El Legado De Las Almas

El hermano que se negó a soltarlo

Naruto no le preguntó si quería hablar. Había aprendido que, con Neji, preguntar demasiado daba lugar a una cantidad alarmante de oportunidades para responder no.
Así que esperó hasta que terminaron las clases, lo interceptó cuando salía de la academia y anunció:

-Vienes conmigo.

Neji siguió caminando.

-No.

-No era una pregunta.

-Eso suele decir mi padre.

-Qué bien. Al fin coincidimos en algo.

Neji lo miró de reojo.

-Naruto.

-Neji.

-Quiero volver a casa.

-Precisamente por eso no vas a volver todavía.

Neji se detuvo. Naruto también.
Durante unos segundos se observaron. Meses atrás aquello habría terminado en una discusión. Semanas atrás Neji simplemente se habría marchado. Ahora solo suspiró.

-¿Adónde?

Naruto sonrió.

-Sígueme.

-Detesto cuando haces eso.

-Eso significa que estás mejorando.

-¿Qué?

-Antes ni siquiera te molestabas en decirme que me detestabas.

Neji lo miró. Naruto sonrió todavía más.

-Vamos.

Y, contra toda lógica, Neji fue. Naruto lo llevó hasta un pequeño mirador natural en las afueras de Konoha. No era la montaña. Jamás habría cometido semejante estupidez. Era una colina baja rodeada de árboles desde donde apenas podía distinguirse la ciudad entre las ramas. Había un banco de madera y una pequeña explanada cubierta de césped. Neji lo comprendió inmediatamente.

-Elegiste un lugar donde no pudiera ver el monumento.

Naruto se metió las manos en los bolsillos.

-Sí.

Neji lo miró.

-Gracias.

Naruto no hizo ningún comentario. Se sentaron. Durante un rato no hablaron. Naruto había llevado dos bebidas y un paquete de galletas.
Le entregó uno. Neji lo miró.

-¿Qué?

-Come.

-Almorcé.

-Come.

-Naruto.

-Mía me matará si descubre que pasaste cuatro horas sin comer y no hice nada.

Neji abrió el paquete.

-Cobarde.

-Muchísimo.

Neji comió una galleta. Naruto esperó. Después otra. Solo entonces habló.

-¿Qué te pasa por las noches?

Neji dejó de masticar. Naruto miraba hacia delante.

-Sasuke cree que son las noches. Mía también.

Neji bajó la mirada.

-¿Ella está preocupada?

Naruto giró lentamente.

-Por supuesto que está preocupada, idiota.

Neji cerró los ojos.

-Eso es exactamente lo que no quería.

-Pues mala suerte.

-Naruto...

-No puedes controlar lo que siente.

La frase golpeó exactamente donde debía. Neji permaneció callado. Naruto tomó una galleta.

-Cuéntame.

-No hay mucho que contar.

-Mentira.

Neji lo miró.

-¿Desde cuándo eres tan perceptivo?

-Desde que todos ustedes decidieron convertirse en desastres emocionales y obligarme a desarrollar habilidades nuevas.

Neji soltó una risa pequeña. Naruto sonrió.

-Ahí estás.

La sonrisa desapareció inmediatamente. Neji miró sus manos.

-Ese es precisamente el problema.

-¿Cuál?

-No sé cuál de los dos soy.

Naruto frunció el ceño.

-¿Dos?

Neji tardó unos segundos.

-Hay dos Neji en mi cabeza.

Naruto permaneció callado. Esta vez no hizo bromas. Y Neji comenzó a hablar.

-Está el Neji anterior a la montaña.

Su voz era tranquila.

-El que conocías.

-Arrogante.

-Gracias.

-Continúa.

-El que discutía con Mía por cualquier estupidez. El que entrenaba, estudiaba, cumplía con las obligaciones del clan aunque protestara...- Neji hizo una pausa -El que estaba enamorado.

Naruto bajó la mirada.

-Muchísimo.

-Sí.

Neji sonrió tristemente.

-Muchísimo. Ese Neji estuvo tres días preparando aquella cita.

Naruto asintió. Él lo sabía mejor que nadie.

- Me volviste loco -recordó.

Neji lo miró.

- Tú no ayudabas.

- ¡Me preguntaste doce veces si la mesa era buena!

- Fueron tres.

- Fueron muchas.

- Tres.

- Parecieron doce.

Una pequeña sonrisa apareció en ambos. Neji continuó:

-Quería que todo fuera perfecto.

-Lo sé.

-No, Naruto - Neji negó -Sabes los detalles. El restaurante, el menú, el postre. Pero no sabes lo que significaba para mí - Naruto dejó las galletas. Neji respiró profundamente -Yo ya los consideraba mi familia - Naruto quedó quieto - A Mía y a ti.

Los ojos celestes se clavaron en él.

-¿A mí?

-Sí.

-Neji...

-Déjame terminar - Naruto cerró la boca -Ese día no iba simplemente a pedirle a Mía que fuera mi novia. Para mí era el comienzo de hacerlo oficial.

Neji miró hacia los árboles.

-Ella era la mujer que había elegido.

Naruto sonrió ligeramente.

-Tiene dieciséis años.

-Yo también.

-Precisamente.

-Ya sé que éramos demasiado jóvenes.

-Son demasiado jóvenes -corrigió Naruto. Neji lo miró. Naruto levantó una ceja -No hables en pasado como si tuvieras ochenta años.

Neji bajó la mirada.

-Está bien.

-Continúa.

-No pensaba casarme con ella inmediatamente.

-Espero.

-Pero sí imaginaba hacerlo algún día - Naruto dejó de bromear -Después de que aceptara ser mi novia quería presentarla formalmente a mi padre.

-¿Y al clan?

-Después.

Neji sonrió apenas.

-Probablemente habría tenido que sujetarla para impedir que huyera cuando comprendiera lo serio que iba yo.

Naruto rio.

-Definitivamente.

-Y tú... - Neji tragó saliva -Tú ya eras mi hermano.

Naruto quedó inmóvil. Neji no lo miró.

-Nunca te lo dije.

-No.

-Debería haberlo hecho.

Naruto respiró profundamente.

-Puedes hacerlo ahora.

Neji levantó lentamente los ojos.
Naruto lo estaba mirando. Sin burla.
Sin lástima. Solo con aquella calidez imposible que parecía llevar consigo a todas partes.

-Eres mi hermano -dijo Neji.

Naruto sonrió.

-Ya lo sabía.

Neji frunció el ceño.




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