El Legado De Las Almas

No puedo volver

La noche había regresado. Y con ella, la montaña. Neji ya conocía el mecanismo. Durante el día podía engañarse. Podía comer porque Mía se lo había exigido, responder a Naruto, soportar alguna observación seca de Sasuke e incluso sonreír cuando Mía utilizaba aquella ironía que tanto había extrañado.

Durante el día podía parecer que estaba regresando. Pero por la noche todo desaparecía. Estaba sentado en el borde de la cama, vestido con aquel pijama blanco, el cabello negro cayéndole desordenadamente sobre los hombros.

La habitación permanecía en silencio. Había cenado. Todo. Ese era su único triunfo. Neji miró hacia el escritorio. No abrió el cajón. Sabía qué había dentro. Y entonces escuchó nuevamente su propia voz. No realmente. En su memoria.

-Es demasiado caro.

Neji cerró los ojos.

-No...

Pero el recuerdo continuó. Mía estaba nuevamente frente a él sobre aquella montaña. Hambrienta.
Confundida. Todavía intentando salvar una cita que no comprendía por qué se estaba convirtiendo en algo tan desagradable.

Podríamos ir al restaurante nuevo.

Y él había respondido:

Es demasiado caro.

Neji se inclinó hacia delante. Se cubrió el rostro.

-Dioses...

Aquella frase. Precisamente aquella.
Porque mientras la pronunciaba había una mesa esperándolos. A ellos. Una reserva para dos. A su nombre. Neji Hyuuga. Doce y media. Mesa junto a la ventana. Había llamado aquella misma mañana para confirmar que todo estuviera preparado. Había revisado el menú con Naruto. Había encargado un postre especial. Había elegido el anillo.

Había cambiado tres veces el mensaje que pensaba enviarle porque no quería sonar demasiado autoritario. Y después, cuando Mía le había pedido exactamente aquello que él llevaba tres días preparando...

Vamos a ese restaurante.

Él había dicho:

Es demasiado caro.

Neji sintió que algo volvía a romperse.

-¿Por qué?

No había nadie que pudiera responder.

-¿Por qué le dijiste eso?

Se levantó. Caminó por la habitación.

-¡Tenías una reserva! - La voz salió más fuerte -¡Era para ella! Todo era para ella - Se detuvo. El pecho le dolía -Querías hacerla sentir una reina.

Su voz se quebró.

-Tu reina.

Y había hecho exactamente lo contrario. Intentó respirar. Fue inútil. Porque llegó el segundo recuerdo. Siempre llegaba. Mucho peor.

Jamás me rebajaría a entregarle mi apellido a una huérfana.

Neji quedó inmóvil. Aquella frase todavía conseguía arrancarle cualquier pequeño progreso que hubiese logrado durante el día.
Porque sabía cuál era la verdad. Tres días antes de aquella cita había estado frente al espejo intentando encontrar la manera perfecta de decir:

Mía, ¿quieres ser mi novia?

Había pensado en su padre. En el clan. En cómo la presentaría. No inmediatamente como una futura esposa ante todo Konoha, porque sabía que Mía probablemente saldría corriendo si convertía una primera declaración en una ceremonia matrimonial.

Pero él sí lo sabía. Dentro de sí. La veía así. No como una aventura adolescente. No como una muchacha con quien salir algunos meses. Mía era la mujer que había elegido. Había imaginado llevarla de la mano frente a su padre.

Ella es Mía. Mi novia. Y algún día, la mujer con la que quiero casarme.

Neji cerró los ojos. Y después había utilizado su apellido para humillarla. Su apellido. El mismo que horas antes soñaba compartir con ella.

-No.

Retrocedió hasta que sus piernas chocaron contra la cama. Se sentó.

-No puedo.

El verdadero Neji había comenzado a regresar durante los últimos días.
El que sonreía. El que comía. El que se sonrojaba cuando Mía lo provocaba. El muchacho inseguro que había ensayado frente al espejo. El que quería a Naruto como un hermano.

El que adoraba a Mía mucho antes de atreverse siquiera a preguntarle si quería ser su novia. Pero aquella noche volvió a esconderse. Una capa de culpa. Otra de vergüenza.
Otra de dolor. Otra de recuerdos.
Hasta enterrarlo nuevamente. Neji miró hacia ninguna parte.

-Perdóname, Mía.

Nadie respondió.

-Perdóname - Su voz apenas existía -Por favor.

Miró sus propias manos. Las mismas manos que deberían haber sostenido una caja frente a ella.

-Yo quería darte todo - Una respiración rota -Y terminé utilizando todo contra ti.

El silencio fue insoportable. Neji negó lentamente.

-No puedo - Otra vez -No puedo volver.

Y durante aquella noche creyó que era verdad. A la mañana siguiente, Mía lo supo apenas lo vio entrar al aula. Se quedó inmóvil junto a su mesa.

No. No otra vez.

Neji caminaba erguido. Perfectamente vestido. Cabello negro acomodado. Mochila sobre un hombro. Desde fuera parecía normal. Pero Mía conocía sus ojos.
La pequeña chispa que había comenzado a aparecer durante los últimos días había desaparecido.
Otra vez aquella mirada. Ausente.
Lejana. Muerta.

-No... - murmuró.

Ino siguió su mirada.

-¿Qué?

Mía no respondió. Neji llegó a su lugar. Se sentó. Sacó sus libros.
Movimientos automáticos. Naruto entró unos segundos después con Sakura. Estaba riéndose por algo hasta que vio a Neji. La sonrisa desapareció.

-Maldición.

Sakura miró alternativamente a Naruto y Mía.

-¿Qué pasó?

-No sé -respondió Naruto.

Sasuke entró último. Necesitó aproximadamente tres segundos.
Dejó su mochila. Miró a Neji. Después a Mía.

-Retrocedió.

Mía tragó saliva.

-Sí.

Naruto frunció el ceño.

-Pero ayer estaba mejor.

-Ayer -repitió Sasuke.

Mía comprendió. La noche. Algo había ocurrido durante la noche. O quizá no había ocurrido nada. Quizá simplemente había recordado. La primera sorpresa llegó durante el almuerzo. Todos lo observaron discretamente. Neji volvió a sentarse solo. Pero esta vez tomó el tenedor. Y comió. Mía, desde otra mesa, dejó de hablar. Naruto también lo vio.




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