El Legado De Las Almas

El anillo rosa

Sakura llevaba cuatro días sospechando que Naruto tramaba algo. No sabía qué. Y eso la estaba volviendo loca.

Naruto nunca había sido especialmente bueno escondiendo secretos. Cuando intentaba hacerlo, se volvía demasiado amable, sonreía sin motivo, miraba el teléfono más de lo normal y cambiaba de tema con una rapidez tan evidente que terminaba delatándose solo.

Aquella semana había hecho las cuatro cosas. Por eso, cuando esa tarde se acercó a ella al terminar las clases y le dijo:

-Ven conmigo.

Sakura entrecerró los ojos.

-Eso suena sospechoso.

Naruto sonrió.

-Confía en mí.

-Esa frase suena todavía más sospechosa.

-Sakura.

-Está bien, está bien - Guardó sus libros dentro de la mochila y se la colgó al hombro -Pero si me llevas a entrenar sin avisarme, voy a golpearte.

-Qué romántica eres.

-¿Romántica? - Naruto se quedó quieto. Sakura levantó una ceja -¿Por qué dijiste romántica?

-Por nada.

-Naruto.

-Vamos.

Él comenzó a caminar demasiado rápido. Sakura sonrió para sí.
Definitivamente estaba tramando algo. Y una parte de ella esperaba saber exactamente qué. Porque llevaba días imaginándolo. No quería ilusionarse demasiado. Pero era difícil. Naruto había estado especialmente atento con ella.

Habían almorzado juntos varias veces. La había acompañado a casa.
Le había preguntado de manera aparentemente casual qué joyas le gustaban. Incluso una tarde se había quedado mirando demasiado tiempo uno de sus anillos. Sakura lo había notado. No había dicho nada.
Pero desde entonces cierta idea se había instalado en su cabeza. Una idea peligrosa. Hermosa. Y cada día había crecido un poco más.



Naruto la llevó hacia una zona alta de Konoha, lejos del ruido del centro. No era la montaña de los Hokage. Tampoco ninguno de los jardines aristocráticos donde solían reunirse algunas familias. Era un lugar mucho más sencillo. Un pequeño mirador natural situado detrás de un bosque de cerezos. Desde allí podía verse casi toda Konoha.

Las casas. Las torres. Las calles iluminándose lentamente mientras caía la tarde. Sakura se detuvo.

-Naruto...

Él continuó caminando unos pasos y después se volvió.

-¿Te gusta?

Sakura miró alrededor. Los cerezos estaban florecidos. Algunas hojas rosadas caían lentamente sobre el sendero. Había pequeñas luces colocadas entre las ramas. No demasiadas. Solo las suficientes para convertir aquel rincón en algo íntimo. Hermoso. Sakura abrió ligeramente la boca.

-¿Hiciste esto?

Naruto se rascó la nuca.

-Con un poco de ayuda.

-¿De quién?

-Eso es información clasificada.

Sakura soltó una risa.

-Ino.

Naruto hizo una mueca.

-Bueno, quizá.

-Lo sabía.

-También Sasuke ayudó.

Sakura lo miró sorprendida.

-¿Sasuke?

-No pongas esa cara. Solo sostuvo una escalera.

-Eso ya es muchísimo.

Naruto rio. Sakura volvió a mirar el lugar. Había una pequeña manta extendida bajo uno de los árboles.
Sobre ella descansaba una cesta. Dos vasos. Y una caja con comida.
Sakura se llevó una mano al pecho.

-Naruto...

Él comenzó a ponerse nervioso. Mucho. Y aquello terminó de confirmar sus sospechas.

-¿Qué?

-Nada.

Sakura sonrió.

-Solo... es hermoso.

Naruto la miró. Por un segundo se olvidó de todo lo que había ensayado. De las palabras que había repetido frente al espejo. De los consejos de Ino. De la recomendación de Sasuke de no hacer un discurso ridículamente largo. Solo vio a Sakura. Su cabello rosado iluminado por el atardecer.
Sus ojos verdes. La sonrisa que siempre conseguía volverlo un poco más torpe de lo normal.

-Tú también -dijo.

Sakura parpadeó..Naruto se puso rojo.

-Quiero decir... estás hermosa.

Ella sonrió todavía más.

-Gracias.

Naruto respiró profundamente.

-Ven.

Se sentaron bajo el cerezo. Durante los primeros minutos comieron. O fingieron hacerlo. Sakura estaba demasiado nerviosa. Naruto todavía más. Ella lo observaba cada vez que él apartaba la mirada. Y Naruto revisaba discretamente que el pequeño objeto dentro de su bolsillo siguiera allí. Finalmente Sakura dejó los palillos.

-Naruto.

-¿Sí?

-¿Por qué estamos aquí?

Él tragó saliva.

-Porque quería traerte.

-Eso ya lo entendí.

-Bien.

-Naruto.

-¿Qué?

Sakura rio.

-Estás nervioso.

-No.

-Tienes la oreja roja - Naruto se tocó inmediatamente una oreja. Sakura comenzó a reír -¡Eso lo confirma!

-No tiene gracia.

-Muchísima.

Naruto suspiró.

-Bien.

Se levantó. Sakura dejó de reír poco a poco. Su corazón comenzó a latir más rápido. Naruto caminó dos pasos. Después regresó.

-Había preparado algo.

Sakura lo miró.

-¿Un discurso?

-Sí.

-¿Te lo olvidaste?

Naruto cerró los ojos.

-Completamente.

Sakura se rio suavemente.

-Entonces dime lo que quieras decirme.

Naruto la miró. Eso lo tranquilizó.
Un poco.

-Está bien.

Sakura se levantó también. Quedaron frente a frente. El viento movía ligeramente las ramas sobre ellos. Algunas flores rosadas cayeron alrededor. Naruto respiró profundamente.

-Cuando éramos más chicos pensé muchas veces en cómo sería esto - Sakura guardó silencio -Bueno, quizá no exactamente esto.

Sonrió.

-Probablemente imaginaba algo muchísimo más impresionante.

Sakura negó con una sonrisa.

-Para mí ya es impresionante.

Naruto la miró. Aquello le dio valor.

-Siempre me gustaste.

Sakura bajó ligeramente la mirada.

-Lo sé.

-Sí, bueno. Nunca fui precisamente discreto.

Ella soltó una pequeña risa. Naruto continuó:

-Pero antes era diferente - Su expresión se volvió más seria -Antes quería que me miraras porque necesitaba demostrarte algo - Sakura levantó los ojos -Quería demostrar que podía ser fuerte. Que podía impresionarte. Que merecía que me vieras. Ahora no.




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