalmente, dio un paso al frente.
—¿Es esta tu idea de magia?
El joven dio un salto al escucharlo, girándose rápidamente para mirar a Kael. Sus ojos azules brillaron con sorpresa y emoción al ver a la criatura frente a él.
—¡Oh, cielos! ¡Un familiar! —exclamó, acercándose rápidamente a Kael.
Kael retrocedió un paso, alzando una ceja.
—¿Un qué?
—Un familiar mágico, claro. Un espíritu animal que ayuda a los magos. ¡Nunca había visto uno tan… esponjoso! —El joven se inclinó para intentar tocarlo, pero Kael lo miró con una mezcla de indignación y advertencia.
—Si intentas tocarme, te aseguro que no vivirás para contarlo.
El chico se detuvo, parpadeando un par de veces antes de soltar una carcajada.
—¡Hablas! ¡Esto es genial! Eres el familiar más increíble que he visto. Bueno, el único, pero igual.
Kael bufó.
—No soy un "familiar", niño. ¿Qué clase de mago eres para no saber la diferencia?
El joven se cruzó de brazos, visiblemente ofendido.
—Primero, no soy un niño, soy Lio, el gran y poderoso hechicero en entrenamiento. —Hizo un gesto grandilocuente, que solo sirvió para que una de las mangas de su túnica se cayera, revelando un brazo lleno de tinta de un intento fallido de hechizo.
—Y segundo, estoy trabajando en mi magia. ¡Es un proceso creativo!
Kael lo observó detenidamente. Había algo en Lio, una mezcla de entusiasmo desbordante y torpeza entrañable, que le recordaba a alguien que prefería no mencionar.
—"Gran y poderoso", ¿eh? —dijo Kael con sarcasmo. Señaló la calabaza que seguía corriendo como loca.
—Supongo que "conviértelo en pollo" era parte del plan, ¿no?
Lio lo miró con el ceño fruncido, pero luego suspiró y recogió su varita.
—Estaba intentando darle piernas humanas, pero algo salió mal. ¡No es mi culpa que los hechizos tengan tantos detalles técnicos!
Kael negó con la cabeza, incapaz de ocultar una sonrisa.
—¿Y por qué intentas darle piernas humanas a una calabaza en primer lugar?
—¡Es para el festival de la aldea! Querían un "espectáculo mágico", y pensé que un guardián calabaza con piernas sería genial. —Lio sonrió, como si su idea fuera la más brillante del mundo.
Kael lo miró, incrédulo.
—¿Y nadie te dijo que tal vez eso era… una mala idea?
Lio se encogió de hombros.
—Bueno, los aldeanos son muy… tradicionales. Pensé que sería una buena forma de animarlos un poco.
Kael suspiró, pero había algo en la sinceridad de Lio que le resultaba difícil de ignorar. Además, este mago en apuros podría ser útil.
—De acuerdo, Lio. Digamos que eres un "gran y poderoso hechicero". ¿Qué más puedes hacer además de crear monstruos vegetales?
Lio alzó una ceja.
—¿Es eso un desafío?
—Es una evaluación.
Lio sonrió con picardía y levantó su varita.
—¡Entonces prepárate para sorprenderte, señor espíritu del bosque!
Mientras Lio comenzaba a recitar un nuevo hechizo con entusiasmo desmedido, Kael cruzó sus patas, preparado para lo peor. "Esto será interesante," pensó con una mezcla de curiosidad y resignación.
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Editado: 29.01.2025