Mía tomó una decisión muy madura. Muy sensata. Extraordinariamente equilibrada. Iba a descargar toda su crisis emocional sobre Ino y Sasuke. Naruto quedaba oficialmente descartado.
No porque no confiara en su hermano. Naruto era la persona en quien más confiaba en el mundo. Precisamente por eso decidió dejarlo fuera aquella tarde. Estaba feliz. Ridículamente feliz. Desde que Sakura había aceptado ser su novia, ambos parecían haber olvidado que existía una distancia socialmente razonable entre dos seres humanos.
Caminaban tomados de la mano.
Almorzaban juntos. Naruto aparecía con pequeños regalos absurdos. Una flor. Un chocolate. Una nota escondida entre los apuntes. Un postre que Sakura había mencionado una vez, hacía meses, y que Naruto inexplicablemente había recordado.
Mía había sorprendido a su hermano aquella mañana acomodándole cuidadosamente una silla a Sakura mientras decía:
- Para mi reina.
Sakura se había puesto del mismo color que su cabello. Mía había estado a punto de vomitar arcoíris.
Pero estaba feliz por ellos. Muchísimo. Porque jamás había visto a Sakura así. La muchacha miraba constantemente el anillo dorado con aquella piedra rosa que Naruto le había regalado. Lo contemplaba durante las clases, durante el almuerzo, mientras caminaba. Aquella mañana Mía había tenido que decirle:
-Sakura, si sigues mirándolo así vas a gastarlo.
-Cállate.
-Llevas veinte minutos.
-No es verdad.
Naruto había aparecido detrás de Sakura y le había dado un beso en la mejilla.
-Puede mirarlo cuanto quiera.
Mía había hecho una arcada teatral.
-Necesito nuevos amigos.
Sakura había reído. Naruto también.
Y Mía había sentido la felicidad de su hermano casi como propia. Eran gemelos. Había cosas que no necesitaban explicarse. Naruto estaba enamorado. Profundamente.
Y estaba viviendo uno de los momentos más hermosos de su adolescencia. Mía no iba a aparecer en medio de aquello con su catástrofe sentimental. Así que recurrió a sus otras víctimas.
- Necesito hablar con ustedes.
Ino levantó la mirada. Sasuke continuó leyendo.
-Eso suena peligroso -dijo Ino.
-Lo es.
Sasuke pasó una página.
-No.
Mía lo miró.
- ¿No qué?
- No quiero participar.
- No sabes de qué voy a hablar.
- Precisamente.
Mía le quitó el libro. Sasuke levantó lentamente los ojos.
- Devuélvemelo.
- Confitería. Ahora.
- Mía.
- Uchiha.
Ino comenzó a reír.
- Yo quiero escuchar.
- Nadie te preguntó -respondió Sasuke.
Ino se levantó.
- Entonces somos dos contra uno.
Sasuke miró a ambas. Suspiró.
- Detesto mi vida.
- Perfecto -dijo Mía- Entonces comprenderás mejor la conversación.
Diez minutos después estaban sentados en una mesa apartada de la confitería de la academia. Ino tenía un café. Sasuke un té. Mía iba por su tercer plato de ramen.
Sasuke observó cómo levantaba una cantidad considerable de fideos.
-¿Cuánto piensas comer?
- Hasta recuperar las ganas de vivir.
Ino miró los tres recipientes.
- Entonces la academia va a quebrar antes.
Mía sorbió los fideos.
- Necesito carbohidratos.
- Necesitas terapia - dijo Sasuke.
Mía lo señaló con los palillos.
-Y tú necesitas admitir que estás enamorado de Ino.
Sasuke se atragantó con el té. Ino quedó inmóvil.
-¿Qué tiene que ver eso?
-Nada - Mía siguió comiendo -Pero me hizo sentir mejor.
Sasuke dejó lentamente la taza.
-Voy a irme.
Ino le agarró la manga.
-Siéntate.
Sasuke miró la mano. Después a Ino.
-Suéltame.
-No.
-Ino.
-Sasuke.
Mía los observó.
-Son fascinantes.
Ambos se volvieron.
-¿Qué? -preguntó Ino.
- Ustedes.
Mía movió los palillos entre ambos.
-Llevan meses enamorados y se comportan como dos países que firmaron un tratado de no agresión.
Ino se puso roja.
-¡No estamos enamorados!
Sasuke bebió té.
-Correcto.
Mía miró a Sasuke.
- Ayer amenazaste con la mirada a un chico de segundo porque le pidió a Ino su número.
-Me molestaba.
-Estaba hablando con ella.
-Exactamente.
Ino sonrió. Sasuke la vio.
-No sonrías.
-No estoy sonriendo.
-Sí.
Mía señaló a Ino.
-Y tú casi arrancaste el brazo de una chica la semana pasada porque tocó el hombro de Sasuke.
-Tenía demasiada confianza.
-Le pidió un lápiz.
-Podía pedirlo sin tocarlo.
Mía dejó los palillos.
-Los adoro.
Sasuke recuperó su libro.
-¿Podemos volver a tu desastre sentimental?
La sonrisa de Mía desapareció.
-Sí.
Ino se inclinó hacia delante.
-¿Qué pasó ayer con Neji?
Mía inspiró. Y comenzó.
-¡Había una reserva!
Ino abrió mucho los ojos.
-¿Qué?
-¡Una reserva, Ino!
Mía golpeó suavemente la mesa.
-¡En el restaurante!
Sasuke cerró su libro. Ahora sí estaba escuchando.
-Mesa junto a la ventana -continuó Mía - Doce y media. Para dos personas.
Ino se llevó una mano al pecho.
-No.
-Sí.
-¿El restaurante nuevo?
-¡El restaurante nuevo!
-¿El carísimo?
-¡Ese!
Sasuke miró a ambas.
-¿Van a seguir repitiendo cada frase?
Las dos lo ignoraron. Mía continuó:
-Había revisado el menú.
-No.
- Con Naruto.
Ino abrió todavía más los ojos.
-¡Naruto estaba involucrado!
-¡Mi propio hermano conspiraba!
- Eso es adorable.
-¡No quiero que sea adorable!
Mía agarró los palillos nuevamente.
- Quiero estar furiosa.
- Puedes estar furiosa y reconocer que es adorable -dijo Ino.
- No.
Sasuke tomó su té.
-Sí puedes.
Mía lo miró con traición.
-¿Tú también?
-Continúa.
Mía pidió otro plato. La camarera miró los tres vacíos.