Neji llegó a la residencia Hyuuga sin recordar el camino. No supo en qué momento había abandonado la montaña, ni cuánto había tardado en atravesar las calles de Konoha, ni siquiera cuántas personas lo habían saludado sin recibir respuesta. Solo recordaba una cosa. Los ojos de Mía. El modo en que lo había mirado después de aquella frase.
Jamás me rebajaría para entregarle mi apellido a una huérfana.
Cada vez que la recordaba, sentía una presión brutal en el pecho. Quería castigarla. Quería que sintiera dolor. Y lo había conseguido. Demasiado bien. La pequeña caja con el anillo seguía en el bolsillo interior de su chaqueta. Neji podía sentirla contra el pecho a cada paso. Parecía pesar toneladas. Al entrar en la residencia, uno de los sirvientes intentó detenerlo.
-Neji-sama, su padre está....
-¿Dónde está Hanabi?
El hombre vaciló. Algo en el tono del muchacho hizo que decidiera no preguntar.
-En el jardín interior, creo.
Neji continuó caminando. No corrió.
Eso habría sido menos aterrador. Avanzó despacio. Demasiado despacio. Su rostro no mostraba rabia. No todavía. Parecía completamente vacío. Encontró a Hanabi sentada bajo uno de los árboles del jardín, con un libro abierto sobre las piernas y una taza de té junto a ella. La muchacha levantó la vista cuando lo vio. Y sonrió.
-Hermano.
Neji se detuvo a varios metros. Hanabi cerró el libro.
-¿Ya volviste?
Él no respondió. La sonrisa de Hanabi se debilitó apenas.
-¿Neji?
-Repítemelo.
Ella frunció el ceño.
-¿Qué cosa?
-Lo que Mía te dijo.
Hubo una pausa. Muy breve. Pero Neji la vio. Hanabi desvió la mirada un instante.
-Ya te lo conté.
-Cuéntamelo otra vez.
-¿Para qué?
-Porque quiero escucharlo.
La voz seguía siendo fría. Hanabi se puso de pie.
-Ella dijo que yo era una niña insoportable y que, cuando ustedes estuvieran juntos, tú ya no me necesitarías. También dijo que....
-¿Dónde? - Hanabi calló -¿Dónde ocurrió?
-¿Qué importa?
-Importa.
- En la academia.
-¿En qué parte?
-Cerca de las escaleras.
-¿Qué día?
Hanabi volvió a callar. Neji no apartó la mirada.
-¿Qué día, Hanabi?
- El martes.
- El martes Mía no fue a clases.
La muchacha palideció. Silencio. Neji sintió cómo algo dentro de él se quebraba. No fue una explosión. Fue peor. Una certeza lenta. Helada.
Hanabi intentó reaccionar.
-Entonces fue el lunes. Me confundí.
-El lunes estuve con ella durante todo el recreo.
- Después del recreo.
- También.
- Bueno, entonces....
- Basta.
La palabra fue casi un susurro. Hanabi quedó inmóvil. Neji dio un paso hacia ella.
- Mírame.
La muchacha obedeció. Sus ojos se encontraron.
-¿Mía te dijo alguna vez que quería separarme de ti?
Hanabi tragó saliva.
- Sí.
- No te pregunté qué me dijiste ayer. Te pregunté si ocurrió -Silencio - Hanabi.
-Sí.
Neji la observó.
-Estás mintiendo.
Ella bajó los ojos. Eso bastó. Neji sintió un vacío absoluto. Una parte de él todavía había esperado equivocarse. Había deseado que Mía fuese culpable. No porque quisiera verla culpable. Sino porque la alternativa era insoportable. La alternativa significaba que él había destrozado a la muchacha que amaba por nada. Y precisamente en el día que había llevado planeando lo durante tres días antes, el día que debió ser especial para ambos.
-¿Por qué?
Hanabi levantó la mirada.
-Hermano....
-¿Por qué?
La voz de Neji se volvió más baja.
-Porque estabas cambiando.
-¿Qué?
Hanabi apretó los puños.
-Desde que estás con ella ya no eres igual - Neji la miró sin comprender -Pasas tiempo con Mía. La esperas después de clases. Hablas de ella. La acompañas. Le compras cosas. Siempre estás pendiente de ella.
- Eso no tiene absolutamente nada que ver contigo.
-¡Claro que tiene que ver conmigo! - La voz de Hanabi se quebró -¡Yo soy tu hermana!
-Nunca dejaste de serlo.
-Pero ella iba a quitármelo todo.
Neji frunció el ceño.
-¿Quitarte qué?
Hanabi lo miró con lágrimas contenidas.
- A ti.
El silencio se extendió entre ambos.
Por primera vez, Neji comprendió. No había existido ninguna provocación. Ninguna discusión.
Ninguna amenaza. Solo celos. Celos infantiles convertidos en algo cruel.
-Pensé que si ustedes se hacían novios -continuó Hanabi- ya no ibas a necesitarme.
Neji dio un paso atrás. La expresión de su rostro cambió. Hanabi esperaba enojo. No encontró ninguno. Eso la asustó más. Neji la miraba como si fuera una desconocida.
-Así que mentiste.
-Yo.....
-Inventaste que Mía te había humillado.
Hanabi comenzó a llorar.
-No quería que la lastimaras tanto.
Neji se quedó completamente inmóvil.
-¿Qué dijiste?
Hanabi comprendió demasiado tarde.
-Yo solo quería que discutieran. Que te enfadaras un poco con ella.
Neji sintió frío.
-Sabías que iba a hacer algo.
-No del todo.
-Pero sabías.
Hanabi no respondió. Neji cerró los ojos. Y volvió a ver a Mía sobre el rostro de su padre. La ilusión desapareciendo de sus ojos. La pulsera. Sus lágrimas.
Pero tú estás vivo. Y acabas de elegir lastimarme.
Abrió los ojos. Ya no quedaba nada cálido en ellos.
-Hoy la llevé al monumento del Cuarto Hokage - Hanabi parpadeó. Neji continuó -Precisamente sobre la cabeza de su padre.
Hanabi sabía lo suficiente de Mía para entender el significado.
-Neji...
- Ella odia ese lugar.
La voz se le quebró por primera vez.
Pero enseguida recuperó el control.
- Me contó durante meses por qué - Hanabi palideció - La hice quedarse allí.
-Yo no sabía que....
-Le dije que el ramen era un asco.- Hanabi guardó silencio -Sabes que es su comida favorita - Neji sonrió sin humor - Claro que lo sabes.